Centrowitz aprovecha el regalo de Kiprop

David Bustos corre dentro del grupo. /
David Bustos corre dentro del grupo.

Bustos logra un diploma olímpico tras acabar séptimo en una sorprendente final de 1.500

FERNANDO MIÑANA

Matthew Centrowitz era casi un corista en el Oregon Project, el grupo de Alberto Salazar en Eugene. Tenía varias medallas internacionales, como una plata en el Mundial de Moscú o un bronce en el de Daegu, pero eso era calderilla en una cuadra con Galen Rupp y, sobre todo, Mo Farah. Hasta Río. Ahí dio un paso al frente el estadounidense, el más rápido en el concurrido esprint de la final de 1.500 más lenta (3:50.00) desde 1932, y se llevó la medalla de oro con 26 años.

La carrera demostró una vez más las debilidades tácticas de Asbel Kiprop, el indiscutible favorito, campeón en Pekín y último en Londres por culpa de una lesión. El keniano, un atleta capaz de correr en 3:26.69, que sueña con el récord mundial de su ídolo, Hicham El Guerrouj, no quiso imponer esa superioridad, esa capacidad para imponer un ritmo insostenible para los demás, y prefirió correr guarecido en la cola del grupo.

Eso le obligó a realizar un cambio demasiado exigente del 1.200 al 1.300 que acabó pagando en la recta, donde se fue desinflando hasta acabar sexto, justo por delante del español David Bustos, que acabó séptimo y sumó un diploma olímpico.

Centro llegó mejor colocado y les mostró a los demás su hombro, ese donde resalta un tatuaje sobre la epidermis: Citius, (el) más rápido. No se dejó atrapar por el argelino Taoufik Makhloufi, el vigente campeón, que se llevó su segunda medalla de plata después de acabar por detrás de Rudisha en los 800. Tercero fue el siempre eficiente Nick Willis.

El campeón se crió en Maryland hasta que decidió estudiar en la Universidad de Oregón, donde su padre, Matt Centrowitz, representó a los Ducks y alcanzó los Juegos de 1976 y 1980. Papá Matt nunca se obsesionó con el atletismo y dejó que su hijo practicara otros deportes. Pero no contaba con un reclamo en las pistas que resultó definitivo: las chicas. El solterón de oro estaba encantado con ese deporte donde se mezclan una con otros. Aunque el atletismo le trajo otro problema: competiciones por todo el mundo para una persona con pánico a volar.