El limbo de las cenizas 'olvidadas'

El almacén donde están los difuntos olvidados de la funeraria Fermín Criado en Armilla. /IDEAL
El almacén donde están los difuntos olvidados de la funeraria Fermín Criado en Armilla. / IDEAL

Algunas funerarias se ven obligadas a almacenar las urnas de difuntos incinerados y 'olvidados' por sus familias | El impago de los servicios, el desamor o la falta de arraigo son algunos de los motivos que hay detrás de los allegados que no recogen los restos de quienes un día fueron en teoría sus seres queridos

Yenalia Huertas
YENALIA HUERTASGRANADA

Dos hermanas gemelas que nacieron muertas. Un hombre al que su novio, residente en Barcelona, solo lo quiso vivo y que al recibir sus cenizas las mandó de vuelta a la funeraria por mensajería. Un señor que había maltratado durante años a su mujer, quien celebró la ceremonia como si nada hubiera pasado para evitar las habladurías de la gente y luego se desentendió por completo de sus restos. Una madre y una hija con ciertas adicciones que dieron el último adiós a su esposo y padre muy afectadas pero que se esfumaron sin pagar la factura. Estas son solo algunas de las historias que se almacenan en funerarias de Granada, que guardan «por respeto» los restos de personas incineradas que nadie nunca recogió. Sorprendente, pero cierto.

Una urna no ocupa espacio apenas, el mismo que un jarrón. No cuesta trabajo guardarla durante un tiempo en una habitación. El problema es cuando esa custodia se eterniza y hace del almacén de una funeraria una suerte de limbo de las cenizas. Porque aunque parezca mentira, morir puede reducir a cenizas también los sentimientos, fulminarlos. Esos difuntos olvidados en cuartos, conservados junto a cajas de cartón y archivadores con facturas de otros entierros o cremaciones, suelen ser a veces consecuencia de impagos de los servicios funerarios y otras, prueba de que hay rencores que perviven cuando se deja de existir o desamores que sobreviven cuando se deja de respirar.

«Esto ya no es como antes; estamos muy deshumanizados y el rito de la muerte ha cambiado mucho», asegura el dueño de una de las funerarias de la capital. Prefiere que no salga su nombre, pero él es quien conserva desde «hace seis o siete años» en sus instalaciones las cenizas de las bebés que vinieron al mundo muertas. Sus progenitores nunca recogieron sus restos y allí reposan, como si cuando se encendió el horno para convertirlas en polvo el tiempo se hubiera congelado para siempre para sus padres.

«Antes una persona mayor era una institución, pero ahora se convierte en muchas ocasiones en un estorbo», asegura este empresario con tristeza, pues aunque todos los ancianos que ha incinerado han sido reclamados, sí ha presenciado actitudes de descendientes que le hacen tener esa percepción.

El futuro de las cenizas que almacena el dueño de esta funeraria concreta aún no se puede escribir. «Yo, mientras no me estorben no las voy a tirar», garantiza. «Es una cuestión de respeto», añade. El caso del fallecido cuya urna envió a la Ciudad Condal y le vino devuelta «por mensajería» también está en su anecdotario. «Era una pareja homosexual de Sabadell», detalla, a la vez que comenta que en su negocio antes de incinerar hay que pasar por caja para evitar que las familias se olviden también de las facturas. «En eso soy implacable», subraya.

Los impagos sí están detrás de las dos urnas que guarda la funeraria de Armilla Fermín Criado. Se trata de dos difuntos cuyas cremaciones nunca fueron abonadas y que han dado lugar a las acciones judiciales correspondientes. Los recipientes están en una pequeña habitación que se usa de almacén en la planta de arriba de la oficina central de la funeraria, ubicada en la Calle Real de Motril, en Armilla. Se hallan en un lugar poco ortodoxo para el descanso eterno. Una está visible, sobre una loseta. La otra, se encuentra en la última balda de una estantería metálica, dentro de una bolsa de tela oscura con cierre de cordón. Una de las urnas lleva ahí desde el año 2000. La otra, desde 2002.

