Piden ayuda para otra granadina que tuvo un hijo estando presa en Colombia

La mujer posa con su hijo. / FOTO CEDIDA POR LA FUNDACIÓN +34

La Fundación +34 tratará de buscar un domicilio más seguro para esta mujer, que cumple arresto domiciliario en Palmira con el pequeño, nacido hace nueve meses

Yenalia Huertas
YENALIA HUERTASGRANADA

A raíz de que IDEAL publicara el caso de una granadina que está presa cumpliendo condena por narcotráfico en una cárcel colombiana junto a su hijo de dos años, la Fundación +34 ha localizado a una segunda mujer de esta provincia que dio a luz estando recluida en la misma cárcel: la prisión de Jamundí, que se halla en Cali (Colombia).

Este periódico pudo hablar ayer por teléfono con esta chica, de 34 años y madre de otros siete hijos. Cuatro de ellos, de edades comprendidas entre los 22 meses y los 8 años, viven actualmente con su marido en un pueblo de Granada y los tres restantes, de 12, 13 y 14 años, permanecen bajo el cuidado de una abuela, también en esta provincia. «Yo ahora mismo estoy aquí en Colombia presa con el niño, que tiene nueve meses», explica con un deje medio andaluz medio colombiano.

La mujer hizo el mismo viaje que la otra granadina, movida por la necesidad y con el mismo fin: traer cocaína a España a cambio de dinero. «Tenía siete hijos en ese momento. Me había enfadado con el papá y se había ido, y yo me veía agobiada con tanto niño», confiesa. La otra llevaba consigo a su bebé de ocho meses -ahora tiene dos años- cuando fue sorprendida con un kilo de 'coca' encima. Ella, cuando subió al avión con destino a Colombia, llevaba algo más que su maleta. Estaba encinta y, aunque no lo sabía con certeza, lo sospechaba. «La verdad es que me hice la prueba en España y me salió dudoso, cien por cien no lo sabía», afirma. De hecho, antes de ser detenida en el aeropuerto colombiano, quisieron pasarla «por una máquina -un escáner-, porque creían que había tragado droga» y se negó ante el temor de que pudiera afectar al desarrollo del embrión. «La verdad es que me trataron muy mal y me tuvieron amarrada, no me pegaron pero me amarraron», añade con cierto rencor, tras recordar un aborto que sufrió con anterioridad «por una resonancia».

Arrepentida

Una vez confirmado el embarazo, dio a luz en el penal. Eso fue el 2 de diciembre del año pasado y la justicia colombiana le otorgó acabar de cumplir la condena bajo arresto domiciliario. Actualmente, está viviendo en una suerte de chabola, acogida por una familia, en la ciudad de Palmira, un lugar donde, como admite, a su pequeño no le espera ningún futuro. «Aquí no puedes salir a la calle, porque te roban», asegura, a la vez que garantiza estar arrepentida de haber delinquido. «¡Claro!», dice sin pensarlo.

Por eso, la campaña iniciada por la Fundación +34 para recabar ayuda para la otra granadina se extenderá ahora también a esta otra madre, con un objetivo final: traerlas a España con sus hijos a las dos. «Ese es el fin último», subraya Javier Casado, que es el director de la referida fundación.

De hecho, estaba previsto que esta granadina recibiera ayer mismo la visita de una voluntaria de la fundación, que iba a llevarle a la chabola «pañales, papilla, ropa de niño y otros artículos de higiene». Esa visita constituirá sólo el inicio de la asistencia que recibirá mientras se realizan las gestiones para que regrese a nuestro país cuando expíe su culpa. «Yo sé que he cometido un delito y tengo que pagarlo», confiesa la mujer, que no quiere que por su error su hijo esté condenado a quedarse allí de por vida y no tenga las posibilidades de otros niños nacidos aquí.

Lo primero, como recalca Casado, es conseguir cambiarlas a ella y a la otra granadina, junto a sus hijos, a un domicilio en un barrio con servicios, donde los pequeños no corran peligro ni estén desprotegidos mientras sus mamás acaban sus condenas. De este modo, mientras ellas cumplen arresto domiciliario, los críos pueden tener una vida relativamente normal en un lugar medianamente seguro.

Lo siguiente será «regularizar» la situación de este pequeño de nueve meses, pues aunque haya nacido en Colombia, para la fundación es «un niño español no identificado». Y es que según Casado, el menor carece de documentación alguna y, por ende, de pasaporte, por lo que tendrían que adoptarse «medidas excepcionales» de cara a traerlo con su progenitora a España. Su madre es consciente de las calamidades que están pasando sus otros siete vástagos aquí, en Granada, y tiene claro que no quiere que el niño venga solo ni separarse de él.

Antes de hacer aquel viaje que nunca debió hacer -fue pillada, según la fundación, con más de 200 gramos de cocaína en su equipaje y condenada al igual que la otra granadina a 36 meses de cárcel-, se dedicaba a vender fruta por calles y mercados. Y eso quiere cuando regrese a España: buscar un trabajo para alimentar a sus hijos, pero sin rebasar los márgenes de la legalidad.

La Fundación +34, que ayuda a presos y españoles en situación de desamparo en otros países, ya ha tocado a las puertas del Defensor del Pueblo Andaluz y a la de la Junta de Andalucía. Del Gobierno andaluz, que confirmó a este diario que está «estudiando» su propuesta para obtener una subvención de la Secretaría General de Acción Exterior, Casado aún no ha recibido respuesta. La subvención solicitada, según el director, asciende a unos 98.000 euros y con ella se podría ayudar a los más de 200 andaluces que hay presos en cárceles extranjeras. De esos andaluces desvalidos por el mundo, medio centenar está en situación de desamparo. Con ese dinero, además, se podría buscar un domicilio más seguro para el pequeño de esta granadina y el de su paisana y, en un futuro, sufragar los gastos del viaje de regreso de los cuatro a nuestro país.

Mientras tanto, el hijo de esta otra granadina presa en Colombia acabará de aprender a andar -ya prácticamente sabe- y seguirá sonriendo a todo el mundo a la espera de que la vida haga lo propio con él.

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