Educación registró en Granada 50 casos de acoso durante el curso pasado

Los casos de acoso se desarrolla principalmente en los últimos cursos de Primaria y en la ESO./EFE
Los casos de acoso se desarrolla principalmente en los últimos cursos de Primaria y en la ESO. / EFE

Esta problemática se ha reducido un 30% en los últimos dos años, lo que muestra que «las herramientas de prevención funcionan», según Educación

Sarai Bausán García
SARAI BAUSÁN GARCÍAGRANADA

El acoso escolar se ha convertido en una de las problemáticas contra las que más arduamente se lucha pero que aún continúa teniendo un peso considerable en las aulas. Una realidad que intenta ser desenquistada en el territorio nacional y de la que no ha podido escapar la provincia de Granada. Según los datos recopilados por la delegación de Educación, en el último curso académico fueron aproximadamente 50 los casos de acoso escolar que llegaron a sus manos. «Son muy poquitos y se han reducido en los últimos dos años en más de un 30%, lo que muestra que las acciones de prevención funcionan», afirma Lorenzo Capellán de Toro, inspector de Educación y presidente de ADIDE, la Federación Inspector de Educación Andalucía.

Entre las actuaciones desarrolladas por la institución para conseguir que año tras año se disminuya esta cifra se encuentra la revisión y actualización de los planes de convivencia de los centros para incorporar medidas para la prevención del acoso y el ciberacoso. Asimismo, se está formando al profesorado que tiene que intervenir en estas situaciones. «A nivel provincial tenemos el gabinete de la convivencia, que son expertos en asesorar y trabajar con los centros para mejorar la convivencia», indica.

El 90% de los casos se intensifican en Internet

En noviembre de 2016, el Ministerio de Educación puso en marcha un teléfono contra el acoso escolar -900 018 018- que ha recibido un total de 25.888 llamadas desde que empezó a funcionar hasta el 15 de diciembre del pasado año. De todas ellas, se detectaron casi 9.000 posibles casos de bullying.

Se trata de una problemática a la que se ha sumado un nuevo terreno de juego en los últimos años: las redes sociales. Las situaciones de vejación hacia los más jóvenes no solo se desarrollan ahora en los patios de colegio o en las aulas en horario lectivo, sino que, durante las 24 horas del día y en cualquier lugar, una persona puede convertirse en el blanco de la ira de una infinidad de personas.

Según los datos con los que cuenta la concejalía de Educación, en torno al 90% de los casos de acoso escolar que se producen en el territorio español se extienden y reproducen también en Internet, lo que incrementa la sensación de angustia, ansiedad y la falta de perspectivas de que acabe ese «infierno».

Testimonios

«Con diez años, los niños tienen teléfono y muchos de ellos pueden hacer uso de él sin restricciones, lo que hace que puedan ser usado para seguir insultando a un compañero, avasallarlo. Los centros intentamos controlarlo, pero necesitamos que los padres se involucren», señala Lorenzo Capellán, inspector de Educación.

Desde las instituciones se han desarrollado una serie de directrices para que los centros sepan cómo abordar los casos de ciberacoso y, aunque se produzcan en horario no lectivo o fuera del centro, el colegio pueda intervenir y sepa cómo hacerlo. Como ayuda para que los profesores sepan ver posibles casos de acoso en clase, se ha creado una guía que muestra los indicadores a observar en el aula. Entre ellos se encuentran la modificación del carácter del menor, el brusco descenso en su rendimiento escolar, el abandono de aficiones, la angustia, el nerviosismo y la ansiedad; la negativa a asistir al centro y la pérdida de capacidad de concentración. A esto se suma la pérdida de confianza en sí mismo y aislamiento.

Para Rafael Romero, presidente del Instituto para la Prevención del Acoso Escolar (IAPAE), los principales inconvenientes que se encuentran para poner freno al acoso escolar son la «inacción» de los colegios e institutos y la falta de utilidad del protocolo de actuación. A esto se sumaría la ley del silencio que impera en estos casos: «Si los iguales no hablan y no ayudan a la víctima, nunca se podrá parar el acoso escolar».

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