¿Te juntas?

¿Te juntas?
TICO MEDINA
TICO MEDINA

Acaba de llamarme por teléfono un antiguo conocido de hace muchos años, compañero de academia, la isidoriana, Alejandro Aix, para desearme -muchas gracias, muchas gracias- un feliz Año Nuevo.

Alejandro Aix Gonzales. Y le añadí el segundo apellido al responder a su llamada. Hacía tiempo que no hablábamos. Tiene mi edad, o sea, ochenta y cuatro, y vive en Madrid de siempre, aunque a veces, ahora los veranos nada más, baja hasta la marea de la mar granadina. Hemos hablado un rato para lo que es en sí el protocolo de una felicitación de este tipo. Y sin saber cómo, ha salido la palabra, el palabro en este caso, puesto que soy académico, de muñoso, que como ustedes, los de mi edad casi centenaria, ya saben, lo que es, o quiere decir, por ejemplo, orgulloso, vanidoso, engreído...

Hemos charlado de los huesos. Me recomienda que use bastón, que me ayudará mucho, por que si acaso un día me quiebro, si llevo una tercera pata, que ahora se lleva mucho en la política, por ejemplo en la nuestra, no me caeré del todo. «Tendré de dónde agarrarme», le añado.

Y también para arrearle estopa a uno que venga en un patinete a robarte la cartera creyendo que llevas algo dentro cuando solo acarreas ya la foto, como mucho, de los nietos, que ya tengo yo seis.

Total, que he aprovechado para decirle que yo sigo con mi mochila de dolor, que él también tuvo en su tiempo, y aprovecha para hacerme una definición verdadera con su acento granaíno: «Tú no te olvides que Granada es la mejor tierra del mundo».

Cosa que hago pública a la vez que aprovecho, para preguntarle. ¿Te acuerdas de cuando de niños en el patio del colegio después de pelearnos, te preguntaba el enemigo de casi tu mismo pupitre: ¿Te juntas, o no te juntas?».

Me corrige Alejandro, y va y me dice: «Decíamos te ajuntas o no te ajuntas». Cierto. Lo traslado desde aquí al fervor-furor político del momento que vivimos. No hay más que mirar la que está cayendo. A ver lo que pasa, granaínos míos, que espero que va a pasar algo, y mientras tanto, acudir al viejo dicho infantil de hace ya tantos años, como poco más de medio siglo, eso sí, diciéndolo en todas las direcciones. Hoy por lo visto, por lo leído, a eso se le llama, en general, pacto, postura, declaración de principios, siperono, en lo que es la arquitectura del momento. Es difícil evadirse del momento, aunque haya tanto por decir, y más aún por hacer, así que yo a lo mío, que al fin y al cabo es lo nuestro.

Así que recojo la llamada de Víctor Berrio, alma que fue en su tiempo de Granada en Madrid, con su restaurante granadino, y poco después como secretario de la Casa de Granada, con el que he vuelto a pegar la hebra, y que siempre me tiene al tanto en lo referente a nuestro mismo pensamiento-sentimiento.

«Escolástico, que te llamo para decirte que le van a hacer doctor honoris causa, en Madrid, a nuestro director de orquesta Miguel Ángel, y que quiere que lo sepas. Le he dado tu teléfono y tu mail, para que se ponga en contacto contigo».

A pie de obra

Dicho queda, y a pie de obra, si podemos, estaremos, aunque sea ya con la ayuda de ese bastón, que me va siendo necesario. Alguno tengo aunque en el cuarto de arriba, que es el baúl de los recuerdos, uno que me traje de África, de patriarca de los masáis, los bebedores de sangre de vaca, que dan esos saltos tan grandes, otro que me regalaron los pastores de la sierra de Luna en León, porque los defendí en el ABC, contra el doctor Rodríguez de la Fuente, contra el lobo que bajaba con hambre hasta los poblados del frío de la dura montaña a ver si quedaba algo que llevarse a la boca, aunque fuera en la basura, el bastón, que lo tengo pero que no lo encuentro, como tantas otras cosas, lleva una dedicatoria, que dice: «Para un célebre señor, periodista sin igual, grabó este palo un pastor, a la sombra de un rosal».

Una joya. Tengo también la promesa, no confirmada, de mi amigo Merino, del que no sé nada hace mucho tiempo, y que me aseguró que el que él llevaba esa noche era de Manuel Benítez Carrasco, el poeta granadino, formidable, que al final de su vida, ya estaba casi ciego del todo, bajo su gorrilla de viejo novillero, aquel ya saben de:

Placeta del Salvador

con tres acacias al viento

y mi madre en el balcón.

Pero tampoco quiero hacer aquí la crónica de la tercera pierna, que tiene su punto erótico, sobre todo cuando ya no existe, la pierna digo, bastón aquel del hombre que se subió a la escena en Asturias, blandiendo el suyo, enorme, tanto susto me dio, que caí de rodillas, menos mal, que aquella criatura vaquera se apresuró a gritar cuando vio mi, lógico, derrumbamiento.

