Detenido un atracador adolescente en el Albaicín porque perdió las chanclas y 'lucía' una cresta amarilla

El suceso ocurrió en el Cuesta del Chapiz/Pepe Marín
El suceso ocurrió en el Cuesta del Chapiz / Pepe Marín

El chaval, que ha sido condenado en un juicio rápido a 14 meses de encierro, le arrancó un collar a una turista de Nueva Zelanda en la Cuesta del Chapiz

Carlos Morán
CARLOS MORÁN

Un delincuente que quiera hacer carrera en lo suyo ha de ser discreto y cuidadoso. El aspirante a malhechor debe procurar no dejar pistas ni llamar la atención. Es de 'primero de criminalidad'. El Juzgado de Menores 1 de Granada acaba de condenar a un chaval que se saltó todos esos 'principios del oficio' y, en consecuencia, fue detenido por la Policía Nacional apenas una hora después de que le arrancase un collar a una turista de Nueva Zelanda que se había sentado a descansar en un banco junto a la Cuesta del Chapiz, en el Albaicín.

El adolescente se acercó a la mujer por la espalda y le quitó la joya de un tirón. Eran las diez de la noche del pasado 21 de agosto. El marido y el hijo de la víctima corrieron tras el asaltante, pero no pudieron alcanzarlo. Se escabulló por las callejuelas del histórico barrio. Sin embargo, en su precipitada huida perdió las chanclas y sus perseguidores, conscientes de que estaban ante un indicio que podría facilitar la captura del ladrón, las recogieron y se las entregaron a los patrulleros de la Policía Nacional que acudieron a su llamada de auxilio.

Además de disponer del calzado del sospechoso –que, dicho sea de paso, no era el más adecuado para dar un golpe–, los agentes fueron informados por la familia neozelandesa de que el caco lucía una cresta amarilla. Se había teñido el pelo de un color tan chillón que era imposible que pasase inadvertido.

Los policías ataron cabos de inmediato: en un centro de protección de menores desamparados situado en las inmediaciones residía un muchacho que respondía a esa descripción. Lo sabían porque el día anterior habían tenido que acudir al establecimiento en cuestión para frenar una pelea en la que se había visto involucrado un chico que tenía una cresta amarilla.

Descalzo

Minutos después, los agentes llegaron al centro de protección y preguntaron si alguno de los 'inquilinos' había regresado descalzo y la respuesta fue afirmativa. Para asegurarse, vieron la grabación de las cámaras de seguridad del refugio y allí estaba el chaval, con el pelo amarillo y sin chanclas. Ni la mejor de las coartadas le iba a librar de ser detenido y puesto a disposición de la Fiscalía de Menores de Granada por la presunta comisión de un delito de robo con violencia e intimidación.

Como el asunto corría prisa –la víctima debía volver a su país–, el caso se vio en un juicio rápido. El acusado admitió los hechos –las pruebas en su contra eran abrumadoras– y no fue necesario celebrar la vista. La condena: 14 meses de encierro y seis más de libertad vigilada.