«Incorporamos la comunidad al centro educativo para crear una escuela abierta a las familias y al barrio»

Juan José Medina supervisa a varios alumnos del colegio Escolapios Cartuja Luz Casanova durante una actividad de la Comunidad de Aprendizaje. / ALFREDGO AGUILAR

Juan José Medina forma parte de la Comunidad de Aprendizaje, en la que padres, vecinos y alumnos de la UGR desarrollan actividades interactivas de apoyo en diferentes colegios de Granada

ROSA SOTOGRANADA

Son las nueve de la mañana y los últimos padres se despiden de sus hijos en la puerta del colegio de los Escolapios Cartuja Luz Casanova. Juan José Medina e Isabel Rodríguez acuden regularmente a esta escuela, al menos una vez por semana, desde hace nueve años. Son dos de los 90 voluntarios que componen la Comunidad de Aprendizaje y que se distribuyen en 15 centros educativos de Granada. Todos ellos participan en las actividades programadas por el profesor y con las que los niños desde los tres años hasta los 16 salen de la rutina lectiva para explorar nuevas formas de aprendizaje.

Esta comunidad está compuesta por madres, padres, vecinos y alumnos de diferentes carreras de la Universidad de Granada (UGR), pero sobre todo de magisterio, que quieren hacer de los colegios unos verdaderos centros de experimentación y del conocimiento, donde no todo se rige por los libros y las lecciones de toda la vida. Tertulias dialógicas, debates, lecturas y otros talleres se incorporan a las aulas con la participación de voluntarios que quieren impulsar diferentes formas de aprendizaje para sacar lo mejor de cada alumno, que se reflejan en una mejora de los resultados académicos.

«Con la Comunidad de Aprendizaje, incorporamos la comunidad al centro educativo para crear una escuela abierta a las familias y al barrio», explica Juan José. De esta manera, los niños se dividen en cuatro grupos de entre cuatro y cinco alumnos, todos ellos supervisados por un adulto, sea o no familiar, vecino o estudiante de la UGR, para llevar a cabo las actividades definidas por el profesor y cuyo objetivo es reforzar determinadas aptitudes, como la expresión oral, o impulsar el pensamiento y la experimentación con o sin libros. «Así se crea un dinamismo diferente que genera mejores resultados» no sólo académicos, sino también de satisfacción.

Mejores relaciones

Los voluntarios de la Comunidad de Aprendizaje son mucho más que personal de apoyo, son parte del motor de las actividades que realizan los menores. Estos talleres representan «un cambio cualitativo muy grande» en la educación de los pequeños con los que se establece «una relación muy especial», en palabras de Juan José, quien añade que hay estudios científicos que avalan los buenos resultados de esta modalidad de aprendizaje. Sin embargo, esta iniciativa va más allá de los resultados y conceptos puramente académicos y ayuda a estrechar vínculos personales entre todos los participantes.

«Me aporta mucha riqueza colaborar con todos los profesionales y universitarios que participan. Se trata de evitar la teorización y poner en contacto a los niños con la realidad», añade Juan José. Por su parte, su compañera Isabel destaca precisamente la importancia de las relaciones que se establecen entre los voluntarios, los profesionales y los estudiantes. La única limitación que señala es el horario, ya que las actividades se llevan a cabo por la mañana. Sin embargo, desde la dirección del colegio Escolapios Cartuja Luz Casanova han complementado esta programación matutina con sesiones de biblioteca tutorizadas por la tarde.

Más motivación

El director de esta escuela, Ion Aranguren, ve la Comunidad de Aprendizaje como la mejor herramienta para impulsar la participación y fomentar las interacciones de los alumnos con actividades de diálogo y escucha. «Con los voluntarios se impulsa la motivación de los niños, les gusta que vengan adultos a pasar el tiempo con ellos porque se acaban convirtiendo en referentes para ellos. Es muy positivo», destaca Aranguren. Tanto la puerta de su despacho como los pasillos del colegio están plagados de carteles y dibujos que han hecho los propios estudiantes y donde se leen mensajes que remarcan la educación, el respeto y el civismo como, por el ejemplo, el lema «Trata a los demás como te gusta que te traten a ti».

Con la Comunidad de Aprendizaje la «vida entra al colegio». Para el director del Luz Casanova es una manera de transformar el entorno y la vida de los alumnos, pero también de cambiar los esquemas de la educación gracias al acompañamiento de los voluntarios. Lo mejor de todo es que los estudiantes de magisterio o de otros grados universitarios de la UGR también se benefician de la experiencia para su formación como futuros profesores o pedagogos. Así todos salen ganando. A lo largo del primer trimestre del actual curso académico colaboraron 130 voluntarios entre las sesiones de las mañanas y las actividades programadas por la tarde. Desde este colegio esperan seguir fomentando una educación abierta que potencia y explore todas las aptitudes de los niños más allá de las competencias curriculares.