¡Este es mi bastón personal, y minero de Mieres, y se lo quiero traer a usted como regalo, porque es lo mejor que tengo!

Paisano y cronista

Como les cuento. Aparte de otras muchas cosas, como por ejemplo en saber, a veces existe el bastón de la palabra, que a mí me acompaña tanto, aunque también se llama callado, porque nunca dice nada y te acompaña, o si es cayado del otro es que viene de cayo; de cayo de árbol, digo yo. Y eso que tengo aquí cerca el diccionario de la lengua española, eso sí, al lado de la cabeza de mármol del premio Pedro Antonio de Alarcón, que siempre acaricia mi nieta Macarena cuando se atreve a entrar en el camarote de náufrago de Granada.

Que sepa usted paisano, y cronista, que las granadas más ricas, del mundo entero, están en el pueblo del que es el presidente de la Casa de Granada.

No doy nombres por si se me cabrean otros pueblos, aunque sí que quiero decir, que un granadillo de patio, a cuya sombra se escribe su faldeta diaria en El Mundo Raúl del Pozo, inspirándole, dándole cobijo en su casa de Madrid.

Saludo a una persona más joven que yo, de rostro que no me es familiar, porque nunca me llamó a su despacho en los tiempos de la tele, en un restaurante al que a veces voy cuando nos guardan un sitio, para almorzar en familia, que está en el barrio de Argüelles.

-¿Pero tú, Medina, no sabes quién soy?

-No caigo amigo. ¡He visto a lo largo de mi vida a tanta gente!

-¿Qué te dice Calviño? Fui tu director general mucho tiempo en Televisión Española.

Cierto. Verdad de la memoria, más que histórica, profesional. Eso sí, aprovecho porque era verdad lo que decía que a veces no es necesario para sobrevivir, el decirlo.

Padre de la nueva ministra de Economía, que a mí me cae muy bien y que no lo tiene fácil, la Calviño.

Cómo pasa el tiempo. Le doy la mano con cariño que es como si le dijera, por qué no decirlo, «me junto contigo jefe», que el tiempo lo cura todo, o casi todo.

Leo en mi periódico, IDEAL, que cierra Bodegas Espadafor, que forma parte sin duda, de mi memoria melancólica. Nunca fui muy bebedor, pero si acaso un vermut, si acaso con aceituna, aún no había llegado el sabor de la ginebra del gin tonic, el vermut que ahora se vuelve a a llevar, y la barra aquella larga siempre llena de gente donde servidor, como otros muchos, pedía aquella papa asá, con acento en la cuarta a, a la que llamaban la perdiz. Bodegas Espadafor, que me aventuro a decir que tenía, últimamente, igual me equivoco, ese licor de hierbas, claro, que lleva el nombre de mi Fray Leopoldo de Alpandeire que habita en mi alcoba, cerca de mi cama y al que todos los días al acostarme o al levantarme le paso la mano por la cabeza, por si quiere algún día echarme una mano, que siempre me hace falta.

Me alegra mucho saber que los hijos de Julio Iglesias, con el que tanto hablé de Granada, tantas veces, por tierra en su Rolls, por aire en su avión privado, por agua en el yate que se balanceaba al pie del embarcadero de su casa de Miami, en Indian Creek, número cinco, durante tanto tiempo, cuando escribía el libro de su vida.

Y sobre todo, que teniéndolo todo, o casi todo, o han pasado muy bien en sus días de nieve en nuestra casa.

Y recibo un par de cartas a las que doy contestación urgente porque es difícil que ya te escriban cartas de verdad de las que llevan sobre y sello. Y es la carta de mi viejo amigo y compañero, JJ Benítez, el de los misterios, el que más sabe de los ovnis, las palabras escritas en el cuaderno de los dioses de Nasca en el Perú.

A veces baja a Granada, que guarda tantos misterios, en los que él sigue investigando y porque vive aquí cerca, sobre el mar nuestro, cerca de la de Paloma San Basilio, que tan bien cantaba Granada...

Y luego encuentro una carta entre los viejos papeles, del seis del ocho del trece, perdón por la tardanza mi querido amigo, ya, diplomático, José María Garzón, desde el carmen de San José, en Granada, que me trae tantos recuerdos. Perdón, pido perdón, por haber tardado tanto en hacerlo, y que me manda además «un fuerte apretón de manos» y que como tengo su móvil, que me lo da generosamente, le prometo, que le llamaré en cuanto pasen estos días, ¡qué elegante el escudo azul de sus cartas!

Y termino por hoy, haciendo a todos los que me lean, por si conservo aún viejos medioenemigos, que claro que debo tenerlos, tanto tiempo en el combate, esta pregunta que sigue viva, al menos en mis recuerdos: ¿Te juntas? Pregunta que ahora nos hace tanta falta, en todos aspectos, y por supuesto, en la feroz pelea de la política.