Os defraudarán

Ahora, Abascal, con los doce escaños en la mano (y la bandera latiendo en el corazón: pum, pum), él confirmaba solemne: «No os defraudaremos».

Os defraudarán
RAFA ALCAIDE / EFE
ALEJANDRO PEDREGOSAGRANADA

Imagino que estará usted más que harto del tema -después de una semana dale que dale-, pero es que mi anterior artículo versaba sobre los votantes de Vox y claro, después del éxito electoral, me urgen ahora algunas puntualizaciones. Ciertamente les auguraba yo en el pasado artículo un muy buen resultado en Granada (tal y como ha sucedido), sin embargo les sugería también que, si estaban desencantados con el PP, podían dejar el voto en manos de Ciudadanos ya que Vox, a pesar de los buenos resultados, nunca llegaría a ser relevante en el parlamento. Es en ese punto concreto de la especulación cuando cuatrocientos mil votantes andaluces me propinaron un tremendo y metafórico guantazo para callarme la boca o mejor dicho -eliminemos la imagen violenta-, se pusieron el índice en los labios y me ordenaron callar, cual futbolista goleador a la grada rival. El advenimiento que yo cifré irrelevante se convirtió en la llave maestra que abre la puerta para la primera legislatura de derechas en Andalucía. ¡Llamadme Nostradamus!

La noche electoral escuché con atención al sobrio Abascal. Contó que a lo largo de la campaña la gente le suplicaba en sus mítines: «No nos defraudéis». Ahora, con los doce escaños en la mano (y la bandera latiendo en el corazón: pum, pum), él confirmaba solemne: «No os defraudaremos». Para nada quiero yo bajar los ánimos de la tropa, pero de todo cuanto he leído en el programa de Vox me parece que lo único que van a poder cumplir es la supresión del impuesto de sucesiones, y, claro está, porque PP y Ciudadanos ya lo llevan en sus respectivos programas; el resto son meros brindis al sol (de cara, eso sí). Ni van a suprimir la autonomía -tampoco Canal Sur-, ni van a levantar un muro en Ceuta y Melilla, ni van a derogar la ley de violencia de género, ni van a reformar la del aborto. ¿Por qué? Muy sencillo, porque todas estas medidas son inasumibles para Ciudadanos que, frente a unas hipotéticas elecciones generales, necesita ganar el centro político -donde realmente se dirime el triunfo-, y si se deja arrastrar por Vox entrega buena parte de ese espacio a los socialistas. Según está el patio los naranjas no pueden permitirse ni el colaboracionismo con el disparate ni las previsibles protestas en la calle -que le pregunten a Macron-. Es por eso que Vox va a defraudar a muchos de sus votantes, porque el recorrido de sus propuestas es atronador y breve como un disparo en la montaña. Al principio hace eco pero dos segundos más tarde todo se vuelve silencio y vacío. No obstante los votantes de Vox pueden estar tranquilos; ya saben por mi anterior artículo que soy un pésimo augur y que fallo más que una escopetilla de feria. Les dejo pues con la esperanza que, según dicen, es lo último que se pierde. La compasión, ese don que ennoblece al ser humano, se la doy ya por perdida.

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