«Los indies no somos bichos raros y podemos hacer canciones bellísimas»

Nani Castañeda presenta en diciembre su primer libro./
Nani Castañeda presenta en diciembre su primer libro.

Nani Castañeda publica 'Mutante, por la gracia de dios', un libro en el que se proyecta la personalidad de uno de los músicos clave de la ciudad en las últimas dos décadas

PABLO RODRÍGUEZ

Muchas cosas quedan de aquel Nani Castañeda adolescente tembloroso que alucinó cuando su ídolo, Antonio Arias, le confesó que llevaba tres meses escuchando su banda tras la puerta del local de ensayo. Una de ellas, la que viene al caso ahora, es la de su amor por las palabras, una vocación que le llevó a empuñar las baquetas y que ahora acaba de desembocar en Mutante, por la gracia de dios. El libro, una recopilación de textos y notas en las que proyecta su personalidad, muestra por igual al músico que da forma a una de las bandas clave de la ciudad y al intelectual que reflexiona sobre las polis griegas, los problemas de la Iglesia actual y la tragedia de la salida de la música de los pubs granadinos.

En el libro dice: «crecer es una tragedia», ¿se refiere solo a lo vital o también a lo musical?

Solo a lo vital. (Risas) Envejecer es una tragedia. La infancia es un momento tan feliz... Tengo dos niños y los ves tan felices como son, sus problemas tienen el tamaño de ellos mismos pero no hay que olvidar que hay un sentido trágico de la vida.

Cuenta que se hizo con una batería para poder escribir. ¿Los caminos de Nani son inescrutables?

Es como incoherente, sí. (Risas) Siempre he tenido la fantasía de escribir una novela y entonces en esa coyuntura del instituto que cuento en el libro, varios amigos habían empezado a formar una banda. Vi el cielo abierto. Si entraba en el grupo, tenía la posibilidad de escribir y el único instrumento que faltaba era la batería. Así que me metí a tocarla.

¿Cómo eran aquellas sesiones primeras de la banda?

Eran sesiones interminables, teníamos dos SIMCA y nos montábamos los ocho tíos para ir al puente de Los Vados, que era donde ensayábamos. Comíamos, hablábamos de música todo el rato, tratábamos de tocar y de hacer canciones.

Sin embargo, en el libro cuenta que Arias les oía tras la puerta.

Nosotros también. (Risas) Nos poníamos detrás de la puerta del local de ensayo de los Lagartija Nick porque éramos super fans de ellos y el sorpresón fue cuando un día Antonio nos confesó que llevaba tres meses poniéndose detrás de nuestra puerta para escuchar una de las primeras canciones de Mamá Baker. Cuando te dice eso un tío que es tu ídolo, te parte el corazón.

De ese encuentro con Arias sale la primera maqueta.

Fue una de las primeras alegrías que nos llevamos en esto del rock. Cuando alguien así te dice que quiere producirte, que él ya lo había hecho entonces con Los Planetas, no sé Nos presentó en CBS, llevó todo lo que teníamos, nos invitó a tocar con ellos en Madrid en la sala Revólver... Fueron unos días y unos meses muy guays.

Esa época coincide con la aparición del indie, ¿cómo lo vivió?

El indie nació como reacción a la música de los 80. Para nosotros, aquella generación de músicos anteriores prácticamente no decían nada, estábamos cansados de ese pop claro y empezamos a escuchar a grupos que planteaban el noise. Indie significaba que no te atenías a los criterios de la industria musical de los 80 ni a sus criterios artísticos. Eso tuvo un problema, los primeros años casi nadie nos entendió y era culpa nuestra. Éramos muy malos, muy jóvenes y nos empeñamos todos en cantar en un inglés de bachillerato horroroso que gracias a Dios nosotros, los Mamá Baker y los Mutantes, nunca hicimos.

Hoy parece que la línea entre mainstream e indie no existe ya.

Hay una anomalía total entre la industria musical de las radiofórmulas y la realidad de la música que se sigue llamando indie, que ya no es tan indie. La realidad es que grupos como Love of Lesbian, Vetusta Morla o Lori Meyer llenan estadios sin problema. Sin embargo, apenas suenan en las radiofórmulas. No entiendo por qué dan las espalda porque hay muchas canciones de estos grupos que podría escucharla, por ejemplo, mi madre en la pescadería. No somos unos raros ni unos pelúos, bueno, unos pelúos sí. (Risas) Los indies no somos bichos raros y hacemos canciones bellísimas.

Granada

En el libro habla de las dos Granadas: la diurna rancia y la nocturna musical, ¿con cuál se queda?

Me quedaría con las dos si fueran capaces de entenderse entre sí. A nivel musical, Granada como ciudad no es consciente de lo que tiene, de lo que proyecta al resto del país y más allá. Cuando salimos de Granada, la valoración que se hace de la ciudad como cantera de rock es brutal. Creo que hay que poner en valor, desde todas las instituciones, qué significa Granada como ciudad del rock. Granada es muchas cosas y una de ellas es fuente del rock.

En el libro habla de la falta de música en los pubs como una tragedia.

Es un desastre que se basa en una ley que es un desastre. Nos estamos cargando la música. Me da igual si es un partido u otro, lo que quiero es que esto se arregle cuanto antes. Aquí también tenemos un problema educacional. Si todos estuviéramos orgullosos de Los Planetas, Lori Meyers o de Eskorzo, y con todos me refiero a los chavales jóvenes y también a las señoras de 70 años, entenderíamos que la música en vivo es necesaria.

¿Cómo era vivir esa Granada dividida entre el Ruido, el Factoría, el Peatón o el Planta?

Tuvimos la fortuna de vivir una época gloriosa de una Granada dividida entre 091 y Lagartija Nick, en la que empezaban a sonar Los Planetas, coetáneos nuestros, y había una efervescencia pop y rock tremenda. Ibas al Ruido y te encontrabas con los Cero, ibas al Factoría y estaba Lagartija Nick, ibas a Peatón y estábamos nosotros, en el Planta estaban Jota y los Planetas... Han sido unos años muy interesantes y creo que en gran parte la música granadina se nutre de que sus músicos se concentren casi todas las noches en los pubs de la ciudad. Los pubs son las escuelas musicales. Donde más he aprendido ha sido en el Ruido, en el Planta, en el Factoría, en el Peatón Vuelvo a lo de antes, si nos cargamos esto, se acabará la música en Granada y nos daremos cuenta de la pena que es que no haya música en la ciudad.

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