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WIMBLEDON

Garbiñe Muguruza no tiene límites

Muguruza
Muguruza celebra la victoria. / Efe
  • La tenista española se clasificó para su primera final de ‘grand slam’ gracias a su triunfo por 6-2, 3-6 y 6-3 ante Radwanska

  • Muguruza, que rozó la perfección en el primer set, se convierte en la primera española que alcanza la final de Wimbledon en los últimos 19 años

Otro reto mayúsculo, otra victoria de un valor incalculable. Nuevo triunfo para la historia. Y por si había dudas, una confirmación: Garbiñe Muguruza, una tenista con apenas 21 años, no tiene límites. Es desde luego la nueva estrella del tenis. Y si sigue así muy pronto girará en torno a ella el deporte de la raqueta. Para alcanzar su primera final de ‘grand slam’ supo gestionar la presión en el momento decisivo. Ante sí tenía una oportunidad que no podía desaprovechar. Y ese vértigo no le pasó factura. Al contrario, la avivó, la motivó aún más. Se hizo gigante en la central de Wimbledon, que volverá a ver una tenista española en la final 19 años después. “No tengo palabras. He trabajado toda mi vida para este momento”, explicó muy emocionada Garbiñe tras el partido que ganó a Radwanska por 6-2, 3-6 y 6-3. En la final espera Serena, quien derrotó en la otra semifinal, más fácil de lo previsto, en dos sets a Maria Sharapova por 6-2 y 6-4.

Fue una batalla mental en la que se demostró que la hierba londinense la ha convertido en una jugadora insaciable, en una tenista que obtiene tiros ganadores con una facilidad asombrosa. De ahí el primer set, sencillamente perfecto. Sufrió, como es normal, para cerrar el partido. Superó un momento muy delicado en el segundo set. Pero se rehízo a lo grande y certificó su pase con una derecha ganadora que le daba su primera final en Wimbledon en su tercera participación. Desde que en 1996 Arantxa llegase a la final del torneo londinense, ninguna tenista española alcanzaba esa ronda. De paso se asegura entrar en el ‘top ten’ la semana que viene.

El partido se jugó desde el inicio al ritmo de Garbiñe. Todo giraba en torno a ella. De nuevo su estrategia era clara: ir hacia delante, acabar el punto en la red. Todo lo que pasase de cuatro o cinco intercambio no le convenía. Buscaba el camino más corto para hacerse con el punto ante una tenista que no es de regalar nada. Radwanska estaba a merced de Muguruza. Curiosamente era Garbiñe la que estaba más ágil y rápida desde el fondo de la pista a pesar de sus nueve centímetros más de altura. De ahí que cayese otro ‘break’ más a su favor en el quinto juego. Ya estaba 4-1, sin rastro de nervios ni dudas. Iba sobrada. Se gustaba y gustaba a La Catedral del All England Tennis Club. Templo que ha visto a lo mejor de la historia del tenis y que veía como Muguruza lo hacía todo muy fácil. Con su rival completamente desbordada, la tenista nacida en Caracas dominaba a la perfección el punto.

Vuelta a empezar en el tercer set

Parecía un abuso. Garbiñe dominaba al saque, al resto, desde el fondo, cuando subía…Todo estaba bajo su control. Tanto que en el primer juego del segundo set, Muguruza se hizo con su tercera rotura en el partido. Era sota, caballo y rey: agresividad y más agresividad, tiros ganadores por un lado y por otro. Hasta el 3-2 a su favor. Radwanska tenía que reaccionar en algún momento. Y lo hizo en el sexto juego, cuando consiguió su primera rotura. Llegó tarde, pero llegó la reacción. Fueron cinco juegos en un abrir y cerrar de ojos. Garbiñe se desconectó al mismo tiempo que su rival empezó a moverla. Muguruza empezó a caer en la trampa de Radwanska. Seis juegos consecutivos y tres roturas de servicio seguidas llevaron el partido al último acto. Sin embargo, cortó la sangría, volvió a hacer un juego y empató el tercer parcial. Era volver a empezar. Aunque era la polaca la que llevaba las riendas del partido, la española estaba viva.Se pasó de los ganadores como churros a las dificultades para encontrar huecos. Normal por el momento y el contexto.

Sin embargo, Garbiñe demostró su personalidad cuando más lo necesitaba: en el sexto juego, cuando logró la rotura decisiva, dio un paso adelante, volvió a jugar a su tenis y cogió impulso de nuevo. Tanto que llegó el momento más importante de su corta carrera: sacaba con 5-3 a su favor. Y pese a los nervios lógicos, otra derecha sin bote maravillosa le proporcionaba el momento más feliz de su corta y prometedora carrera. “Es un sueño para mí”, confesó Muguruza. Un sueño precioso que está más cerca que nunca: 21 años después, España puede volver a tener una tenista campeona de Wimbledon.