José Luis Cuerda vuelve a la pantalla tras siete años con 'La educación de las hadas'

El director adapta en esta ocasión la obra homónima de Didier Van Cauwelaer, una fábula protagonizada por Ricardo Darín e Irene Jacob

MERCEDES CERVIÑO. EFE | MADRID

José Luis Cuerda vuelve al cine después de siete años con "La educación de las hadas", donde regresa a su dominio, el mundo de los sentimientos, que adora porque ellos son, dice, "la causa de los mayores placeres y dolores". Además, añade, "me permiten explotar mi expresividad al cien por cien".

Tras el éxito que supuso "La lengua de las mariposas", Cuerda se centró en la producción de los filmes de su "pupilo" Amenábar, hasta terminar "Los otros". Hoy, durante la presentación de "La educación de las hadas", que se estrena el próximo día 23, el cineasta ha referido cómo se decidió a adaptar la novela homónima de Didier Van Cauwelaert cuando el productor, Gerardo Herrero, le convenció de que leyera la obra "desde la perspectiva de hacer una película". Le ofreció, también, las facilidades de producción que necesitaba, y así puedo elegir un reparto internacional, encabezado por Ricardo Darín y la actriz francesa Irene Jacob. Además de convencer a la cantante Bebe para su debut en el cine.

"Esta es una historia sobre el subterráneo de los sentimientos", apunta Cuerda, quien se topó con un grave problema estructural al adaptar una novela narrada a dos voces y con continuos saltos en el tiempo: "Elegí contarla como si se tratase de vasos comunicantes subterráneos -cuenta-, en lugar de como los compartimentos de la obra original". "La educación de las hadas" narra la historia de un creador de juguetes que se retira a vivir a la masía de sus antepasados con una ornitóloga y el hijo de ella, que encarna al que él siempre quiso tener. Forman una familia hasta que, de forma inexplicable, la mujer decide abandonarle, lo que le acerca a la cajera de un supermercado, una argelina que sueña con acabar su tesis en la Sorbona.

Si la novela está cargada de fábulas y elementos de magia y fantasía, Cuerda decidió, explica, "coger el toro por los cuernos y, tratando de no quemar el valor literario de la obra, dejándole los tintes esenciales, reducir esos elementos fantásticos a unos pocos detalles centrados en la relación entre el niño y el padre, quien se inventa que siempre existe un hada que va a solucionarnos la vida". El resto de la magia la dejó descansar "en el escenario". "Esa masía aislada en medio del bosque, esa pajarera de cristal... -cuenta-. Es el espectador quien debe potenciar su espíritu sensitivo para llegar donde debe llegar la película".

Reparto internacional

El reparto internacional no acobardó a Cuerda pues, dice: "Sabía que eran excelentes actores y personas. Conocía sus trayectorias y, en el caso de Bebe, siempre supe que escondía a una excelente actriz, y así lo ha demostrado". El cineasta vuelve al terreno de los sentimientos, haciéndolo, apunta, "con dignidad, sin cursilería". También al mundo de lo fantástico, "porque la vida es perra y todos necesitamos echar mano de algo que nos libere", dice. Y a sus adorados bosques, que son para él, "un microcosmos que dulcifica la imagen del mundo. Un dulzor que, hoy, resulta necesario".

Irene Jacob no conocía el idioma, pero sí al autor de la novela y cuando leyó el guión vio, comenta, que "José Luis sabía de qué hablaba". Trabajó junto a Cuerda y Darín cada secuencia, cada diálogo y juntos elaboraron el vocabulario más idóneo. Pero no se limitó a eso, y no se limitó a aprenderse los diálogos, sino a aprender más leyendo periódicos y poemas y viendo televisión. Entiende que en el fondo del filme está "la incomunicación entre ese hombre y esa mujer. Ella no le explica qué le pasa; y él no la quiere entender o hace que no la entiende. Es un retrato de cómo actúa esa pareja en un momento de crisis profunda". Para Jacob, lo más difícil fue hacer entender al espectador el comportamiento de su personaje: "Es una mujer que vive un drama, que está cargada de dudas, pero que, al tiempo que hace sufrir a su marido, ofrece calor y afecto".

Bebe sintió "mogollón de miedo" ante la oferta de entrar en el cine. A ella, que estudió un tiempo Arte Dramático, le gustó su personaje porque "invitaba a la reflexión". Ahora, reconoce que el mundo de la música y el cine son "muy similares": "Los dos -dice- requieren una puesta en escena, un trabajo de aprendizaje, bien de letras o de guión; y luego, una labor de elaboración hasta llegar a dominarlo".