El duro pasado de una panadera granadina que lucha por sobrevivir: «Casi la mitad del sueldo se me va en alquiler»
Con un duro pasado en Honduras, Heidy Betancos sueña con poder estudiar para ingresar en la Policía, los 'héroes' de su pequeño fallecido en Granada
I. Gallastegui
Granada
Sábado, 15 de noviembre 2025
Heidy Betancos dejó atrás hace dos años Honduras huyendo de la inseguridad de su país y de un pasado doloroso. Criada en un orfanato, 'recuperada' a los 11 años por sus padres biológicos, en extrema pobreza, y madre soltera, llegó a España sin nada, en un vuelo que le pagó una hermana residente en Madrid. Unos meses después, la nueva vida que se había prometido se desgarró de la peor manera posible: su pequeño enfermó y murió, y ella quedó rota, sola y sin esperanza. Hoy, con ayuda de varias ONG y mucha gente buena, se recupera de las heridas y ha encontrado una casa, un trabajo y una ilusión, la de convertirse en policía o militar para ayudar a otras personas que sufren como ella ha sufrido. «Me nace del corazón ayudar a las personas que tienen necesidad, regresar un poco de lo que a mí me han dado», explica.
Heidy tiene 26 años, una sonrisa dulce y unos ojos cálidos a los que asoman las lágrimas cuando recuerda. Al aterrizar en España, su hermana no pudo acogerla y ella pidió ayuda a una prima lejana que le buscó una habitación en Granada. Pero aquel piso, abarrotado de familias, no era lugar para ella y su hijo, y al cabo de un mes se vio en la calle, sin papeles y con un niño pequeño del que cuidar. En aquella situación desesperada la ayudaron las ONG Integración para la Vida (Inpavi) y Ocrem, «dos manos amigas» que la alojaron en una casa-hogar, buscaron guardería para el niño y le facilitaron productos del Banco de Alimentos mientras ella buscaba pequeños trabajos para salir del paso.
La muerte del pequeño la sumergió en un pozo profundo. Pudo velar y enterrar a su hijo arropada por varios amigos –«Ellos conocen mi dolor, lloraron conmigo»–, las dos asociaciones, el Centro de Vida Cristiana de Granada y los padres de la guardería Cristo de la Yedra. Pero ya no podía seguir en el mismo lugar y no tenía fuerzas para trabajar. Durante un año estuvo viviendo en casa de una persona de Inpavi –«Fue una bendición»– y recibiendo ayuda psicológica, hasta que empezó a ver la vida de otra manera.
«Empecé a buscar trabajitos por horas, porque no tenía papeles y no me podían contratar. En Inpavi me dijeron que si quería algo mejor tenía que ponerme las pilas, y me ofrecieron un curso de orientación laboral –explica–. En mi país llevabas tu currículum a las empresas; yo nunca lo había hecho a través de una plataforma».
Así consiguió permiso de trabajo –«Confío en que en abril me renueven la tarjeta para poder estar más estable»– y en junio encontró su actual puesto, en la panadería La Gracia de Dios, donde trabaja en mantenimiento y se forma como vendedora, y a la que está sumamente agradecida. También encontró un hogar, un coqueto piso compartido con otra mujer en el centro de Armilla.
«Quiero ayudar»
Pese a todo, va muy justa y no puede permitirse muchos gastos considerados normales. «Con media jornada gano unos 700 euros al mes y el piso me cuesta 300. La compra ha subido muchísimo: cuando yo me vine a Granada me costaba 50 euros, y eso que estaba mi hijo y gastaba en alimentación y en pañales. Ahora sola se me van 100 euros. La calefacción no la ponemos, para que no suba la factura. ¿Irme de viaje? No tenemos ese privilegio ahorita», explica con una sonrisa y con su suave acento del otro lado del océano.
Aparte de conseguir la jornada completa, su ilusión es entrar en la Policía o el Ejército, y con ese objetivo estudia enseñanza secundaria para adultos, aunque necesitaría alguna ayuda para preparar las oposiciones. «Cada vez que veo a un policía me acuerdo de mi hijo. Él siempre que veía uno decía '¡policía, policía!'... le encantaban –recuerda, emocionada–. No quiero quedarme en la tragedia, que la viví, fui víctima y sigo luchando, pero no quiero quedarme en ese lugar. Quiero cuidar a las personas a mi alrededor».
Por esa misma razón, colabora como voluntaria en actividades de Inpavi para ayudar a personas y familias que están pasando por lo que ella pasó cuando llegó a España. «Veo personas que no pueden pagar el alquiler y se van a quedar en la calle, como estuve yo; otras que tienen para el apartamento pero no para la comida; padres que tienen a los hijos en el cole pero no pueden comprar los útiles...», explica Heidy, que juega con los niños mientras los padres hacen gestiones en la asociación o colabora en actividades como la 'bailoterapia'. «Quiero ayudar», termina.
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