Márquez y su moto vencen al mejor Lorenzo

Márquez toma una curva de Mugello./
Márquez toma una curva de Mugello.

Lección estéril de pilotaje del mallorquín. Marc ya suma seis de seis.

MIGUEL SESÉ

Ni el mejor Jorge Lorenzo tiene opciones contra el binomio formado por Marc Márquez y HRC. El mallorquín dejó una lección de pilotaje para la historia, llevando al límite lo inimaginable en un Gran Premio que irrumpe con letras de oro entre los más emocionantes de la década. Marc Márquez, ayudado por el empuje de su Honda, pudo llevarse el triunfo después de ser capaz de aguantar los constantes envites del '99' de Yamaha, que recuperaba en frenadas todo lo que perdía por aceleración y, por fin en 2014, ofreció su mejor versión.

Lo vivido en Mugello fue un auténtico carrerón. Andrea Iannone salía como un cohete por delante de Jorge, que a empujones fue capaz de encaramarse a la segunda posición. Crutchlow, el damnificado por el exceso de ímpetu del balear, acabó poco después por los suelos, y su Ducati eliminó a Stefan Bradl al quedarse cruzada en el medio de la pista.

Pero eso era por detrás. Delante Márquez y Jorge tenían el primer conato de enfrentamiento, solvendado por Lorenzo con un adelantamiento a Marc y otro a Iannone para conseguir abrir una ventaja de segundo y medio.

Márquez tardó más en deshacerse de Andrea, y cuando lo hizo se tomó las cosas con calma. Nada le inquietaba por detrás, ni siquiera Valentino Rossi, que fue el espectador de excepción del duelo en la cabeza y que cerró el podio en su Gran Premio número 300.

Delante Márquez estudiaba los movimientos de Lorenzo, y a siete vueltas para el final decidió dar un paso adelante y rebasar a su némesis.

A todos se nos vino a la cabeza el patrón habitual de tantas carreras y pensamos que Márquez se iría, pero no fue así. Lorenzo dijo 'ahora o nunca' y se lanzó a una batalla a pecho descubierto, con peores armas que su adversario pero con toda la ilusión del mundo.

Fueron giros de infarto. Márquez, o mejor dicho, la Honda, lo ganaba todo en aceleración, mientras que Lorenzo daba una lección de frenadas y pilotaje para igualar las cosas.

Fue suficiente para llevar viva la carrera hasta la última vuelta. Márquez apretó los dientes, se puso primero, cómo no, tras la recta, y tiró con el alma. Meritorio también lo suyo. Lejos de pensar en el Mundial, aceptó el desafío y salió vencedor.

Seis triunfos en seis carreras, 150 puntos y el Mundial sentenciado gracias a su pilotaje y su equipo. Lorenzo, por fin el gran Jorge Lorenzo, fue capaz de llevarlo al límite, y Rossi fue capaz de subirse al podio. Pedrosa, cuarto, sigue esperando una oferta de renovación y que los demás fallen, la táctica de siempre.