«He pasado miedo tras dos días en la patera y al llegar he parido a mis hijos»

«He pasado miedo tras dos días en la patera y al llegar he parido a mis hijos»

La historia de Conde, que tiene 23 años y es de Guinea Conakri; tras llegar en una zódiac el sábado a Motril le provocaron el parto de dos prematuros de seis meses

José Ramón Villalba
JOSÉ RAMÓN VILLALBA

Está sentada en un sillón junto a la cama de una habitación del hospital Materno Infantil. Cuando se levanta se mueve con mucha dificultad debido a los puntos recibidos el sábado tras la cesárea que le practicaron en el Hospital de Motril para traer al mundo a dos gemelos de 25 semanas de gestación, que corresponde a seis meses de embarazo. Uno pesa 750 gramos y el otro 800. Los dos pequeños aún no tienen nombre; la madre se llama Conde.

«He venido a Europa buscando una mejor vida para mis pequeños. En mi país tuve un menor y murió por una enfermedad que yo le contagié». Las palabras de Conde son en francés, la lengua oficial de su país, Guinea Conakri. Esta joven, de ojos saltones y estatura baja, llegó al puerto de Motril el pasado sábado por la noche tras pasar 48 horas en alta mar en una patera. «Salimos de Marruecos hace dos días y he pasado mucho miedo en la zódiac, mucho miedo. Íbamos mucha gente y había muchas olas, ha sido horrible. La gente se caía encima mía y eso creo que me hizo llegar en malas condiciones. Cuando llegué, parí a mis dos hijos, no aguanté más».

Los dos pequeños están ingresados en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) mientras se recuperan. Los dos han nacido con apenas seis meses de gestación, tal y como ocurrió con los dos mellizos del secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, y de su pareja, Irene Montero, aunque este caso no tendrá seguramente tanta trascendencia.

Conde está sola en la habitación del Materno, ni siquiera tiene un teléfono para comunicarse con su marido. La traductora de francés presente durante la entrevista se lo presta para hablar. Ella se lo agradece como si le hubiera dado la vida. Esta joven acaba de llegar a un mundo nuevo, sin medios, sin apoyo de nadie y con dos hijos ingresados en la UCI. Desde esta página lanza un SOS: «Por los menos, para tener un teléfono y hablar con mi familia en Guinea».

«Salí de mi país hace dos meses. Mi marido me dijo que me viniera por el bien de mis dos hijos. Perdí un bebé hace unos años y no quería que pasara lo mismo con estos dos. Primero llegué a Marruecos, donde he estado todo este tiempo, esperando la patera. He pagado tres mil euros para poder llegar aquí. Lo he pasado muy mal, pero no podía volver atrás».

Esta joven ha llegado de un país ubicado a 4.500 kilómetros de Granada, junto a Senegal, en la costa oeste del continente africano. Guinea está habitada por diez millones de personas y el 60% viven bajo el umbral de la pobreza, pese a ser un Estado rico en minerales como la bauxita, diamantes, oro y aluminio, la mayoría de su población es muy pobre. Conde es una de esas habitantes guineanas incluida en el 60% de ciudadanos sin recursos.

«Un futuro mejor»

«Dejé la escuela muy joven porque me quedé embarazada. No podía con los estudios y con el embarazo. Allí no hay medios para sobrevivir, el trabajo es escaso y muy duro. Cuando miramos a Europa es como ver un futuro mejor y preferimos jugarnos la vida en una patera, antes de saber la vida que le puede esperar a tus hijos allí. No piensas en lo que te puede pasar en la travesía, sino en luchar por un futuro mejor para tu familia».

Salvamento Marítimo rescató a 159 inmigrantes en las proximidades de la Isla de Alborán el pasado sábado. En ese grupo iba Conde, junto a 26 mujeres más y nueve niños. Todos fueron trasladados al puerto de Motril. «En todo el grupo, sólo conocía a una mujer, a una amiga que venía en la misma zódiac y se quedó en el sitio donde llegamos el sábado (Motril)». Aquí en España no tiene familia ni conocidos. Su maleta viene vacía: «No tengo nada, sólo a mis dos hijos y lo único que quiero es que se pongan bien».

Vio a su hijos

Conde pudo verlos ayer por la mañana, después de la pertinente visita médica a la habitación para conocer su estado de salud. «Yo estoy bien y ellos están muy pequeños, pero me han dicho que bien. Sólo quiero luchar por su bienestar, porque vivan bien».

Su único apoyo ahora mismo en Granada es la administración pública y las organizaciones no gubernamentales que puedan ayudarla para tratar de sobreponerse a este esfuerzo titánico que supone salir de tu país sin nada y embarazada de dos pequeños, aguantar malviviendo durante dos meses en Marruecos, en espera de la salida de una patera sin saber si lograría sobrevivir o no. Después, llega la hora de sortear a la policía alauita, de pagar los tres mil euros para cruzar el Estrecho, más todo aquello que Conde prefiere callar.

«Mi marido ya sabe que he llegado. También que han nacido sus dos hijos, pero él no puede venir. No sé cuándo podré verlo de nuevo, espero que pronto». Conde se despide desde la habitación del hospital, sus ojos han ganado confianza durante los sesenta minutos de conversación. Los límites de Conde por sobrevivir no saben de fronteras.