Los nuevos escenarios de la prostitución

Los nuevos escenarios de la prostitución

La ordenanza de la convivencia erradicó la prostitución de las calles de Granada y las trabajadoras del sexo y sus clientes se refugiaron en Pulianas, cuyo alcalde pide ahora ayuda a la Subdelegación del Gobierno y a la Guardia Civil para controlar «un fenómeno molesto para la localidad»

Ángeles Peñalver
ÁNGELES PEÑALVER

Un viernes del mes de junio. Corre el año 2018. 23.30 horas de la noche. El desfile del Orgullo LGTB llega a su fin en Granada capital: la fiesta de la libertad sexual echa el cierre. A muy pocos kilómetros, en la zona del centro comercial Alameda, en el término municipal de Pulianas, mujeres que ejercen la prostitución empiezan a sentarse en las aceras a la espera de clientes. El tiempo transcurre lento. Algunas de ellas son esclavas sexuales: como la señora rubia y extremadamente delgada que pasea tambaleándose bajo la atenta mirada de su proxeneta, un hombre corpulento vestido con camiseta roja, vaqueros y ademán de matón. Él está parapetado detrás de un coche a escasos 300 metros de donde ella se ofrece sexualmente de manera discreta a los pocos conductores que transitan el polígono. A pocos metros, otra compañera, morena, con la mirada también algo perdida, parece depender del mismo chulo.

«Aquí, en Pulianas, hay mujeres de todo tipo, que ejercen en absoluta libertad y otras que no. Se tiende a victimizarlas y no hay por qué. Están acosadas por la policía, echadas de los centros de la ciudad, donde podrían estar más seguras. En fin, es un despropósito institucional. Ejercer la prostitución no es delito si la mujer lo hace libremente. Habría que protegerlas en lugar de excluirlas aún más», defiende una trabajadora de Cruz Roja que esta noche asiste y reconforta a seis prostitutas que pululan alrededor de los comercios cerrados. Los miembros de la oenegé les dan una bebida caliente, las proveen de preservativos, charlan con ellas, les preguntan por sus vidas, les tramitan análisis de sangre... Las prostitutas miran con recelo a cualquiera que no sea un miembro de la oenegé o un cliente.

«Gracias, nos vemos otro día», se despide una chica joven de un cooperante de Cruz Roja. Es rubia, de estupendo aspecto y con acento de Europa del Este. Se marcha y se pierde entre los descampados de la zona.

«Yo llevo cuatro años viniendo algunas noches de la semana aquí para buscar clientes. Antes estaba en Málaga. Tengo hijos. No lo saben. Necesito el dinero. Estoy sola con mi compañera. Nadie más», explica una mujer camerunesa que dice tener 32 años y que acaba de ser auxiliada por los voluntarios. A su lado, otra mujer africana mira con atención la llegada de un coche que pasa de largo.

Las prostitutas no quieren hablar ni de cuánto cobran ni del número de clientes que atienden. Tampoco de si antes ejercían o no en Granada capital, de donde fueron echadas tras la entrada en vigor de la ordenanza municipal de la convivencia, aprobada hace una década con multas para las trabajadoras del sexo y sus demandantes. Aquella norma municipal hizo que la prostitución callejera cambiara de escenario. Desde entonces, las meretrices y sus clientes se concentraron en el entorno del centro comercial Alameda, dentro del término municipal de Pulianas. Pese a que el pueblo del área metropolitana sacó adelante otra normativa para erradicar la prostitución, la falta de medios para combatirlo ha hecho que el fenómeno siga enquistado en sus dominios.

El municipio pide ayuda

En Pulianas, nuevo centro de la prostitución callejera, el ayuntamiento y los vecinos claman al cielo por la presencia de estas mujeres y de sus clientes, que no se esconden en pisos o en clubes donde, según la Policía Nacional, se halla el grueso de este fenómeno tanto en la capital como en su área metropolitana.

En esos pisos y prostíbulos -según la Policía Nacional- hay un número importante de mujeres esclavas de las mafias del sexo. En su mayoría son rumanas, nigerianas y latinoamericanas con quienes se ha empleado -como mínimo- violencia, intimidación y engaño. Cada cierto tiempo cae una red que explota sexualmente a mujeres. Las víctimas son forzadas a mantener relaciones sexuales y a consumir sustancias estupefacientes para aguantar las largas jornadas de explotación a las que son sometidas. En Pulianas nadie se pronuncia sobre esa realidad, aquí el pacto de silencio es la ley.

El silencio frente a las quejas

Mientras las prostitutas ejercen y callan, el alcalde de Pulianas pide auxilio: «No tenemos medios para luchar contra la prostitución, el municipio -de unos 5.500 habitantes- apenas cuenta con cuatro policías locales. Necesitamos ayuda de la Subdelegación del Gobierno y de la Guardia Civil para poder cumplir la ordenanza. La dimensión del problema es grande. En la zona hay cuatro o cinco residencias privadas y los vecinos se quejan, pero los efectos negativos del fenómeno afectan a todo el área comercial, que amanece cada día en un estado lamentable, con suciedad y hasta hogueras», explica a IDEAL José Antonio Carranza, alcalde del PSOE.

En el pueblo, en lo que va de año 2018, se han puesto 105 denuncias, «prácticamente todas a usuarios», recalca el regidor. Incluso, la Policía Nacional liberó hace un año a una menor nigeriana maltratada y obligada a prostituirse. José Antonio Carranza aclara, no obstante, que la mayoría de mujeres que ejercen en las zonas públicas de la localidad son de origen latinoamericano. Ese fenómeno geográfico se evidencia en redadas recientes de la Policía Nacional, ya que el cuerpo de seguridad liberó hace poco a cuatro mujeres venezolanas y dominicanas que habían sido captadas y engañadas en su país con una oferta de trabajo falsa en Granada para trabajar como camareras-cocineras en un restaurante.

Actividad 'desaparecida'

En Granada capital, el fenómeno se esfumó de las calles -no así de pisos privados y clubes de alterne- y en el año 2016 sólo se abrieron 15 expedientes por estas prácticas, cuando cinco años antes las sanciones superaron el medio millar. Según los últimos datos oficiales proporcionados a IDEAL, en los ejercicios 2017 y en lo que va de año 2018, por parte de la Policía Local de la capital tan sólo se han llevado a cabo tres actuaciones en materia de prostitución: dos informes con respecto a pisos donde se ejercía la actividad de manera clandestina y una denuncia administrativa a un cliente por demanda sexual. Ana Muñoz Arquelladas, concejala de Igualdad de la capital, indica que el fenómeno no está erradicado pese a las pocas denuncias callejeras. De hecho, Cruz Roja calcula que hay unas 300 prostitutas ejerciendo en Granada y Área Metropolitana, la mayoría en clubes y pisos montados en los últimos años y convertidos en guaridas de este oficio.

«Nuestro objetivo -dice la teniente de alcalde- es seguir trabajando y tomando medidas específicas en favor de las mujeres en situación de vulnerabilidad, como quienes ejercen la prostitución o se hallan en posible situación de trata». Por lo pronto, el Gobierno socialista de la capital ha despenalizado a las mujeres que ejercen, pero sigue castigando económicamente a quienes solicitan sus servicios.

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