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Peligro: medusas

No encuentro apenas análisis sobre cómo evitar estas plagas o qué hacer con ellas, una vez que nos han invadido, aunque algunos hay

Mª DOLORES F.-FÍGARES
Mª DOLORES F.-FÍGARES

No deja de ser curioso que en una sociedad en la que se nos invita constantemente a protegernos contras los peligros, estemos tan indefensos ante muchas amenazas que vienen anunciando su llegada desde hace tiempo, sin que nadie se ponga a pensar en las posibles maneras de evitarlas. Y eso que para que te den los bancos un crédito tienes que presentar un seguro de vida, por si acaso.

Tal sucede con las consecuencias del cambio climático, o las secuelas de la contaminación de los océanos, o el uso de los plásticos, aunque esto último parece que se está teniendo un poco más en cuenta, con medidas tímidas como cobrar las bolsas del súper, lo cual parece el chocolate del loro, pero algo es algo.

Y otro ejemplo que le está fastidiando las vacaciones en las playas a muchos sufridos turistas es la abundancia de medusas en nuestras costas, unas veces por Calahonda, otras por Almuñécar, o por Motril. Uno está tan a gusto flotando en esas aguas densas y cristalinas, tan características y de repente siente como un calambrazo en alguna parte del cuerpo y se acabaron los placeres del baño. A seguir las instrucciones que pululan por internet sobre la mejor manera de reaccionar ante la molesta picadura, que según dicen los expertos se puede comparar con una inyección de millones de agujas.

No encuentro apenas análisis sobre cómo evitar estas plagas o qué hacer con ellas, una vez que nos han invadido, aunque algunos hay. Unos dicen que se podrían aprovechar esos bichos, ricos en colágeno para la industria cosmética y farmacéutica. Otros recomiendan recuperar la cría de las tortugas bobas, principales depredadores de las molestas medusas, que por lo visto han desaparecido de nuestras costas, cuando tantas veces las hemos visto nadando en aquellos paseos en barca en Almuñécar inolvidables de nuestra adolescencia. Algún amante de los experimentos gastronómicos ha comentado que se podrían comer pues se dice que su sabor se parece al de las algas, combinado con el de las ostras: a mar puro, lo cual significa que ya hay quien las ha probado, con el valor añadido de su abundancia en proteínas.

Esto se veía venir desde hace años. Como curiosidad, al parecer en 2007 el gobierno, con Cristina Narbona al frente de Medio Ambiente aprobó un plan ambicioso en el que intervenían varios departamentos coordinados con las comunidades autónomas... Y ahí quedó, en el baúl de los recuerdos.

No debe ser fácil encontrar soluciones para un problema que se produce por efecto de numerosas causas combinadas. He contado al menos veinte en las informaciones que existen al respecto. Pero habrá que hacer algo.

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