«Nos llamábamos el grupo de 'la Hierbabuena' y nos hicimos camisetas con el apodo para las fiestas»

La rayuela y la comba son algunos de los juegos tradicionales con los que pasaban el verano en la plaza del pueblo Pepi Martínez, sus amigas y hermanos pequeños. Costumbres que se han perdido entre tanto videojuego...

Pepi Martínez es la presidenta de la Federación Provincial de Peñas Flamencas de Granada. /PEPE MARÍN
Pepi Martínez es la presidenta de la Federación Provincial de Peñas Flamencas de Granada. / PEPE MARÍN
ROSA SOTOGRANADA

La nostalgia invade a Pepi Martínez cuando habla de sus vacaciones de verano siendo niña. La presidenta de la Federación Provincial de Peñas Flamencas de Granada no se aburrió ni un minuto en Campotéjar, donde «jugaba mucho» con su «pandilla de toda la vida». Esta mujer, amante del flamenco, asegura que antes sí que había «amigos de verdad» con los que se crecía en una «infancia sana, sin drogas» y en un entorno natural donde no existían los videojuegos ni los aparatos tecnológicos a los que ahora estamos tan acostumbrados.

«Jugábamos a la rayuela y saltábamos a la comba en la plaza del pueblo y esos juegos tradicionales ahora parece que se han perdido, que los niños de ahora sólo saben jugar con las videoconsolas», explica con un tono un tanto agridulce que alegra al recordar a su pandilla de adolescencia. «Tendríamos 15 o 16 años y nos hacíamos llamar el grupo de 'la Hierbabuena'. Todas las amigas nos hicimos camisetas con este apodo e íbamos iguales, sobre todo para las fiestas de verano», relata.

Tampoco faltaron las jornadas de convivencia con sus compañeros de la parroquia, con quienes iba a catequesis y participaba en talleres para niños con los misioneros. «El cura don Gerardo era una gran persona, organizó un club de lecturas para jóvenes. Es una lástima que eso no se lleve ahora entre los chicos, porque era muy enriquecedor», añade.

Por otro lado, también participó en algo que antes era más habitual y que ahora parece que también ha quedado en el olvido: «Jugaba mucho, pero ya en la adolescencia también empecé a bordar y a hacer las labores del hogar. Algo que no se hace mucho hoy día a esas edades».

A los 16 años dejó de estudiar y empezó a trabajar. Se fue con otros vecinos del pueblo a una fábrica de conservas en Navarra que necesitaba mano de obra por temporada. Ellos cubrían la demanda en verano. A veces a lo largo de dos meses; en otras ocasiones, durante algo más de tiempo. A los 19 años se instaló en Peligros, donde lleva ya 32 años residiendo junto a su marido y compañero de toda la vida. «Empecé a trabajar de modista en un taller de confección y cuando me quedé sin trabajo hice dos cursos de formación profesional sobre Gerencia Empresarial y Economía Social. Entonces comencé como contable en una pequeña empresa, pero con la crisis cerró y me quedé en el paro. Entonces pasé a cuidar a personas mayores», relata.

Fue en 2010 cuando los veranos de Martínez adquirieron nuevamente un color más alegre. Junto a su marido formó la peña flamenca que dio paso a la posterior creación de la Federación Provincial de Peñas Flamencas de Granada, de la que es presidenta y, de momento, única mujer.

Con esta peña pusieron en marcha una escuela de baile, cante, percusión y guitarra a través de la cual ahora organizan toda clase de ciclos flamencos a lo largo de la provincia. Es precisamente durante las vacaciones de verano cuando más eventos organizan. «Queremos expandir esta música, este arte, y dar a conocer a artistas emergentes locales que tienen mucho talento, pero que necesitan un empujón», admite.

Esta apasionada de la música dedica sus días de verano a organizar y preparar encuentros flamencos. Actualmente está inmersa en la preparación de un Congreso Flamenco en Granada para el año 2019. «Espero que salga adelante», concluye.

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