«Gracias, gracias y gracias»

Habla el equipo médico al que iba dirigida la carta de agradecimiento al Materno Infantil publicada en IDEAL

Foto de familia con los profesionales que trataron a Rosa durante su lucha contra el cáncer./PEPE MARÍN
Foto de familia con los profesionales que trataron a Rosa durante su lucha contra el cáncer. / PEPE MARÍN
ÁNGELA MORÁNGRANADA

«Gracias, gracias y gracias». Es la expresión que se escuchaba en la primera planta de Oncología Ginecológica del Materno Infantil durante la visita de la familia Álvarez García. Palabras que provenían del equipo médico y que se sumaban a los de los familiares que, aunque emocionados, tuvieron el valor para acercarse a los pasillos que observaron la dura lucha que libró Rosa, madre y esposa, contra el cáncer. Su familia agradeció en una carta publicada en IDEAL el trabajo y cariño de los profesionales del hospital.

«Muchos familiares no se atreven a volver a entrar por estas puertas e incluso, cuando nos cruzamos por la calle, son reacios a saludarnos porque afloran miles de recuerdos que por desgracia muchas veces son malos», explicaba Estefanía Martínez, supervisora de Enfermería y, en definitiva, amiga de Rosa.

Los médicos de esta planta del Materno son conocedores de que trabajan en un sitio en el que se dan «malas noticias». Las caras, los gestos y las miradas que cada jornada se cruzan en sus caminos son muy diferentes a los de la planta de Maternidad. En otros departamentos reciben 'vida' y los pasillos están repletos de ilusión y alegría; en el caso de la primera planta de Oncología, los sentimientos son muy diferentes aunque, dicen, «al final también son bonitos a su manera».

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Todos los médicos que en mayor o menor medida trataron con esta familia no han dudado en hacer un pequeño parón en sus labores para recibir con los brazos abiertos a los que se convirtieron en amigos y compañeros. «Tenemos que aprender de ellos, ellos nos han enseñado a cómo llevar estas situaciones y ojalá todas las familias que desgraciadamente tienen que pasar por esto estuvieran tan unidas como ellos», manifestó Martínez haciendo referencia a la comprensión que mostraba Cristina, incluso tratándose de una mala noticia. «Llega un momento en que somos como una familia porque pasamos muchas horas juntos». «Reímos, lloramos y les ayudamos en lo que podemos, pero nosotros también lo pasamos mal», añadió emocionada la supervisora, que durante la visita no dudó en abrazar en repetidas ocasiones a Cristina Álvarez, hija de Rosa.

«Llevo muchos años colaborando con el hospital y ésta es mi planta». Son palabras de Remedios Muñoz, psicóloga que destaca la complejidad de trabajar en el lugar donde «se diagnostica el cáncer». «Hay situaciones muy difíciles, pero es verdad que intentamos atender a cada familia en todo lo que necesite». «Esta carta la hemos recibido con mucha alegría, es un trabajo diario y estamos encantados de hacerlo». «Lo importante para un médico no sólo es tener el conocimiento, también es primordial ser humano y persona con los pacientes que tratamos a diario, eso es lo que pretendimos con Rosa y lo que queremos para todos los pacientes que tenemos en nuestra planta», señaló Susana Ruiz, ginecóloga del centro hospitalario.

Pilar Vargas, médica de oncología radioterápica fue quien se encargó en un primer momento del tratamiento de radioterapia y braquiterapia. «Nuestro objetivo en un principio era establecer un tratamiento curativo pero, por desgracia, muchas veces en estas enfermedades no podemos conseguir nuestro deseo», lamenta. «En el caso de esta familia, aunque no pudimos alcanzar esta meta, siempre han trasmitido palabras de cariño y agradecimiento a todo el equipo médico». «Estar en tu casa y ver una noticia en la que te mencionan y se acuerdan de ti, se agradece muchísimo».

Una historia con fatal desenlace en la que la familia Álvarez García ha tenido que implorar muchas veces «fuerza», y que hoy la tiene, en parte, por la atención que les han ofrecido los facultativos.

La familia de sanitarios

«Desde primera hora que entramos en la planta tropezamos con esta familia, gente muy 'apañá' y muy profesional que ha hecho todo lo que ha podido desviviéndose por mi mujer», expuso Carlos Álvarez. Palabras difíciles de pronunciar, razón por la que Cristina decidió plasmarlas en una carta publicada en IDEAL que, en pocas horas, se hizo viral en redes sociales.

«Mi madre ha sido la que me ha empujado a hacerlo, estoy muy orgullosa y muy contenta porque ella ha querido mucho a esta gente, las personas que la han arropado en los momentos más duros». Sentimiento similar al de su hermano Carlos, que lo resumía en: «No tengo palabras para describir a este equipo maravilloso».

Muchos profesionales de la medicina –nombrados en la carta– y una limpiadora han vivido durante un año el arduo proceso del desarrollo del cáncer. Algunos de ellos no conocían el porqué de su mención: «El doctor Santalla no sabía qué acto había realizado digno de mención y le conté la ocasión que por primera vez mi madre entro en quirófano. Él le agarró la mano para tranquilizarla, hasta el punto de que se emocionó y lloraron juntos», relató Cristina, y añadió: «Es imposible enumerar la cantidad de gestos que pasan desapercibidos pero que existen».

«Muchos lloros y muchas risas». Un día a día en la primera planta del Materno que comparten decenas de familias en su lucha contra esta enfermedad. Los Álvarez García, «de Pinos Puente, para que se vea que también tenemos buenas noticias», han peleado con todo lo que estaba en sus manos.