La larga historia de polémicas de la plaza de la Romanilla, que volverá a sufrir una reforma

A la izquierda, una imagen de la Romanilla en 1987. A la derecha, en la actualidad, 31 años después. /IDEAL / A. AGUILAR
A la izquierda, una imagen de la Romanilla en 1987. A la derecha, en la actualidad, 31 años después. / IDEAL / A. AGUILAR

A lo largo de las últimas décadas sufrió varios años de abandono pero en la actualidad la plaza de la Romanilla está de moda

AMANDA MARTÍNEZ | R. GAVIRAGranada

La plaza de la Romanilla tal y como la conocemos hoy cuenta con más de 30 años de historia. Situada en pleno centro de Granada se enfrenta a una nueva reforma para hacer «amable y accesible» la entrada de turistas al Centro Lorca, según ha anunciado el Ayuntamiento. Una nueva remodelación que suma a las tantas que ha sufrido a la largo de su historia sin librarse de la polémica.

Las fotografías del archivo de este periódico muestran imágenes del pasado de la plaza de la Romanilla. La animación de un antiguo mercado, un barullo de puestos, clientes y tenderos que se conocían por su nombre y donde la mercancía se vendía con el ingenio de frases socarronas. También muestran una Romanilla desaparecida, enterrada entre decenas de coches que aparcaban en su adoquinado sin control, y las de una agria polémica (otra más) por su reforma. Este es un pequeño paseo por la historia de la céntrica plaza que, el Centro Lorca, ha puesto de moda.

Pero los cambios en la plaza de la Romanilla no solo conciernen a la propia plaza. En 1939 el Ayuntamiento de Granada comenzó las obras de reforma de los mercados de la zona, de aspecto sucio y maloliente, impropios de una ciudad como Granada. Se arregló el de San Agustín y, poco después, comenzó la gran transformación de la Romanilla del pescado y de pescadería que se inauguró en junio de 1940. Les siguieron el de verduras y despojos, que tenían acceso por la calle de San Jerónimo, hubo obras en el Juzgado de Abastos y se instaló un matadero de aves y se pavimentó la calle Capuchinas.

La remodelación de la zona de los mercados se incluía en la reforma urbanística de uno de los puntos neurálgicos de la vida granadina y se completó con el cambio de adoquinado desde la Trinidad hasta el Pie de la Torre, para que la zona mostrase el decoro y la higiene que exigían los mercados «una de las mayores vergüenzas de la ciudad», denunciaba aquella crónica.

Ese argumento fue el que se empleó para su derribo en 1973, otro de los 'horrores urbanísticos' analizado por César Girón en las páginas de este periódico ('De la Tercena de las Capuchinas al Lorca'). Entonces se habló de que se construiría en la Romanilla un aparcamiento subterráneo y así evitar que los coches estacionaran en la plaza de las Pasiegas, lo que afeaba la zona y convertía en un laberinto el paso de los peatones.

El mercado salió fuera de la ciudad con la construcción de Mercagranada y con ello el centro perdió su actividad comercial. Solo quedó en la zona el de San Agustín que se trasladó durante unos años al solar de la Romanilla hasta que en 1998 se inauguró el edificio actual.

Una nueva plaza

Por la evolución en su historia, parece que sobre el espacio de la Romanilla pesa una ancestral maldición urbana. Utilizada como solar de aparcamiento, la plaza estaba abandonada a pesar de que era un espacio singular bajo la monumental presencia de las campanas de la Catedral y rodeada por edificios de finales del siglo XIX y principios del XX. Cualquier intervención en el espacio sería complicada de ejecutar.

Doce largos años de espera fueron necesarios para que se atendiera a este espacio. En 1987 concluyó una controvertida remodelación ejecutada por los arquitectos Francisco Alcón, Ricardo Bajo, Luis López Silgo y Santiago Oliveras. Se discutió su disposición como plaza adoquinada, se criticó el pequeño estanque y la balaustrada y plataforma de mármoles rojos y blancos y tampoco gustó el paseo de palmeras «que recoge y acompaña el tránsito de personas (…) y crean bóvedas laterales sobre nítidos troncos», según los autores, «árboles impropios de nuestros ambientes», según alguno de sus detractores (Domingo Sánchez Mesa 'La nueva Plaza de la Romanilla: un grave despropósito).

Más tarde incluso se presentó un proyecto en el que se construiría una palacete de cristal, que tendrían como soporte las columnas del antiguo mercado de San Agustín, un proyecto que no satisfizo, como tampoco gustó el monumento del aguador instalado en 1999 que originó un divertido debate sobre qué político guardaba más parecido con el jumento.

El vandalismo también se cebó con esta plaza y, tras varios años de abandono, la Romanilla ha mudado de piel. El Centro Lorca la ha dignificado y ahora el ayuntamiento invertirá en la zona para su remodelación.

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