Carlos Coloma celebra a lo grande la medalla más inesperada

Coloma, durante la carrera. /
Coloma, durante la carrera.

El ‘biker’ riojano finaliza tercero y da a España el decimoséptimo y último metal en los Juegos de Río

IGOR BARCIA

Un pase torero, un toque de genitales y Carlos Coloma, con el bigote mexicano de las grandes ocasiones, celebra la medalla más inesperada de la delegación española, el bronce que cerraba la cuenta de estos Juegos Olímpicos de Río de Janeiro en 17. La prueba de BTT dejó un gran sabor de boca por el rendimiento de este riojano de 35 años, nacido en Albelda de Iregua, y confiado en que tarde o temprano, su gran momento debía llegar. «Para mí es el día más importante de mi carrera deportiva. Con rivales como el suizo Nino Schurter o el checo Jaroslav Kulhavy es muy difícil (conseguir medalla), pero venía diciendo que a un día puede pasar cualquier cosa. Confiaba plenamente en mí», declaró Coloma tras conseguir la segunda medalla de la historia para España en bicicleta de montaña la primera la logró José Antonio Hermida.

El riojano, vigésimo octavo en su debut olímpico en Pekín 2008 y sexto clasificado en Londres 2012, cerró su participación en Río de Janeiro en la tercera posición por detrás del suizo Nino Schurter y el checo Jaroslav Kulhavy, quienes se mostraron inaccesibles en la prueba disputada en el circuito de Deodoro, situado a 43 kilómetros del Parque Olímpico de Barra. El andaluz David Valero fue noveno y el catalán José Antonio Hermida, decimoquinto.

El de este domingo fue el gran éxito de Carlos Coloma, un biker lleva encima de la bicicleta desde los 14 años y que dudó en su momento entre seguir haciendo lo que más le gustaba, competir por caminos de tierra y piedras, o dar el salto a la carretera. De hecho, participó en competiciones en ruta hasta los 18 años y llegó a estar a prueba en Euskaltel, pero Orbea le realizó una importante oferta para competir cuatro temporadas en BTT y el riojano ya tuvo claro su camino a seguir, en mountain bike.

En su especialidad pasó a formar parte de una gran generación en la que José Antonio Hermida se erigió como líder por sus resultados. A él le tocó pelear en los circuitos nacionales con otros corredores como el fallecido Iñaki Lejarreta o el murciano Sergio Mantecón. Tras su fallida experiencia en Pekín 2008, Coloma realizó un gran trabajo en el siguiente periodo olímpico para ser sexto en Londres.

Sin embargo, en pleno crecimiento como corredor, llegó el problema en su hombro de 2013 que le tuvo un largo tiempo apartado de los circuitos. Una fractura en un hueso llamado troquiter le hizo pasar por el quirófano en dos ocasiones, para después emprender un largo periodo de rehabilitación con el objetivo de recuperar la movilidad.

El riojano pasó entonces del diploma olímpico a estar en torno al puesto 300 en el ranking mundial, por los meses de inactividad. Pero ya entonces tenía entre ceja y ceja marcada una fecha: el 21 de agosto de 2016, la carrera olímpica de Brasil.

Para mejorar su rendimiento, Coloma ha introducido en su preparación el boxeo. Desde 2015 compagina el trabajo en bicicleta con el del gimnasio junto al antiguo púgil José Ignacio Barruetabeña. «Me ayuda, sobre todo, a ser fuerte de mente, a aprender a sufrir, a respetar al rival», explica sobre una aplicación a su preparación un poco extraña a priori.

Esta temporada se ha consolidado entre los diez mejores del mundo en el ranking y este verano se proclamó campeón de España de la especialidad, lo que reafirmó sus esperanzas de hacer un gran papel en Río. «Me lo juego todo a una carta allí, pero creo que el circuito me favorece», apuntó antes de viajar hacia Brasil.

Para preparar la cita olímpica, Hermida, Valero y él han mantenido la tradición de las grandes ocasiones. «Nos dejamos bigote, una u invertida, rollo mexicano. Es una superstición que tenemos desde hace muchísimo tiempo». Coloma tuvo tiempo de mostrar esa apariencia para celebrar a lo grande su tercer puesto y subir al podio para recoger la última medalla española en estos Juegos, la número 17.