Ainhoa Murua cierra su círculo

Miriam Casillas, durante la competición. /
Miriam Casillas, durante la competición.

JON AGIRIANOrío de janeiro

En su primer triatlón, hace casi veinte años, Ainhoa sufrió como nunca había sufrido hasta entonces. Fue en Coria (Cáceres). Hacía un calor sahariano y la guipuzcoana, todo pundonor, pagó la novatada. No se hidrató lo suficiente y, durante la carrera, a partir de los cinco kilómetros, comenzó a sentirse mal. Resistió todo lo que pudo, pero a cien metros de la meta se desplomó, desmayada. Acabó en el hospital y tuvo que pasar un día entero ingresada recibiendo suero. Lo mantuvo en secreto durante años. No quería que se enterasen en casa. Tenía miedo de que su madre no la dejara volver a correr.

Ese círculo de sufrimiento y esfuerzo lo cerró Ainhoa Murua con un gesto de grandeza en la playa de Copacabana. Eran sus cuartos Juegos y llevaba tres años trabajando para mejorar su séptimo puesto en Londres. Y cuando decimos trabajar nos referimos a soportar cada día una rutina extenuante. Por la mañana, entre una hora y cuarto y dos horas de natación, dependiendo de la época y de los cálculos de su entrenador, Iñigo Mujika. Vuelta a casa y entre dos y cuatro horas de bicicleta antes de comer. Tras hacer un buen acopio de hidratos de carbono y ayudar a su alimentación con suplementos de hierro y vitamina C, la guipuzcoana echa una siesta. Necesita relajar los músculos y reponer fuerzas antes de salir a correr entre una hora y hora y media. Y así todos los días, salvo el domingo.

Forjada en esa fragua, Ainhoa Murua decidió este sábado tomar la salida en el triatlón femenino con una rotura en el hueso calcáneo de su pie izquierdo, el mismo que le lleva martirizando desde 2013. Fue el pasado martes cuando le dieron el diagnóstico de la resonancia magnética que le realizaron en la Villa Olímpica. Sentía dolor desde su último entrenamiento en Madrid antes de viajar a Río, pero confiaba en que se tratara del edema óseo que sufría desde hacía semanas. Zigor Montalvo, el médico de la Federación Española de Triatlón, fue el encargado de darle la mala noticia. El hueso se había roto por estrés. La vasca se vino abajo. Quiso volver a casa y tuvieron que convencerla de que su regreso no tenía sentido porque ninguna otra triatleta podía sustituirla.

El sábado por la mañana, Zigor Montalvo le hizo una infiltración de mepivacaina, un fuerte anestésico. Ainhoa quería salir, comprobar cómo se encontraba y disputar al menos las pruebas de natación y ciclismo. Los 10 kilómetros de carrera iban a ser imposibles. Se demostró desde el mismo comienzo de la prueba de natación, que otra española, Carolina Routier, terminaría en primer lugar antes de pinchar y venirse abajo y abandonar en los 40 kilómetros en bicicleta. La triatleta vasca entró cojeando al agua y acabó en el puesto 29, muy lejos de lo que acostumbra una gran nadadora como ella. Cuando volvió a pisar la arena de Copacabana, la cojera se hizo todavía más patente. Lo lógico hubiera sido retirarse. Ainhoa Murua, sin embargo, decidió hacer un esfuerzo más. No quería despedirse tan rápido de sus últimos Juegos Olímpicos.

Completó el recorrido en bicicleta a 3,16 minutos del pelotón de las favoritas y abandonó la prueba llorando. No tardó en encontrar consuelo en sus familiares, en su novio, el triatleta Jon Unanue, y en su técnico, Iñigo Mujika. Nadie conoce como ellos la capacidad de sacrificio de esta mujer menuda a la que le agiganta una fuerza de voluntad descomunal. Gracias a ella, lleva quince años en la élite de una modalidad durísima y ha sido medalla de plata y de bronce en los campeonatos de Europa, ganadora de una prueba de la Copa del Mundo y cuatro veces olímpica.

Había que intentarlo, dijo en la zona mixta, emocionada por las muestras de cariño y admiración que estaba recibiendo. Las gafas de sol le ocultaban las lágrimas. Tenía que probar después de la infiltración. Si no notaba nada, estaba dispuesta a intentar correr. Pero me ha dolido desde el principio y he visto que era imposible. En la transición a la bici lo he pasado mal , explicó. A sus 38 años, una edad que la convertía en la atleta más veterana de la prueba con tres años de diferencia sobre la segunda, Ainhoa Murua se despidió ayer de los Juegos. Ya no habrá más ciclos olímpicos y es probable que abandone pronto el triatlón. El círculo que comenzó en Coria con aquel desmayo se cerró ayer en Río de Janeiro. Hasta aquí hemos llegado, comentó. Así las cosas, la mejor española en el triatlón fue la extremeña Miriam Casillas al situarse en el puesto 43º.