«No las tiramos. Ahí están en una esquina, como si fueran un objeto perdido», dice Criado, que deja claro que estas situaciones no se producen normalmente, sino que son «hechos aislados». De hecho, en las tres décadas que ellos llevan prestando sus servicios sólo han registrado esos dos casos. «Al final, las cenizas simbolizan a una persona y, si para ti esa persona en vida no ha representado nada, pues lo mínimo que haces es incinerarlo», añade.

En los dos difuntos que ellos tiene almacenados los allegados dejaron el servicio sin abonar pese a que existen facilidades de pago -esta funeraria, como otras, trabaja con una financiera-. «Lo podían pagar en cuotas pequeñitas, pero no quieren hacerse cargo ni de las cenizas ni de los gastos que ocasionó el servicio», explica. Normalmente, tras estas conductas está tanto la falta de apego al difunto como la falta de recursos.

Las cenizas 'olvidadas' no representan un problema para la funeraria Criado, que recuerda que existen otras opciones si el problema es no querer llevarse la urna a casa. Hay urnas específicas, que cumplen los requisitos establecidos en la legislación vigente, para tirarlas al mar o enterrarlas en el monte. Hay incluso urnas ecológicas que traen semillas y una turba especial para que crezca un árbol -pino amarillo-, una alternativa más romántica a través de la que quien opta por ella se puede sentir más ligado a su ser querido al asumir el cuidado de la planta. Sale por unos 135 euros. En cuanto a la legislación vigente sobre las cenizas, Criado aclara que «no se pueden enterrar cenizas en el monte si no es en urnas biodegradables». Y lo mismo ocurre en el mar: no se pueden arrojar de metal ni de plástico... Hay recipientes fabricados en sal para ello.

Cada vez hay más gente que opta por la cremación. En la funeraria de Armilla, por ejemplo, supone un 30% de los servicios que presta. El coste será mayor o menor dependiendo del lugar donde se depositen. Pueden llevarse a casa, pero también dejarlas en un columbario del cementerio o en la iglesia de las monjas clarisas... El precio también varía en función del tipo de urna que se elija -las hay hasta de bronce-, si se añade una joya... La oferta es variada, pero la mayoría se lleva las cenizas a casa. Sobre el destino de las dos urnas impagadas en Armilla, se quedarán en la funeraria. «Seguirán aquí, pues simbolizan a dos personas y ante todo está el respeto».

Emucesa

El asunto de las cenizas olvidadas constituyó un serio problema en los camposantos de grandes ciudades como Madrid hace años debido tanto a la falta de arraigo del fallecido como al desapego, según explica el gerente de Emucesa -la empresa que gestiona el Cementerio de San José de Granada-, José Antonio Muñoz. En el caso del cementerio granadino, en 25 años que él lleva de gerente sólo ha habido dos o tres casos de cenizas que nunca recogieron, pero estaban rodeados de circunstancias «muy excepcionales». Para evitar que esto suceda, los servicios jurídicos de Emucesa elaboraron un documento en el que si las cenizas no se recogen transcurridos 6 meses, se faculta a Emucesa a depositarlas en el jardín de las cenizas, en un pozo habilitado para ello. «Nosotros el problema lo tenemos solventado hace mucho tiempo», garantizó, al tiempo que explicó que si hay un impago las cenizas se conservan «hasta que se sustancie el procedimiento». Eso no impide que luego haya personas que se deshagan de las urnas sin ningún tipo de reparo. De hecho, en algunas ocasiones han aparecido urnas en los alrededores del cementerio y alguna incluso en los contenedores. Un dato llamativo: actualmente hay un 62% de cremaciones en el cementerio granadino y las visitas, lógicamente, cada año se van reduciendo más.

Lo cierto es que el desapego ha existido siempre, lo que ocurre es que si una familia no vuelve a visitar jamás un nicho es menos visible que si se deja olvidado a su difunto incinerado.

 

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