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Carmen y Gerardo, durante el homenaje de ayer en el Centro Damián Bayón de Santa Fe. Pepe Marín

Doscientos años juntos

La Diputación y el Ayuntamiento de Santa Fe rinden homenaje a Gerardo y Carmen, que esta semana suman dos centurias de vida entre los dos y son pareja desde 1943

Inés Gallastegui

Granada

Martes, 2 de diciembre 2025

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Cuando Gerardo Rodríguez y Carmen del Águila nacieron, en España reinaba Alfonso XIII y mandaba Primo de Rivera, y el mundo bailaba el charlestón para celebrar los 'felices' años veinte antes del batacazo de la década siguiente. Esta semana Gerardo (Santa Fe, 1924) y Carmen (Almería, 1927) han cumplido doscientos años juntos –él tiene 101 años y ocho meses y ella, 98 años y cuatro meses–, aunque en rigor son pareja 'solo' desde hace 82, cuando él fue a tocar con su banda de verbenas a un bautizo al que ella asistía en el barrio almeriense del Diezmo. Ayer fueron homenajeados en el Centro Damián Bayón por la Diputación Provincial y el ayuntamiento santaferino, rodeados de familiares, amigos y compañeros de la residencia Caxar de la Vega, donde viven desde hace año y medio.

«A veces me preguntan cómo es llevar tanto juntos –reflexionaba Carmen, lúcida y guapísima a sus 98–. Nos hemos peleado y hemos discutido, porque son muchos años. Todo no ha sido gloria. Hemos tenido preocupaciones y disgustos, pero eso no quiere decir que el cariño no haya seguido».

Y tanto que ha seguido. Este martes intentaban darse el beso para la foto, pero el sillón «de reina» de ella y la silla de ruedas de él se lo impedían. Se tuvieron que conformar con agarrarse las manos y soplar a dúo las velas de la tarta.

Tras conocerse en aquella fiesta en 1943, tardaron nueve años en casarse, hace 72, y vivieron un tiempo en Almería y en Cádiz, siguiendo los destinos de él como músico del Ejército, antes de recalar en Granada en los años sesenta, primero en los pabellones militares de Santa Bárbara y después en su piso del barrio de la Plaza de Toros. Tuvieron tres hijos –la mayor ya fallecida– y cinco nietos, aunque todavía ninguno se ha animado a darles bisnietos.

La receta de la longevidad

¿Y la receta de la longevidad? «Se han cuidado mucho y han hecho una vida muy sana –destaca su hija María del Mar–. No han fumado, no han abusado del alcohol y han sido muy andarines. Antes no había tantos pesticidas, tanto estrés ni el ritmo de vida que llevamos ahora». Es verdad que su padre echa de menos el chato diario de buen vino que el cardiólogo le recomendó cuando tuvo un infarto hace 30 años; en la residencia no puede.

Arriba, la pareja junto a sus hijos Gerardo y María del Mar, Francis Rodríguez y Juan Cobo, en la Plaza de España de Santa Fe. El presidente de la Diputación, durante el acto. Gesto de cariño de los homenajeados. Pepe Marín
Imagen principal - Arriba, la pareja junto a sus hijos Gerardo y María del Mar, Francis Rodríguez y Juan Cobo, en la Plaza de España de Santa Fe. El presidente de la Diputación, durante el acto. Gesto de cariño de los homenajeados.
Imagen secundaria 1 - Arriba, la pareja junto a sus hijos Gerardo y María del Mar, Francis Rodríguez y Juan Cobo, en la Plaza de España de Santa Fe. El presidente de la Diputación, durante el acto. Gesto de cariño de los homenajeados.
Imagen secundaria 2 - Arriba, la pareja junto a sus hijos Gerardo y María del Mar, Francis Rodríguez y Juan Cobo, en la Plaza de España de Santa Fe. El presidente de la Diputación, durante el acto. Gesto de cariño de los homenajeados.

Han sido, además, muy activos, recuerda el hijo, promotor del homenaje: estudiaron varios cursos en la Universidad de Mayores, en la que hicieron muchas amistades, y Gerardo fue voluntario del Parque de las Ciencias. Hasta el día de hoy mantiene su afición por la música y, aunque tiene las lógicas lagunas de memoria, es capaz de solfear de carrerilla el himno de España.

La música ha sido su vida: ya cantaba de niño cuando se dedicaba a las labores del campo en su pueblo, comenzó sus estudios siendo sargento en los Pirineos y recorrió el país tocando el clarinete en la banda del Ejército y otros instrumentos con grupos aficionados. Hace unos años depositó sus partituras, instrumentos y material de estudio en el Centro de Documentación Musical de Andalucía.

Gerardo hijo relató, como anécdota, que el mundo no está preparado para los centenarios: «Tuvo problemas para hacerse el seguro, porque no lo podía hacer con solo un año. En algunos formularios, no se contempla su edad; el marcador da la vuelta en 100».

Embajadores del pionono

El centenario ha sido, además, «un santaferino de pro», como recordó el alcalde, Juan Cobo, y «embajador del pionono» allí donde ha ido. «Siempre los regalaba», señaló el primer edil. De hecho, los hijos encontraron en su casa una caja de madera de chopo de 1945 en la que, en aquella época, se vendían los dulces típicos del municipio. «Se la entregamos a los herederos de Ceferino Ysla y se emocionaron muchísimo», recuerda el hijo. Buena parte de la familia sigue viviendo en la localidad.

El presidente de la Diputación felicitó a la pareja, por su larga vida y su larga historia de amor. «Cuánto tenemos que aprender de personas que han superado dificultades y han sido capaces de entenderse y buscar una solución», dijo Francis Rodríguez, que también expresó su orgullo por una generación que, a pesar de los obstáculos, nos legó «un país y una sociedad mejores».

Durante la celebración les llovieron los aplausos y los regalos. Los familiares mostraron los saludos enviados por los Reyes de España, los presidentes del Gobierno central y el andaluz y la ministra de Defensa, que habría sido la jefa de Gerardo si no se hubiera jubilado hace ya cuatro décadas.

El alcalde les entregó un escudo y una pequeña escultura de uno de los arcos de Santa Fe realizada por los chavales del centro ocupacional, y el presidente de la Diputación, unos gemelos de granadas para él y un pañuelo para ella. Además, la alcaldesa de Cájar, donde ahora residen, envió a Carmen un ramo de flores y Casa Ysla, la tarta de 'cumpleaños' de la que todos los asistentes dieron buena cuenta. «Es todo precioso. Estoy aquí como una reina», agradeció Carmen, emocionada.

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