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Pequeños festivales

Los 'hermanos pequeños' del gran festival mantienen activa la vida cultural durante el verano con dignidad

Mª DOLORES F.-FÍGARESGRANADA

No cabe duda de que somos afortunados los que vivimos en esta bella Granada, a pesar de nuestras cuitas, complejos y bajones, al ver que los que nos administran permiten que suceda aquí lo que en ninguna otra parte. Tenemos suerte de poder disfrutar esa armoniosa combinación estética, de monumentos, paisajes, jardines floridos, y arte, mucho arte. Cada año se produce la oportunidad de comprobarlo en el Festival Internacional de Música y Danza, que desde hace sesenta y seis años se viene celebrando, con enorme éxito, sin olvidar sus extensiones, que lo acercan a la calle y lo alejan de una posible acusación de elitismo. Ya lo han valorado los compañeros especializados en la crítica musical en estas páginas, señalando sus aciertos y sus carencias.

Pero yo quiero referirme a esos 'hermanos pequeños' del gran festival, que con tanta dignidad mantienen activa la vida cultural durante el verano. En concreto, al brillante programa de la Fundación Agua Granada en su sede del Carmen del aljibe del rey, en el corazón de la alcazaba albaycinera. Este año cumple diez de su ciclo 'Música en el Aljibe' y nueve de otra de sus actividades emblemáticas, 'El agua y la palabra', ciclo de conferencias este año dedicado al emperador Carlos V, 'el rey que amó Granada' con motivo del 500 aniversario de su juramento como rey de León, Castilla y Granada. Habría que reseñar también otras actividades en torno al agua, como concursos, exposiciones, que han convertido a este bello carmen recuperado en un corazón donde late la vida cultural del Albaycín. Todo ello es especialmente valioso, teniendo en cuenta que este barrio, que tanto atrae a miles de visitantes cada día, cuenta con escasos focos que animen la cultura.

Y uno de ellos es este precioso lugar, donde escuchar la buena música en vivo, ejecutada por hábiles y sensibles instrumentistas. A la vez, se despide al dorado sol de los atardeceres granadinos y se respira esa serenidad especial que habita en estos recónditos jardines, entre arrayanes, matas de hierbabuena, rosas, laureles, cipreses.

La combinación de la piedra de las fuentes, el agua de la alberca, los pedestales de las cruces que jalonaban el Sacromonte y el cuidado con que se mantiene todo ese conjunto de valiosos elementos despierta los recuerdos y los sueños. Y después, con su amabilidad característica, te ofrecen una limonada, mientras comentas lo vivido con las amistades que encuentras y reencuentras.

Hay que felicitar a Esteban de las Heras y su equipo por estos diez años de Música en el Aljibe, que mantiene encendida la llama de la cultura del agua, tan fundamental en la identidad de Granada.

 

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