«Pasé mi infancia jugando con mi pandilla entre los pinos y los olivos del cortijo en Sierra Arana»

La decana de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Granada (UGR), María del Carmen Carrión, rememora sus veranos en Iznalloz, el pueblo familiar. Allí disfrutó de sus vacaciones junto a sus tres hermanos y amigos

María del Carmen Carrión, en una imagen actual. /IDEAL
María del Carmen Carrión, en una imagen actual. / IDEAL
ROSA SOTOGRANADA

Era prácticamente como 'Verano Azul'. Las vacaciones para María del Carmen Carrión, decana de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Granada (UGR), transcurrían en el pueblo familiar de toda la vida, en Iznalloz, en plena Sierra Arana, que la decana define como «un paraje muy bonito». Allí vivía con sus padres, su hermana y otros dos hermanos menores en un característico cortijo andaluz.

«Pasé los veranos de mi infancia jugando con mi pandilla entre los pinos y los olivos del cortijo en Sierra Arana», relata. Para Carrión, «ya no hay pandillas como las de antes, los críos están a otras cosas propias de su época». Recuerda que parte de sus travesuras las hacía en compañía de sus hermanos. El más pequeño de todos, Enrique, «siempre llevaba los bolsillos llenos de cosas que se encontraba por cualquier lado: hilos, tuercas... Y se justificaba diciendo que le podría servir para algo más adelante. Era siempre muy divertido», asegura.

Algo más mayor, cuando era estudiante de Bachiller en un colegio interno, se las apañaba para escapar de las intenciones de su madre, que deseaba que llegaran las vacaciones de verano para que la joven María del Carmen ayudara a blanquear la casa con su hermana, aunque siempre acababa echando una mano para dejar el cortijo resplandeciente.

Carrión cumplía con el perfil de buena estudiante que pasaba de curso con buenas notas, por lo que siempre podía disfrutar el verano sin preocuparse por recuperar ninguna asignatura y así centrarse en disfrutar al máximo. Ya en tercer curso de carrera, cuando aún le quedaba mucho camino por delante para llegar a ser catedrática del Área de Física Aplicada de la UGR, comenzó a salir con el que más tarde se convertiría en su marido.

La decana recuerda divertida cómo fue la primera vez que su pretendiente se presentó para la Virgen del Carmen, el 16 de julio, en el pueblo con unos amigos con la intención de presentarse ante los padres de ella. «Vino con dos amigos, uno de ellos llevaba barba, y mi tía no dejaba de susurrar a mi madre que posiblemente fuera él, pero no. Creo que ése hubiera sido su yerno preferido», ríe, pero la historia va más allá. «Conquistó a toda mi familia cuando les entregó un regalo que por entonces estaba muy de moda: un canario. A todos les encantó el pajarillo. A mí me regaló una esclava de plata con mi nombre grabado. Fue todo un detalle», suspira.

De aquellos veranos ya han pasado muchos años, pero a día de hoy todavía disfruta de días libres que aprovecha para visitar el cortijo que ha rehabilitado su hermano. «Algunos fines de semana nos juntamos toda la familia como antes y parece que el tiempo no pasa, pero vuela». Aún así, sus vacaciones no se limitan a pasar un par de días en su pueblo, ahora sus veranos también tienen otros destinos. «Soy de secano, pero me gusta la playa. Creo que la Costa granadina aporta mucha tranquilidad y en estas vacaciones aprovecharé para disfrutar con mis dos nietos y bañarme en las playas de La Perla, pero también para pasear en bicicleta», relata.

La playa granadina es la vía de escape que ha encontrado Carrión para huir del calor de la capital y desconectar del ajetreo de la universidad, que cada año «presenta nuevos retos» para ofrecer la mejor formación a los estudiantes.

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