El origen de la fiesta del Día de la Cruz

Montaje de una de las cruces de Granada./Alfredo Aguilar
Montaje de una de las cruces de Granada. / Alfredo Aguilar

Los orígenes de esta fiesta tan granadina parecen encontrarse hace cuatro siglos atrás, en unas antiguas celebraciones religiosas que se organizaban en honor al símbolo del cristianismo

F. ARGÜELLES

El Día de la Cruz es, sin lugar a dudas, una de las tradiciones más típicas y arraigadas en la ciudad de Granada y en muchos puntos de la provincia. Los orígenes de esta fiesta tan granadina parecen encontrarse hace cuatro siglos atrás, en unas antiguas celebraciones religiosas que se organizaban en honor al símbolo del cristianismo. Las connotaciones religiosas y las paganas se confunden en el origen de la fiesta.

Es una celebración antigua que hunde sus raíces en un hecho religioso que narra como la cruz en la que murió Cristo fue encontrada por Santa Elena. Esta cruz, con el paso del tiempo, fue sufriendo sucesivas mutilaciones que originaron que numerosos restos de ella llegaran a multitud de rincones de todo el mundo. A Granada, parece ser, llegó un pedazo de la supuesta cruz de Cristo, en concreto al albayzinero convento de Santa Isabel la Real. La leyenda toma aquí protagonismo, ya que se cuenta como un viernes de Cuaresma las monjas de este convento escucharon como salían voces de una pared. Mandaron hacer un derribo y encontraron dentro del muro un pedazo de la cruz de Cristo. Desde entonces en el convento se siguió la costumbre de que una de las monjas de la comunidad se llamara Sor María de la Cruz.

Historia

A lo largo de la historia en Granada se han celebrado diferentes fiestas en honor a la Santa Cruz, como las bendiciones que se hacían de las milagrosas llagas del Cristo de los Favores a finales del siglo XIX u otras celebraciones que entroncan con los supuestos hallazgos reveladores del Sacromonte.

El Día de la Cruz en Granada ha vivido periodos de gran esplendor y otros de acusada crisis. Con las últimas décadas del siglo XIX la celebración comenzó a decaer bastante, llegándose al extremo de que en el año 1883 el gobernador de la ciudad prohibió a los vecinos pedir dinero para levantar sus cruces. La tradición decae y su recuperación no llega hasta el año 1924 cuando el Ayuntamiento intenta reimpulsar las fiestas instituyendo un concurso con premios para galardonar las cruces más vistosas y bonitas de la ciudad. Además, coincidiendo con el día tres de mayo se celebraban otras actividades como un concurso de cantes por granaínas y medias granaínas en la Plaza de San Nicolás. De aquellos primeros años del siglo XX han llegado a nosotros curiosas fotografías sobre esta fiesta en la que destaca el tipismo y colorido con que los vecinos instalaban sus cruces. Al llegar el periodo de la República la celebración vuelve a decaer, aunque en el interior de muchas casas los vecinos se reunían para celebrar ésta fiesta que, una vez acabada la Guerra Civil y siendo alcalde Antonio Gallego Burín, vuelve a impulsarse.

Así, por ejemplo, en el año 1939 se instaló en la Plaza del Carmen una cruz que medía seis metros y estaba adornada con 7.000 claveles blancos y rojos. Además, por toda la ciudad se montaron un centenar de cruces, destacando sobre todo la que hicieron las mujeres de la Pescadería. La fiesta parece tomar nuevamente auge pero nuevamente decae, hasta que en los años sesenta otra vez se vuelve a impulsar gracias al entusiasmo del delegado provincial de Turismo Antonio Gallego Morell. Entonces, junto al tradicional concurso de cruces, se organiza otro de mantones de manila.

Poco a poco la fiesta fue calando nuevamente entre los granadinos que agrupados por barrios, asociaciones, cofradías u otros colectivos montan sus cruces en los primeros días del mes de mayo. En la última década del siglo XX la fiesta llegó a degenerarse un poco, debido en parte a la larga duración que algunos años tuvo -hasta cuanto o cinco días seguidos- y la masiva proliferación de barras de venta de bebida sin cruces, o la colocación de cruces con escaso valor artístico. También el fenómeno del «botellón» ha llegado a afectar mucho a esta fiesta, ya que la concentración de miles de personas en plazas históricas de la ciudad y el abuso del alcohol en las mismas dejaban cada año un nefasto rastro al término de la celebración. Hace unos años, incluso, se habilitó una zona especial para los seguidores de los «botellones» en la Huerta del Rasillo. Todo esto hizo que, desde año 2007 se quisiera apostar por una fiesta sin botellones ni barras junto a las cruces, para intentar de este modo recuperar el espíritu festivo tradicional de las cruces. Ya, a partir del año pasado, si que se autorizó que algunas cruces tuvieran una barra, aunque todo con mayor medida y mesura que décadas atrás. Este año 2018, nuevamente, se apuesta por que algunas cruces si puedan tener abiertas sus barras durante el horario de la celebración el 3 de mayo.