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La mafia

«Las actividades ilegales se nutren siempre de los más vulnerables»

ALEJANDRO PEDREGOSA
ALEJANDRO PEDREGOSA

La policía lo confirmaba hace unos días pero nosotros ya lo sabíamos de sobra: Granada es el mayor productor de marihuana de España. Medalla de oro, campeones, plusmarquistas nacionales. Mira tú qué bien. Y claro, como producimos tanto y de tan buena calidad el mercado español se nos queda pequeño, así que exportamos a Europa para que también nuestros hermanos allende los Pirineos puedan disfrutar de las maravillas granadinas. Si el negocio de la marihuana fuera legal (bien para su consumo bien para su uso farmacéutico) les aseguro que las plantaciones, los laboratorios y la distribución no estaban aquí sino en otras latitudes más 'desarrolladas'. Porque al cabo -y esto hay que recordarlo aunque suene a perogrullada- las actividades ilegales se nutren siempre de los más vulnerables, de aquellas personas que por falta de formación, por falta de recursos o por simple 'herencia marginal' no entienden la legalidad como un terreno propio y buscan en el lado oscuro de la vida su sustento. Las mafias de la marihuana, con la crisis, olieron la debilidad del tejido productivo granadino y como perros de caza se lanzaron a por la presa y mordieron fuerte. Las consecuencias ya están siendo terribles: cientos de chavales (algunos casi niños) con los bolsillos bien nutridos de dinero a cambio de cultivar y esconder la 'maría' que luego las mafias exportan con réditos millonarios. Más allá de ser unos vulgares peones, ¿qué son (y qué serán) esos chavales? Fácil: o carne de presidio o minúsculos sátrapas en la marginalidad de su barrio.