José Vida Soria: uno de los más importantes juristas críticos europeos del Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social

José Luis Monereo Pérez | Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social en la Universidad de Granada. Presidente de la Asociación Española de Salud y Seguridad Social (Aesss)

José Vida Soria: uno de los más importantes juristas críticos europeos del Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social
JOSÉ LUIS MONEREO PÉREZ

«[…] Lleva tal delantera lo que ocurre

a nuestro pensamiento, que jamás

sabremos cómo pudo ser de veras.

no te avergüence estar entre los muertos

que siguieron constantes hasta el fin

(¡Qué es ese fin?) Tú cruza las miradas

con ellos, como tengan por costumbre:

nuestro duelo por ti no ha de cargarte

de modo que les seas raro. Aquellas

grandes palabras de otros tiempos, cuando

se veía a su acontecer, nos faltan.

¿Quién habla de vencer? Quedar es todo»

RAINER MARIA RILKE, «Requiems» (1908)

1.-El Profesor José Vida Soria, ha fallecido el día 3 de Enero de 2019, después de una rápida enfermedad. Tenía 81 años. El profesor Vida Soria ha sido –sin duda- uno de los Grandes Maestros del iuslaboralismo europeo y español. Él ha sido ejemplo de jurista crítico del Derecho fuertemente comprometido con la democracia y la justicia social. Sus discípulos siempre hemos manifestado el reconocimiento a su labor y afecto hacia su persona. Debe destacarse su extraordinaria talla humana. Reconocimiento al que seguro se suman, sin duda, un importante número de profesores de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social y de otras disciplinas en el campo de las ciencias sociales y jurídicas y otras personas del ámbito político, sindical y de la Administración. Todos los que nos hemos formado con él y, en general, todos los que le conocen bien, reconocemos la extraordinaria contribución que el Profesor Vida ha supuesto, desde el campo universitario, institucional, político y social, en la construcción del moderno y democrático Derecho Social del Trabajo en nuestro país.

Cabe realzar que su obra científica es extensa (más de ciento cincuenta títulos), pese a que él siempre se consideró ágrafo, y es, sobre todo, intensa, rigurosa, crítica, aguda y sugerente. Muchas de sus obras son referentes nacionales e incluso internacionales y ponen de relieve, no sólo a un acreditado especialista en materia laboral y de Seguridad Social, sino también a un verdadero jurista, a un jurista integral, preocupado por comprender y explicar el Derecho pero atendiendo también a una especial preocupación por la historia, la filosofía, la ciencia política y la sociología. El reconocimiento nacional e internacional de los méritos científicos del Profesor Vida y su propia vocación internacionalista se tradujo en el desempeño de numerosas actividades de carácter institucional y técnico-jurídico.

Su visión metodológica (plasmada en el Programa para el estudio del Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social que se imparte en la Universidad de Granada, inicialmente redactado por él, y en los Manuales de Derecho del Trabajo, de Derecho Sindical y de Seguridad Social realizados en colaboración con algunos de sus discípulos) responde fundamentalmente al «realismo normativista» o «normativismo realista». Su actividad de investigación jurídica y su actividad docente han estado presididas por el análisis del Derecho y la referencia continua a la realidad social en la que el fenómeno jurídico aparece, a partir de los esquemas básicos del normativismo esencial a la ciencia del Derecho.

Desde su Cátedra de la Universidad de Granada (y antes en las Universidades de Madrid y de Salamanca), su labor ha estado presidida por su espíritu abierto y pluralista, por su afán permanente de compartir saberes e inquietudes y, sobre todo, por el compromiso en distintos ámbitos.

Compromiso con sus alumnos, a través de una actividad docente ininterrumpida desde 1959, con su empeño en educar hombres y no en fabricar profesionales situados, por decirlo con palabras de Francisco Giner de los Ríos, y desde la perspectiva humanista de que la educación del hombre es condición previa para la realización de la justicia y la participación efectiva en la sociedad.

