Los pisos de estudiantes, pendientes para septiembre

Balcones con carteles para alquilar piso./RAMÓN L. PÉREZ
Balcones con carteles para alquilar piso. / RAMÓN L. PÉREZ

La supresión de la convocatoria extraordinaria en la UGRretrasa la reserva de las viviendas por parte de los universitarios; algunas inmobiliarias notan caídas de hasta el 40%

Rosa Soto
ROSA SOTOGRANADA

Buscar piso es la asignatura pendiente por excelencia que tienen para septiembre los estudiantes universitarios que en un mes comenzarán el nuevo curso académico. Desde que la Universidad de Granada (UGR) suprimió este año la convocatoria extraordinaria de los exámenes de recuperación tras las vacaciones de verano, los estudiantes no se dan tanta prisa a la hora de reservar vivienda. Esta es la conclusión que comparten TQ Inmobiliaria e Inmobiliaria CG Granada, que notan una caída en las reservas de alquiler de hasta el 40% «cuando otros años por estas fechas estaba todo alquilado».

El responsable de administración de Inmobiliaria CG Granada, Juan Rafael Cortés, matiza este porcentaje y lo ubica entre el 30 y el 40%, pero recalca que no deja de ser preocupante para el sector. «Este año el descenso se ha notado muchísimo», comenta y asegura que el año pasado, en este mes, no dejaban de recibir llamadas de estudiantes apurados buscando pisos para compartir. Sin embargo, la esperanza es lo último que se pierde y al final, «las prisas por alquilar llegan cuando el curso está a punto de empezar».

Por su parte, el gerente de TQ Inmobiliaria, Ginés Soriano, rebaja al 15% el descenso de alquileres de estudiantes para el próximo curso 2018-2019, aunque señala que todo depende de la cartera de clientes propietarios que tengan pisos más o menos próximos a las facultades y descarta que sea por parte de la intromisión de los pisos o apartamentos turísticos. «Son nichos de mercado distintos, en zonas y con características diferentes», señala y apunta que «este fenómeno puede darse en grandes ciudades como Madrid y Barcelona, pero de momento no ha llegado a ciudades medianas como Granada».

No obstante, Soriano sí que relaciona directamente el descenso en los alquileres a estas alturas del año con la supresión de la convocatoria de exámenes de septiembre, ya que hasta el año pasado había alumnos que alargaban el contrato hasta después de las recuperaciones e incluso ya renovaban por el siguiente curso a menos que hubieran acabado sus estudios.

Los precios

La cercanía al centro y al campus universitario son dos de los factores que hacen subir el precio del alquiler. Un piso céntrico, de tres habitaciones, cuesta entre 600 y 700 euros, dependiendo de si tiene aire acondicionado, calefacción o algún otro extra. Entre tres estudiantes, el precio aproximado es de 200 euros por persona, una cifra que desde las inmobiliarias señalan razonable y asequible para los padres de los estudiantes, que en su mayoría son quienes corren con los gastos de vivienda y manutención de los jóvenes en formación y sin poder adquisitivo o con dificultades de compaginar los estudios con un trabajo.

Más seguridad

Además, la firma de un contrato aporta seguridad a los padres y evita posibles situaciones de subarrendamiento cuando la vivienda es compartida con otros estudiantes, que se añaden a las cláusulas del documento a medida que entran a vivir en el domicilio.

El motivo principal por el que los estudiantes prefieren vivir en un piso compartido antes que en una residencia universitaria es la libertad horaria de entrada y salida del edificio sin tener que dar explicaciones, al menos así lo comenta Isaac Júlvez, que cursa tercero de Derecho. Paga 200 euros en un céntrico piso junto a dos amigos y está encantado con la casera. «Mi piso está muy bien comunicado con bus y metro y lo tengo todo cerca», asegura.

