La Peza vuelve a dar lo mejor en la recreación de 'El alcalde carbonero'

Maderas apiladas para la defensa el pueblo. /
Maderas apiladas para la defensa el pueblo.

La Peza vuelve a dar lo mejor de sí misma en la recreación popular de 'El alcalde carbonero'

ENCARNA XIMÉNEZ DE CISNEROS

Fue mi primera vez, y no será la última. La Peza se reviste de historia y de sentimiento para recordar la gesta de sus ancestros que tan magistralmente recogiera en forma de relato corto nuestro autor accitano, Pedro Antonio de Alarcón, al que representaba, un año más, Antonio Solís.

Y no me pidan muchos más nombres porque el protagonismo es de todo el pueblo, de los que residen allí de forma permanente o de quienes , como José Vélez-nada que ver con el cantante- lo disfruta en vacaciones. Él fue la primera cara conocida con la que me encontré, y juntos buscamos a la alcaldesa, Celia Santiago. Ambos estaban ya metidos en faena con los ropajes de la época. Como lo estaba, y gratísima sorpresa que me llevé, una buena amiga y mejor profesional -la de veces que he disfrutado con ella en las tablas del teatro Isabel la Católica-, que se llama Águeda Toral y que fue la encargada, un año más, de la coordinación técnica.

Mientras la plaza y las calles se iban llenando de público, cambiamos de siglo. Comenzaba a sonar la forja, la sierra cortaba el tronco y tañían las campañas. El pueblo volcado en la tarea diaria, con los niños en la escuela, el barbero afeitando, las mujeres que atendían sus quehaceres y los mayores en la taberna. Lo propio de la época.

La vida del pueblo estaba a punto de alterase, no imaginaban hasta qué punto, porque llegaban los invasores, los franceses, buscando víveres para la tropa. En ese momento justo de la Guerra de la Independencia, se ubica el espectáculo que cada año convierte a La Peza en un escenario en la calle.

La arenga del alcalde carbonero Manuel Atienza, de nuevo personificado en Alfredo Fernández, llevaba la voz cantante mientras entre el público pude ver al alcalde de Guadix, Jesús Lorente, y a la concejala de Turismo, Ana Martínez, junto a vecinos de la localidad. Y estaba el secretario general de la Federación de Hostelería y Turismo, Antonio García, con su mujer Antonia y su hija Beatriz que me contaron que estaba la Asociación de Mujeres de Policar. Otra asociación, la de Ganchillo de La Peza había confeccionado los toldos que se repartían por las calles principales de la localidad.

La historia se repitió con la respuesta del pueblo que acudió a la llamada de su alcalde, «estamos contigo Manuel», para defenderse del enemigo. Bendición en la parroquia, y después, muchos, muchos disparos, de trabucos y cañones; refriegas cuerpo a cuerpo, heridos, prisioneros, y la explosión final de la improvisada arma hecha por los lugareños con un tronco de encina. El resto de la historia lo tienen en el relato. Les adelantó que no terminó bien como se recoge en un precioso corto, de nombre Epílogo, que han coordinado la propia Águeda y Juan Luis Albea.

La mañana ya fue intensa con los ensayos y antes de la representación de la tarde pude disfrutar de una magnífica charla de Conso López guiándonos por la historia de la medicina en los últimos tres siglos y mostrando nuestra propia evolución social, tras unas jornadas sobre 'Cuidados y salud para la batalla'. Interesante y muy adecuado.

La jornada volvió a ser un éxito. A pesar del cansancio, lo que viví era algo más que un sentimiento, como se titula la maravillosa canción de Boston (recomendable a quien no la conoce). La letra dice: «Sus caras desvanecen a medida que pasan los años, sin embargo, todavía recuerdo mientras deambulo». Eso ocurre en La Peza aún cuando se apagan las luces de su día grande.