El ocio nocturno, un vecino incómodo en el barrio del Realejo

Carteles contra los vómitos en las calles San Matías y Cobertizo y Faltriquera./Á. M.
Carteles contra los vómitos en las calles San Matías y Cobertizo y Faltriquera. / Á. M.

Los residentes de las calles 'de moda' colocan carteles en los que llaman al civismo de quienes salen de fiesta

ÁNGELA MORÁNGranada

Un cartel en la fachada de un bar en la calle Cobertizo y Faltriquera -una de las callejuelas que parten de San Matías-, anunciaba el pasado jueves: «Esta calle no es un meadero y un vomitorio público. Es de personas civilizadas y cívicas mear en lugares adecuados. La salud pública es cosa de todos. Y la limpieza de calles la pagamos entre todos. Los que pagamos». Estas cinco frases resumen en un folio A4 los problemas a los que están sometidos cada noche y, cada día, los vecinos del Centro de la ciudad. Como prueba de ello, está la mancha que se puede observar en el suelo a apenas un metro de donde se ha colocado uno de los carteles. Son los restos de uno de estos vómitos ocasionados, probablemente, por unas copas de más en la noche anterior.

Al mismo tiempo que estos carteles aparecieron, uno de los bares de la parte alta de San Matías colocaba en su portón otro mensaje escrito a mano en el que todavía se puede leer: «Os dejamos descansar hasta finales de agosto». Texto que va acompañado por un simpático dibujo de una cara sonriente. Parece que tanto hosteleros como vecinos empiezan a comunicarse por medio de escritos que dejan entrever las incomodidades ocasionadas por el ocio nocturno en el barrio.

Vivir en el Centro de la ciudad tiene sus ventajas; pero también sus inconvenientes. Y la juerga es uno de ellos. Las calles Ganivet, San Matías, Varela y el Campo del Príncipe, entre otras colindantes, se han convertido en la zona de moda para salir de copas. «Esto va un poco por épocas, la zona de salir va variando cada ciertos años y, ahora, le ha tocado al Realejo y a San Matías». Es la conclusión a la que ha llegado el presidente de la Asociación de Vecinos del Realejo, Alejandro Corral. Él ha explicado que la vivienda en el barrio está sometida a unos precios excesivos para las condiciones con las que los vecinos deben convivir. «Los alquileres de larga duración piden unos precios altísimos por estar en el centro de la ciudad, pero no cuentan con que los ruidos son insoportables. Al contrario, los pisos de alquiler vacacional se ofertan por cantidades ínfimas con las que puedes dormir en esta zona por tan sólo 20 euros, favoreciendo el turismo y, en este caso, el de borrachera», relata Corral.

En definitiva, dice, el incremento de pisos turísticos y el aumento de aperturas de bares y discotecas están provocando una migración de residentes a otros barrios de Granada. El presidente admite que se trata de un tema de convivencia difícil de resolver, pues los bares cumplen sus horarios, aunque estos sean incompatibles con el descanso de las personas que viven en las casas colindantes.

Las despedidas de soltero y de soltera, el turismo y los fines de semana -que comienzan el mediodía del miércoles y se alargan hasta la madrugada del domingo-, son los factores que acechan a los residentes de estas calles. Hasta el punto de que los vecinos de la calle Ganivet, una de las más prestigiosas de Granada por sus hoteles de lujo, restaurantes y boutiques, han acudido en varias ocasiones al Ayuntamiento para pedir que la Policía Local haga un seguimiento más exhaustivo de su calle con medidores de sonido. Alboroto que, dice el presidente de la asociación de vecinos, no proviene tanto del interior de los bares como de las conversaciones, gritos y jaleo en general que se crea en torno a las puertas de las discotecas y pubs a altas horas de la noche.

Posibles soluciones

El presidente de la Asociación de Vecinos del Realejo admite que el problema que se está generando en el centro es complicado de solucionar y ve una posible vía de acción en el control de licencias que se otorgan para este tipo de establecimientos, con el objetivo de evitar la masificación de ocio nocturno en estas calles. «Hace apenas unos días se ha abierto un nuevo pub en la esquina de San Matías con Mariana Pineda y otro en la calle Virgen del Rosario; no podemos echar a los bares ni decirle a la gente cómo debe divertirse, pero sí podemos pedir a las administraciones competentes que regulen el número de bares por barrio», argumenta Corral. Asimismo, el presidente dice recibir numerosas quejas por parte de los vecinos con respecto a ruidos, suciedad e inseguridad que vienen ligados a las calles con mayor número de locales. Él las trasmite al Ayuntamiento para que tengan conocimiento.

De igual forma, señala que en otras ciudades cómo en Málaga, se están formando plataformas vecinales en las que se 'lucha' contra el turismo de borrachera y sus consecuencias pero que, en Granada, todavía no se han llegado a concretar reivindicaciones de este tipo. Sería otra de las posibles soluciones para esta incomodidad entre vecinos y hosteleros, aunque, como explica este vecino: «Las discotecas pasan de moda cada poco tiempo, igual cuando encontremos una solución la gente ha dejado de salir por el Centro de Granada».