«Somos las nietas de las brujas que no pudisteis quemar»

Unas mujeres cruzan delante de un grupo de manifestantes contra la violencia machista. /ALFREDO AGUILAR
Unas mujeres cruzan delante de un grupo de manifestantes contra la violencia machista. / ALFREDO AGUILAR

Cerca de ocho mil personas, entre ellas decenas de mujeres muy jóvenes, claman contra la violencia machista en Granada

Carlos Morán
CARLOS MORÁNGRANADA

Dicen que fue el difunto Manuel Fraga quien, siendo ministro de un gobierno todavía predemocrático, patentó la exclamación: «¡La calle es mía!». Con ese alarde verbal de autoritarismo, el que luego sería fundador del PP se opuso a que los trabajadores españoles se manifestaran para celebrar el 1 de mayo. Aunque Francisco Franco ya había fallecido, el ordeno y mando seguía vigente. Aquel «¡la calle es mía!» era un buen resumen de la resistencia de la dictadura a desaparecer.

Ayer, 42 años después, miles de mujeres se apropiaron en Granada del bramido de Fraga para darle un sentido completamente diferente. La proclama liberticida se convirtió en un grito de libertad: «¡La calle es mía de noche y de día!», se podía leer en una de las pancartas que portaban las cerca de ocho mil personas que caminaron desde de la plaza de Isabel la Católica hasta el paseo del Salón para expresar su rechazo a la violencia machista. Fue el acto de protesta más concurrido de todos los celebrados en Andalucía con motivo del 25 de noviembre, el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer -se eligió esa fecha para recordar el atroz asesinato de las hermanas Mirabal a manos de esbirros del presidente dominicano Leonidas Trujillo, un hecho que ocurrió en 1960-. La gran participación no fue una casualidad, sino la constatación de que Granada cuenta con una base feminista muy fuerte y, sobre todo, muy joven, lo que es garantía de futuro y de permanencia. En este sentido, hubo decenas de estudiantes universitarias y de enseñanza media. Eran las mismas que los pasados meses de mayo y junio se manifestaron espontáneamente, y de forma masiva, para expresar su indignación por la condena sólo por abuso sexual a los miembros de 'La Manada' y por su posterior puesta en libertad.

Nada ha cambiado desde entonces. La lucha contra la violencia de género ha prendido en Granada, ha echado raíces, ha llegado para quedarse.

«Me quitaste tanto...»

Atrás quedan los tiempos en que la movilización del 25 N era poco menos que una rutina. La renovación del movimiento es total. Sin 'lideresas carismáticas' -un acierto, que ya se sabe lo que sucede cuando una persona se empeña en patrimonializar una protesta- y con independencia, el feminismo granadino se ha rejuvenecido en todas direcciones. Fue lo que se vio ayer, de nuevo, en las calles de la capital. Fue una demostración de vigor, entusiasmo y rabia de principio a fin.

La marcha de protesta partió de la plaza de Isabel la Católica a las doce del mediodía. Un cielo plomizo amenazaba lluvia, pero la gente no se desanimó. Precedida de un animoso grupo femenino de tambores y de intérpretes de lenguaje de signos, la manifestación reunió a cerca de ocho mil personas sin que se registrara ningún incidente. Durante el trayecto se sucedieron lemas como «¡quien ama no mata, ni humilla, ni maltrata!» o «¡no es no, lo demás es violación!». Los carteles que exhibían las manifestantes también eran elocuentes: «Me quitaste tanto que me quitaste hasta el miedo».

A pesar de que el recorrido no era excesivamente largo, la cabecera -en la que había destacadas representantes institucionales del PSOE- tardó más de una hora en llegar hasta el paseo del Salón, que fue donde concluyó la protesta.

Una vez allí, varias mujeres de todas las edades hicieron una representación teatral que acabó con una reivindicación llamativa. «Somos las nietas de las brujas que no pudisteis quemar», clamaron en recuerdo de las hechiceras que murieron martirizadas en las hogueras inquisitoriales por el 'pecado' de aprender unos conocimientos que estaban reservados a los hombres.

«¡Todas somos Sara!»

Instantes después, las convocantes leyeron un manifiesto que, entre otras cosas, defendía la necesidad de impulsar la lucha contra la violencia de género en los centros educativos y las empresas.

Luego, nombraron a todas víctimas, y una hermana de Sara Correa, asesinada a tiros por su pareja en la zona Norte de la capital -el autor del crimen ya ha sido condenado a 22 años de cárcel-, dijo muy emocionada «¡todas somos Sara!», un grito que fue secundado por centenares de voces.

Granada contra la violencia de género