Compromiso con quienes hemos querido ser sus discípulos, haciéndole a él nuestro Maestro, despertándonos dudas, sembrando inquietudes, formándonos para la disconformidad, abriéndonos caminos y permitiéndonos recorrerlos desde el más absoluto respeto a la libertad de cada uno, pero sin dejar de expresar su propia opinión, y estando siempre dispuesto a prestar el consejo y la ayuda precisa.

Compromiso con la Universidad, participando activamente en la permanente y necesaria renovación universitaria y, especialmente, desde su dedicación como Rector de la Universidad de Granada, durante el período constituyente iniciado tras la aprobación de la primera Ley de Reforma Universitaria.

Compromiso igualmente con la sociedad, que le ha llevado a asumir importantes responsabilidades políticas, especialmente en momentos relevantes para la consolidación del Estado democrático en España. Basta reparar tan sólo en su condición de miembro de la Comisión Constitucional Mixta Congreso-Senado, encargada de dar la última versión de la Constitución española de 1978, siéndole concedida la Orden al Mérito Constitucional y la Cruz de San Raimundo de Peñafort.

El Profesor Vida pertenece a la categoría de los buenos profesores, de los maestros, de los que prenden fuego en las almas nacientes de sus discípulos, algo más escaso que los artistas virtuosos o los sabios. Su compromiso de vida ha sido una «lección de maestro» (en el sentido preciso dada a esta expresión por George Steiner). Es lo cierto que una sociedad como la del beneficio desenfrenado y el cultivo de lo efímero, que no honra a sus Maestros, es una sociedad fallida, aparte de injusta.

Permítaseme reproducir aquí un texto especialmente querido por el Profesor Vida, de uno de sus libros de cabecera: «Juan de Mairena», de Antonio Machado. El primer día de clase de cada curso académico el Profesor Vida se presenta ante sus alumnos con estas palabras, de las que quiero realzar el párrafo final:

«Pláceme poneros un poco en guardia contra mí mismo. De buena fe os digo cuanto me parece que puede ser más fecundo en vuestras almas, juzgando por aquello que a mi parecer, fue más fecundo en la mía. Pero ésta es una norma expuesta a múltiples yerros. Si el empleo es por no haber encontrado otra mejor. Yo os pido un poco de amistad y ese mínimo de respeto que hace posible la convivencia entre personas durante algunas horas. Pero no me toméis demasiado en serio. Pensad que no siempre estoy yo seguro de lo que os digo, y que, aunque pretenda educaros, no creo que mi educación esté mucho más avanzada que la vuestra. No es fácil que pueda yo enseñaros a hablar, ni a escribir, ni a pensar correctamente, porque yo soy la incorrección misma, un alma siempre en borrador, llena de tachones, de vacilaciones y de arrepentimientos. Llevo conmigo un diablo –no el demonio de Sócrates-, sino un diablejo que me tacha a veces lo que escribo, para escribir encima lo contrario de lo tachado; que a veces habla por mí y otras yo por él, cuando no hablamos los dos a la par, para decir en coro cosas distintas. ¡Un verdadero lío! Para los tiempos que vienen, no soy yo el maestro que debéis elegir, porque de mí sólo aprenderéis lo que tal vez os convenga ignorar toda la vida: a desconfiar de vosotros mismos» (Antonio Machado, «Juan de Mairena. Sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo (1936)». Editorial Castalia, Madrid, 1971). Principio de la duda y de la autocrítica, necesario para vivir la vida de modo responsable y existencial.

También advertía contra la soberbia e impostura intelectual de que afirma ser «autodidacta». Lo que conecta, de nuevo, con el pensamiento de Machado: «Nunca os jactéis de autodidactos, os repito, porque es poco lo que se puede aprender sin auxilio ajeno. No olvidéis, sin embargo, que este poco es importante y que además nadie os lo puede enseñar» («Juan de Mairena»).

2.-En el Profesor Vida Soria concurren la cualidad de una persona que ha gozado de reconocido prestigio académico, científico e investigador y social, tanto a nivel nacional como internacional, así como una destacada y continuada actividad de servicio a la Universidad de Granada, en la que ha venido desempeñando su actividad docente e investigadora desde cerca de cuarenta años y en la que ha ocupado diversos cargos de Gobierno dentro de la misma.

