Un músico gana Eurovisión

Hacen falta más Ristos Mejides. En todas partes. Hay que decir la verdad, aunque sea un trauma

Un músico gana Eurovisión
JOSÉ E. CABRERO

La televisión lleva demasiado tiempo enseñándonos que podemos alcanzar cualquier meta que nos propongamos si mostramos una pasión desmedida. Estamos inundados de 'realities' que se recrean en el primer plano del llanto. Llantos de personas que han aprendido, desde el sillón de su casa, las frases con las que se construye la victoria: Entrar en este programa es un paso muy importante para mi carrera y este no es el final, es el principio de todo.

Si observan con detenimiento, descubrirán que los concursantes (la mayoría, al menos) de cualquier programa de 'telerrealidad' se esmeran mucho más en decir que quieren demostrar los buenos que son que en ser realmente buenos. Ya sea en la cocina o cantando sobre un escenario, lo importante es 'querer'. Si no lo consigues es porque no lo quisiste con suficiente fuerza. Ya saben: sueña más fuerte, créetelo y seguirás con nosotros, demuestra tu pasión.

Y un mojón.

Lo que pasó el sábado en Eurovisión es hermoso: un músico ganó. Alguien, para más señas, que vuela por encima de la fama, de las luces exageradas, del discurso del eterno candidato y de toda épica viral. A Salvador Sobral sólo le importaba la música. No necesitaba generar ninguna empatía con nosotros porque su amor es hacia la música. No hacia la masa. Todos nosotros le importamos muy poco. La música, todo lo contrario.

Por eso salió al escenario solo, utilizando la gestualidad que emplearía cualquier amante en la intimidad del dormitorio, donde la vergüenza deja de ser estigma para ser inspiración. Salió a cantar. Ganar o no ganar importaba poco. Pero ganó. Y se hizo con la fama, las luces, lo eterno y la viralidad. Aunque no las quisiera.

El candidato de España, Manel Navarro, es un joven que pasó las eliminatorias, dicen, a golpe de tongo. Todo en él, desde su peinado hasta sus zapatillas, huele a márketing. A soñar fuerte y a yo me lo he ganado porque lo merezco. Seguro que nadie le dijo nunca al pobre Manel que él y su canción son malos. Que necesita mucho trabajo para empezar a ser algo. Y lo más importante: que por mucho que trabaje, quizás, tampoco lo consiga.

Sí: Manel Navarro representa a España.

Hacen falta más Ristos Mejides. En todas partes. Hay que decir la verdad, aunque sea un trauma. Así, a lo mejor, creceremos como sociedad y aplaudiremos al que lo merece y no a todos los tontos que se sientan en un trono prestado.

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