María Romero llegó a Granada hace dos años desde Cádiz para estudiar Restauración y Conservación. Desde entonces paga 120 euros por una habitación en un piso compartido. Esta joven asegura que le gusta compartir por la buena relación que tiene y porque es una forma de gastar poco dinero, aunque su vivienda esté algo más retirada del centro de la ciudad. Cecilia, en cambio, paga 650 euros por un piso ella sola porque prefiere ser independiente. Es de Jaén y lleva ya siete años en la ciudad. Actualmente estudia el máster de profesorado.

En negro

No obstante, los estudiantes se encuentran con situaciones no siempre muy amables a la hora de alquilar un piso, compartido o no. «Granada es pésima en pisos. Son muy viejos, están poco cuidados, los precios están elevadísimos para su calidad y hay poca o ninguna intención de los caseros de rehabilitar o reformar los pisos», comenta una melillense que estudia Derecho en Granada. Esta joven, que prefiere permanecer en el anonimato, asegura que «es una pena porque los caseros entienden que pueden ofrecer cualquier tipo de 'alojamiento' a un estudiante que, por necesidad, acabará por aceptar las condiciones que le propongan».

Otro problema al que se enfrentan los estudiantes es cuando los caseros hacen «contratos que son papel mojado, que luego no declaran a Hacienda y cobran la mensualidad en mano y en negro», comenta esta joven. Esta situación suele darse cuando tratan de alquilar directamente a un particular con el fin de evitar pagar la comisión que exigen las inmobiliarias, que normalmente equivale a un mes de alquiler y cuya cuantía va aparte de la fianza y la primera mensualidad. Además, otra situación «común» es cuando los caseros se «niegan a devolver la fianza tras abandonar el piso».

A todo ello se suma la interferencia de plataformas intermediarias. Alba Cañadas critica que «la situación de los alquileres es abusiva cuando no una estafa» y apunta que «hay personas que utilizan como excusa Airbnb, sin que ésta tenga realmente nada que ver, y ofrecen alquileres de larga duración para los que tú pagas antes de ver el piso». El problema de este hecho es que a veces «realmente no existe ese piso».

Algo similar ocurre con algunos portales para encontrar vivienda. «Las páginas para buscar piso no están actualizadas. No borran los anuncios de pisos ya alquilados, usan fotos de pisos ya ocupados y de cuando estaban nuevos, aunque los alquilen 10 años después», añade a su crítica Cañadas.

Las residencias universitarias, el lado más «familiar»

«Ambiente familiar y trato cercano». Así define Carmen Barranca, la administradora de la Residencia Universitaria Venecia, la relación que se establece entre el personal del centro y los estudiantes que optan por esta modalidad de alojamiento durante el curso académico.

Habitación individual, baño compartido, pensión completa, servicio de catering, lavandería y limpieza, el sueño de todo estudiante, es lo que ofrece esta residencia para hacer que la llegada a la nueva ciudad y el inicio de una nueva etapa sea más cómodo y deje más tranquilos a los padres. Barranca asegura que en este centro hay atención las 24 horas del día para que los residentes tengan cubiertas todas sus necesidades. La administradora reconoce que el precio es más elevado que el de un piso compartido, pero «vale la pena por tener todos los servicios completos y así tener tiempo para dedicarse a estudiar y pasarlo bien». Así, el precio de esta opción asciende a 650 euros mensuales. Las tarifas de las residencias universitarias son prácticamente las mismas. En la de El Pilar el precio oscila entre los 600 y los 695 euros, y a todos esos servicios añaden actividades culturales, como visitas a la Alhambra o a museos, y apoyo académico.

No obstante, no es una de las opciones más populares entre los estudiantes. Isaac Júlvez, que lleva tres años compartiendo piso, no se planteó está opción porque es más cara y hay horarios de entrada y salida, aunque reconoce que los servicios son muy completos. Por otro lado, Rocío Tejedor empieza este año primer curso de Bellas Artes y ha optado por una residencia. «El presupuesto es más alto al principio, pero en un piso pagas facturas y comida y al final sale igual. Además, son muy atentos», añade.

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