Es de realzar su proyección en todos los ámbitos realmente relevantes para que mereciera el doctorado «Honoris Causa» por la Universidad de Granada en 2008.

Algunos datos de su currículo que avalan lo expuesto son:

- Proyección Universitaria-Institucional:

El compromiso del Profesor. Vida Soria con la Universidad en general y, en particular, con la Universidad de Granada siempre le impulsó a asumir diversos cargos de responsabilidad en la gestión, entre los que destaca el haber sido Rector de la Universidad de Granada durante el período de 1984 a 1989 (El primer Rector de la Democracia). Precisamente en la fase constitutiva del proceso de democratización del conjunto de la Universidad española.

- Proyección Social y Político-Jurídica:

El compromiso social del Prof. Vida Soria le ha llevado a asumir importantes responsabilidades políticas, especialmente en momentos relevantes para la consolidación del Estado democrático en España.

Fue Senador en la Legislatura Constituyente (1977-1979), período durante el cual fue Presidente de la Comisión de Economía del Senado, en su primera formación; Presidente de la Comisión de Trabajo del Senado; Secretario Primero de la Comisión Constitucional del Senado; y Miembro de la Diputación Permanente del Senado.

Ha sido también miembro de la Comisión Constitucional Mixta Congreso-Senado, encargada de dar la última versión de la Constitución española de 1978, lo que le valió ser condecorado con la Medalla al «Mérito Constitucional».

Fue Diputado en la Primera Legislatura (1979-1981); Vicepresidente segundo de la Comisión constitucional del Congreso de los Diputados; y Miembro de las Comisiones de Trabajo, de Sanidad y de Seguridad Social, del Congreso de los Diputados. Todos recordamos su compromiso y valentía cuando entró por voluntad propia en el Congreso de los Diputados tras iniciarse el golpe de Estado del 23-F. Y ello pese a la advertencia que le hizo el General Prieto de la Guardia Civil en la puerta del Congreso: «Entra si quieres, te van a matar igual».

- Reconocimiento internacional

El reconocimiento internacional de los méritos científicos del Prof. Vida Soria y su propia vocación internacionalista se ha traducido en el desempeño de numerosas actividades de carácter técnico-jurídico de ámbito internacional:

Me gustaría destacar su condición de miembro del «Comité de Expertos Independientes para el seguimiento y control de aplicación de la Carta Social Europea» del Consejo de Europa (Estrasburgo), durante el período de 1984-1990 y nuevamente reelegido para un nuevo mandato durante el período 1990-1996, siendo Presidente de este Comité durante el período de 1992-1994. La Carta Social Europea ha sido desde su promulgación la verdadera «constitución social» europea del trabajo.

Ha sido también miembro «Experto Independiente» del «Observatorio de Relaciones Industriales» de la Comunidad Económica Europea (División V), con sede en Bruselas, 1986-1989; miembro de la Comisión de Expertos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), con diversas misiones internacionales; Comisionado del Director General de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), como experto Independiente, en numerosas ocasiones para realizar una misión de «Contactos directos» ante diversos Gobiernos.

- Proyección científica e influencia de su pensamiento jurídico desde una perspectiva humanista

En él se unifica vida y obra científica. Es de realzar su compromiso con los valores constitucionales y su defensa del socialismo democrático. La obra científica del Prof. Vida Soria evidencia que no se trata sólo de un acreditado especialista en la materia laboral y de Seguridad Social, sino de un jurista integral que ha merecido el reconocimiento tanto en España como en el ámbito internacional. Ello es así desde el otorgamiento del título de Doctor en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid (Primer Premio extraordinario, Sección Derecho Privado, 1962).

