«La madre gritó '¡se ahoga!' y nadie hizo nada. Me dio rabia, porque el vagón iba lleno»

La estudiante de Enfermería que salvó la vida de un menor viaja en el Metropolitano de Granada. / PEPE MARÍN

La joven María López, la alumna que usó la maniobra de Heimlich para salvar la vida de un niño, narra cómo ocurrieron los hechos

DIEGO CALLEJÓNGRANADA

El pasado 23 de noviembre, María López Sánchez, una joven estudiante del grado medio en Cuidados Auxiliares y Enfermería, utilizó la maniobra de Heimlich para salvar la vida de un niño de nueve años que viajaba en el metro de Granada. Tal y como narra la muchacha, natural de Huétor Santillán, empleó una técnica que había aprendido durante una 'Cardiomaratón' a la que le había llevado el Instituto Aynadamar para lograr que el menor de edad expulsara el caramelo que obstruía sus vías respiratorias.

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Tras contarnos en qué consistió la maniobra que realizó, María explica la «rabia» que sintió al ver que fue la única que actuó ante una situación de tal emergencia. «Me sorprendió que la gente no reaccionara. La madre gritó '¡se ahoga!, ¡mi hijo se ahoga!' y ni se inmutaron. Nadie hizo nada. Todos siguieron escuchando música en sus cascos o hablando. Solamente un hombre cogió su teléfono para llamar a urgencias, pero el resto ni siquiera miraba, y el vagón iba a rebosar de personas», comenta María.

«Me sorprendió que la gente no hiciera nada, siguieron escuchando música o hablando» María López (Estudiante del grado de Cuidados Auxiliares y Enfermería en el Instituto Aynadamar)

En este sentido, la joven recalca que es «imposible» que los pasajeros no se dieran cuenta de lo que estaba ocurriendo, porque ella «atravesó todo el vagón» hasta llegar a la madre y su hijo para ayudarles. «El niño estaba rojo y con las manos en el cuello. Empezó a ponerse morado mientras la madre gritaba y le golpeaba en la cara», narra María, quien también apunta que le sorprende «lo fría que se vuelve la gente en ciertas situaciones».

«Quizá el resto de pasajeros no sabía muy bien cómo actuar, pero podían haberse interesado al menos. Yo me la jugué porque podía haberle roto una costilla o podía haberse muerto en mis brazos, pero lo volvería a hacer», cuenta la joven, quien finalmente consiguió salvar la vida del menor.

«No recuerdo cuántas contracciones hice porque tengo el momento borroso. La idea era que la fuerza de la maniobra ayudara a sus pulmones a expulsar el caramelo. Yo confié en lo que aprendí aquel día y salió todo bien. Se ve que me enseñaron lo correcto», sentencia la granadina.