El relevo naciente

El relevo naciente

@Martí Perarnau es periodista, fue atleta olímpico y director de comunicación de Barcelona 1992.

MARTÍ PERARNAU

Aunque se trate de una carrera de velocidad, los relevos 4x100 metros son también una prueba de precisión. Resumiré el problema: corres a 42 km/h y debes depositar en la mano de tu compañero un pequeño cilindro metálico sin que caiga al suelo. Dispones de menos de un segundo para concretar la operación dentro de una zona de veinte metros. Si cambias después, eliminado. Si lo haces antes (error infantil), eliminado, como le ocurrió a Estados Unidos, que esta vez se había entrenado seriamente para Rio pero sumó su novena descalificación desde 1995, récord infamante

Bolt dijo: «Me asombra la velocidad con que cambian los japoneses». Fue la gran noticia de la última final olímpica de Bolt: Japón se postula como gran sucesora de Jamaica (a la que venció en las semifinales de Rio) en los próximos años, pese a no tener ningún velocista por debajo de 10 segundos. Yamagata (10.05), Iizuka (10.22), Kiriyü (10.01) y Cambridge (10.03) promedian 10.08, pero el relevo viajó a una media de 9.40. ¿Cómo es posible? Porque lo han entrenado hasta la extenuación y consiguen pasar el testigo apurando al máximo la velocidad de quien entrega y quien recibe. Recuerden: tienen 20 metros para cambiar. Japón pasó el primer testigo a los 16 metros (riesgo elevado) y el segundo a los 12 (riesgo medio) y solo se mostraron prudentes en el último (9 metros). Con ello consiguieron que el testigo viajara más rápido que la propia velocidad individual de cada componente del equipo. De hecho, Aska Cambridge recibió el testigo antes que el propio Bolt y si ganó Jamaica fue porque nadie puede competir contra este fenómeno, capaz de correr en 8.70 los cien metros cuando sale lanzado, caso de los relevos.

Las ventajas de entrenar meticulosamente el cambio de testigo las descubrieron los franceses en los años 60. Lograron ser dobles campeones europeos y bronce olímpico en 1968 con un equipo (Fenouil, Delecour, Piquemal, Bambuck) en el que dos de los corredores eran realmente discretos, pero sus cambios de testigo eran orfebrería pura. Japón parece capaz de imitar semejante obra de arte y nos convoca a Tokyo-20 para una posible sorpresa histórica en la velocidad. Para entonces Sani Brown, el juvenil que arrebató el récord mundial de 200 al mismísimo Bolt, tendrá 21 años y será el líder de un equipo que asombrará por su precisión técnica.