Su obra científica comprende más de 150 títulos, muchos de los cuales son referentes nacionales e incluso internacionales en materia socio-laboral (Seguridad Social, Relaciones Laborales, Derecho Sindical, Derecho del Empleo, Prevención de Riesgos Laborales, Derecho Administrativo Laboral; de ello queda constancia en su «Curriculum vitae», hecho público). No es, sin embargo, el número de publicaciones lo importante, pues lo que realmente es relevante es su calidad y su influencia en el desarrollo del Derecho Social. En tal sentido es bien conocida su labor en la fase de edificación del sistema contemporáneo de la Seguridad Social (antes y después de la promulgación de la Constitución de 1978, en cuya versión definitiva, como se ha dicho, intervino directamente), y, asimismo, en la etapa de construcción del actual sistema de relaciones laborales (donde destaca su participación directa en la redacción de la Ley del Estatuto de los Trabajadores, columna vertebral de dicho sistema, además de la participación en el conjunto de las normas sociolaborales básicas de desarrollo legal de las previsiones constitucionales). Importa retener que su producción científica ha contribuido decisivamente a alumbrar el nuevo ordenamiento legal español en virtud de un conjunto de trabajos de investigación de singular valía.

Puede apreciarse en el Prof. Vida su inagotable defensa de la verdad y compartía el pensamiento de Antonio Machado cuando ésta a través de su heterónimo «Juan de Mairena» afirmaba que: «No penséis que vuestro deber de retóricos (se refería a los que se consagran en a la política) es engañar al hombre con sus propios deseos; porque el hombre ama la verdad hasta tal punto que acepta, anticipadamente, la más amarga de todas»). No es de extrañar que sus clases fuesen comunicativas, basadas en el diálogo y en la conversación con sus alumnos. Incitaban a pensar reflexivamente.

Su Magisterio se ha traducido en la formación de una importante Escuela científica que se proyecta ampliamente dentro y fuera de Andalucía; Escuela que cuenta con varios catedráticos que han sido directos discípulos suyos, y un plantel amplísimo de investigadores. Esta Escuela ha surgido –quizás incluso a pesar suyo, pues no es una persona dada a «crear» Escuelas de pensamiento- gracias a su extraordinaria capacidad crítica; su capacidad para la crítica «disolvente» para desmontar (des-construir, dicen los filósofos postmodernos) los modos de pensamiento supuestamente «fuertes» y cómodamente «establecidos». Es la capacidad sana para la crítica. Nos enseñó en la práctica, con Baltasar Gracián, que no se nace hecho. Cada día uno se va perfeccionando en lo personal y en lo laboral, hasta llegar al punto más alto, a la plenitud de cualidades, a la eminencia. Nos enseño la práctica, a venerar nuestra capacidad crítica, pues de ella depende que nuestra guía interior opine según la naturaleza y la razón (como decía Marco Aurelio en sus «Meditaciones»). A esta labor aporta un «método» -de uso particularmente intensivo en él-, a saber: «la provocación» y la reconducción al «extremo» de sus últimas consecuencias lógicas y prácticas de toda argumentación jurídica o sociopolítica. Para él la interdisciplinariedad no era una opción, sino una necesidad de la tarea en el campo del saber. Con los excesos de especialización, no crece el volumen total de la cultura, pues como decía, de nuevo, Antonio Machado: Esta concepción «es la ilusión y el consuelo de los especialistas. ¡Lo que sabemos entre todos»! ¡Oh, eso es lo que no sabe nadie!» («Juan de Mairena»).

Además, en virtud de su reconocimiento científico fue nombrado Consejero de Estado (Miembro electivo del Consejo de Estado), desde diciembre de 1990 hasta julio de 2003, y recibió la Cruz de Honor de la Orden de San Raimundo de Peñafort al Mérito Jurídico.

Para terminar, decir que el tiempo –ese «gran escultor» («Le temps, ce grand sculpteur»), al que se refería Marguerite Yourcenar)- deja a cada persona en su lugar en el mundo. Tal vez un día comprendan todos que el Profesor Vida cumplió, como nadie, su deber nato de intérprete y analista de una parte de nuestra democracia constitucional, de nuestro siglo y del porvenir. El viaje aquí ha terminado, pero no termina en lo relativo a lo muchísimo que nos queda de su Magisterio, de su obra y de su papel en la construcción del sistema constitucional y de tutela internacional de los Derechos Humanos. ¡Adios y hasta siempre! querido Maestro y amigo; siempre estarás con nosotros.