Nadal se hace grande ante Ferrer

Nadal celebra un punto ante Ferrer./
Nadal celebra un punto ante Ferrer.

El número uno del mundo se clasificó para semifinales de Roland Garros tras remontar al alicantino por 4-6, 6-4, 6-0 y 6-1

VICTORIO CALERO

Lo que empezó como un vendaval de David Ferrer acabó como una remontada del mejor Rafa Nadal, el que se vio en los dos últimos parciales. Una victoria por 4-6, 6-3 6-0 y 6-1 en un partido en el que el balear fue de menos a más, en el que el gran nivel inicial de Ferrer hizo aflorar la mejor versión del número uno del mundo. Victoria de Nadal dura para el alicantino por cómo fue el partido. Un duelo que tuvo dos primeros sets muy igualados, pero que acabó con Ferrer inmolándose. A partir del tercero, el alicantino se desconectó a base de errores no forzados al mismo tiempo que el manacorense se fue gustando. Ni la posibilidad de que se suspendiese el partido por falta de luz hizo que el de Jávea resucitase al final de un encuentro que metió al de Manacor en semifinales de Roland Garros. En esa eliminatoria Nadal se enfrentará al escocés Andy Murray, que se impuso al francés Gael Monfils, por 6-4, 6-1, 4-6, 1-6, 6-0.

Hora y media antes de que Ferrer terminase hundido, el alicantino empezó dominando el partido. Su derecha, la que posteriormente se convertiría en una fábrica de errores no forzados, empezó destrozando a Nadal. Ferrer salió en tromba y castigó el revés de su rival, muy errático durante la primera manga. El día invitaba a pocos tiros ganadores. Con la pista muy pesada, al igual que las bolas, costaba mucho más cerrar los puntos. En ese contexto sobresalió Ferru. Aprovechó los numerosos errores no forzados de Nadal -15 en la primera manga-, algo muy poco habitual, y cerró el primer set.

Era el primer parcial que el número uno cedía en el torneo, la primera manga que ganaba Ferrer en toda su carrera al balear en Roland Garros. El punto de inflexión del alicantino. Porque a pesar de que ahí todavía no había acabado el partido del de Jávea, fue poco a poco diluyéndose. Su tenis duró un parcial más. El acto en el que Nadal se dio cuenta en el que o se metía en la pista o moría. Era coger la iniciativa o jugar a merced de Ferrer. Y le surtió efecto dar un paso hacia delante.

Ferrer, irreconocible

Recuperó su derecha y la fe. Sus dudas iniciales se transformaron en agresividad. Y sin hacer el tenis de su vida, cerró el segundo parcial. Lo cierto es que en los dos primeros sets apenas hubo diferencia entre ambos. Pero a partir de ahí no hubo color. Nadal había jugado mal el primer set y se había mantenido en el partido. El número cinco jugó mal el tercero y el cuarto y se derrumbó. Esa fue la diferencia entre ambos.

Ferrer se vino abajo lastrado por sus errores. Irreconocible, empezó a conectar errores, uno tras otro. No era el Ferrer agresivo del primero ni el combativo del segundo. Era una versión desconocida. Un tenista empequeñecido. Ya a finales del tercer parcial comenzó una batalla por ver si el resultado del partido era más demérito de Ferrer o mérito de Nadal.

El balear, desde luego, olió pronto las dudas e hizo sangre. Pasó de hacer 28 errores no forzados en los dos primeros sets a ninguno en el tercero. Pasó de sentirse incómodo a jugar a placer, a volver a sentir su derecha. Siguió metido en la pista y continuó llevando de lado a lado a Ferrer, incapaz de plantar batalla. Hasta diez juegos seguidos hizo Nadal, que aceleró para que no se suspendiese el encuentro por falta de luz. Eran las 21.20 horas de la noche. Y dos horas y media después de empezar un partido al que le costó entrar, Nadal se hizo grande ante un Ferrer que volvió a diluirse. Enfrente estuvo su pesadilla, el hombre de los ocho Roland Garros.