Otra dosis para los adictos a Catón

La escritora alicantina Matilde Asensi./
La escritora alicantina Matilde Asensi.

Matilde Asensi vuelve a sus orígenes rendida ante el creciente clamor de sus lectores

MIGUEL LORENCIMadrid

"La historia nunca es como nos la cuentan. Los poderosos y los vencedores construyen verdades que acomodan a sus intereses. Quienes dudan y las desmontan hacen avanzar el mundo". Lo dice Matilde Asensi (Alicante, 1962), orgullosa fabricante de 'best-sellers' que se ha rendido a la dulce y machacona presión de sus lectores. Si por ella fuera, jamás habría vuelto a 'El último Catón', el libro que la consagró en 2001. "Pero los lectores, unos adictos, querían más Catón. No paraban de pedírmelo en las redes y a la cara. Mi cerebro comenzó a martillear y comprendí que tenían razón, que no era una idea descabellada. Pronto una historia me bullía en la cabeza, y era buena", explica risueña la narradora.

El resultado es 'El regreso del Catón' (Planeta), ni más ni menos que una apasionante pesquisa sobre la verdadera identidad de Jesús de Nazaret, el paradero de sus huesos y las tensiones entre el poder que fabrica e impone verdades, doctrinas y dogmas, y quienes las cuestionan; entre los guardianes de la ortodoxia y quienes desmontan sus supuestas e interesadas verdades.

"Es una aventura con una sólida base histórica y mucha ficción", aclara Asensi, que ha estado tres años a vueltas con una narración muy ambiciosa en la que recupera a los protagonistas de un libro legendario aparecido hace quince años y del que vendió tres millones de copias. "He disfrutado de lo lindo y debo agradecérselo a esos obsesos que no me dejaron en paz, que deberían estar en 'Catónicos anónimos'", bromea.

"El poder manipula la historia del Cristianismo y el legado de Jesús. Convierte en herejes a los apóstoles y a los seguidores de Jesús, los pobres de Jerusalén, los ebionitas, que son quienes pierden", explica Asensi dando claves de su novela. "Es Pablo, el de la falsa leyenda de la caída del caballo y la iluminación camino de Damasco, quien gana, y el poder construye la historia según sus intereses. Pero son los herejes, los perdedores, quienes dudan de esa verdad artificial, hacen avanzar el mundo y trasmiten el auténtico mensaje de Jesús". "No es la verdad lo que nos hace libres, es la duda", concluye Asensi dando la vuelta al aforismo bíblico que san Juan pone en boca de Jesús.

Ofrece en 600 páginas un viaje de quince siglos y miles de kilómetros a través de varios continentes que Asensi ha hecho desde su pupitre y la pantalla del ordenador. A golpe de ratón y a través de la lectura de cientos de libros de arqueólogos, teólogos e historiadores, da la vuelta a la historia oficial y arma una peripecia que lleva al lector de Ulan Bator a Toronto. De Mongolia a Canadá, atravesando la Ruta de la Seda tras la huellas de Marco Polo, pasado por la India, Estambul, Galilea, Jerusalén, Roma y, desde luego, el Vaticano. Allí siguen y seguirán bajo llave muchos de los secretos que sus protagonistas tratan de desvelar.

"Los secretos vaticanos seguirán bajo siete llaves quizá aún durante siete siglos", aventura Asensi. "Solo hay que fijarse que el IOR, el Instituto para la Obra de Religión, la banca que tiene todo el dinero de la mafia, está en el mismo Vaticano al que la UE señala como un paraíso fiscal", afirma. "No ha habido papa que haya podido limpiarlo", lamenta la escritora, que simpatiza con Francisco pero que abomina de antecesores como Juan Pablo II.

"Con mis ficciones solo persigo hacer feliz a la gente", dice una Asensi que para lograrlo salpimienta con humor su novela. "En 2012, con el país quebrado, rescatado de facto, estaba muy enfadada con unos políticos que recortan, aprietan, humillan y estrangulan al ciudadano y se llenan el bolsillo. Me propuse ofrecer al lector otro espacio de felicidad para que escapara de una situación terrible», apunta. Le subleva que ante ese panorama la corrupción campara sin freno. «Pago sin rechistar unos elevados impuestos, y no me duele si van a lo que tienen que ir. Pero si van a las cuentas en Suiza, al bolsillo de los trincones, a los áticos de Marbella o a las tarjetas black, me incendio", concluye.

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