«Al buen líder se le identifica en los momentos dulces y en la miseria»

«Al buen líder se le identifica en los momentos dulces y en la miseria»

Patricia Ramírez, psicóloga deportiva

JUANJO MARTÍN

Tras casi dos décadas afincada en nuestra ciudad, Patricia Ramírez (Zaragoza, 1971) decidió hace dos años buscar en su ciudad natal un nuevo destino desde el que impartir sus conocimientos en psicología deportiva. Su mensaje llega ya a todas partes con sus habituales intervenciones en TVE, El País o Marca entre otros medios, pero este fin de semana se ha dejado caer de nuevo por Granada para asistir como ponente al congreso internacional de psicología clínica. No lo hace sola, pues en su maleta le acompaña su nuevo libro Así lideras, así compites, escrito junto al exjugador y entrenador Óscar García, y que ya está disponible junto a su anterior publicación, en la que enseñó a entrenarse para la vida.

¿De dónde sale la motivación para este nuevo libro?

Llevo quince años en el mundo del fútbol y he recibido muchos correos de entrenadores profesionales, pero también de equipos de colegios con ganas de querer hacer cosas que no se enseñan en los cursos de técnicos. Por eso quería dar las herramientas de aquello que me piden y que veía que era un foco de interés.

¿El buen líder es aquel que sabe cuándo usar la zanahoria y cuándo el palo?

Sí, pero ha de saber adaptar su liderazgo a la persona o grupo que dirige. Si tienes a alguien que no cumple objetivos o sin motivación se requiere un liderazgo autoritario, pero si es responsable y trabaja con autonomía hay que dejar hacer. El entrenador tiene la responsabilidad de conocer a sus jugadores para saber cómo comportarse con ellos.

¿El buen líder nace o se hace?

El buen líder se entrena. Todos tenemos factores de personalidad que nos condicionan, pero muchas habilidades relacionadas con el liderazgo, como saber motivar o el estilo de comunicación, son variables que se pueden entrenar.

¿Los resultados determinan en el deporte quién es un buen líder?

En el deporte profesional los resultados pueden cargarse a un buen líder. Se vive del resultado, pero los objetivos han de enfocarse al rendimiento y no a los resultados. El entrenador no solo puede pensar en ganar; ha de hacerlo en cómo sacar lo mejor de los suyos para conseguir esa meta. Si nos obsesionamos con el resultado conseguimos un nivel de presión que no controlas.

En el libro aboga por corregir las malas actitudes en privado. ¿Qué hacer si el desafío del jugador se hace de manera pública?

Si respondes estás reforzando el mal comportamiento de ese jugador. Lo ideal en una provocación en público es manejarla en privado. Hay que ser un ejemplo de aquello que quieres tener en el grupo. Se debe poseer la tranquilidad y paciencia para responder sin obtener consecuencias negativas.

Al tratar con futbolistas, ¿ha obtenido una receptividad positiva? ¿Ha tenido algún rebelde que no comparta la utilidad de su labor?

He tenido la grandísima suerte de no encontrar a un jugador que no quiera participar. Los trabajos son siempre creativos para que no se aburran. Recuerdo a uno que le pregunté su objetivo y me contestó «ser palmero» porque se veía en el banquillo. Podría haberle dicho que se concentrase, pero intenté ser comprensiva. Cuando ven que no reaccionas a la provocación y que tratas de buscar una manera de llegarle, se esfuerza contigo.

¿El mensaje de este libro puede aplicarse también a las empresas?

Creo que sí. En España tenemos el sistema de liderar basado en el aquí mando yo y a veces no nos damos cuenta de que los que nos rodean están mejor preparados que nosotros y pueden hacer aportaciones interesantes. Aprender a trabajar en equipo es difícil porque el sistema educativo no lo fomenta. En cambio, con el deporte eso se entrena desde pequeños. Entrenar esa variable desde la perspectiva del deporte es necesario en la empresa.

En su publicación habla de los puntos de no retorno para aumentar la concentración. El Granada vivió uno el año pasado.

Para gestionar algo así ha de llegar alguien con mucha ilusión y fuerza, que crea al 100% que se van a salvar. Solo así acabas contagiando al grupo con esa pasión y motivación. El talento está ahí porque es gente de Primera división, pero a veces dejamos de confiar en él. Si llega alguien con carisma que te dice que puedes, al final te lo crees. Aparte, no tienes otra alternativa porque no hay plan B, así que toda la energía se centra en el plan A.

¿Cuánto tiempo tarda en identificar a un buen líder?

Mucho. Si llegas a un equipo que gana cuatro partidos seguidos solo ves una parte del líder, la de si se cuelga medallas o si reparte los triunfos con el equipo. Pero al líder se le ve también en la miseria, cuando aparecen las derrotas. Si entonces son capaces de controlar las emociones y siguen defendiendo al vestuario. Cuando llegan las derrotas las emociones te arrastran y sale otra versión que te da otra valoración de un buen líder.

¿Abundan los buenos líderes en el deporte de nuestro país?

Puedo hablar de los entrenadores con los que he trabajado, que han sido muy buenos líderes. Gregorio Manzano, Pepe Mel... Sandoval lo es y diría que José Luis Oltra también. Desde fuera es imposible saberlo porque la imagen que proyecta al exterior es lo que pretende vender. Cristiano puede parecer arrogante pero tiene fama de ser buen compañero y generoso, aunque eso no lo vemos. ¿A Luis Enrique por qué le valoras, por su trabajo con el grupo o por cómo se comporta en una rueda de prensa? Con la gente con la que trabajas se tarda en verlo. Si nos quedamos con la fachada estaremos haciendo un juicio de valor superficial.

¿Patricia Ramírez es líder o, como define en su libro, seguidora?

Siempre he sido más bien líder. Delegada de clase, delegada del colegio... He tenido seguridad en mí misma y facilidad para comunicar, así como mucha vocación para ayudar y ser servicial con la gente. Igual eso también te da liderazgo.