Una retrospectiva de Santiago Ayán repasa las reflexiones existenciales de sus obras

Una retrospectiva de Santiago Ayán repasa las reflexiones existenciales de sus obras

Este proyecto recoge sus obras fundamentales desde los años 80 hasta el 2010 y la edición de un libro

EFE

La exposición "Santiago Ayán. Buscando el paraíso", que acoge desde este viernes y hasta el 25 de junio el Palacio de los Condes de Gabia de Granada, recoge una retrospectiva de su obra, en la que el pintor plasmaba reflexiones existenciales, un proyecto que abarca desde los años 80 hasta el 2010 y la edición de un libro.

La diputada de Cultura y Memoria Histórica y Democrática, Fátima Gómez Abad, ha inaugurado este viernes la muestra junto a sus comisarias, Ángeles Quesada y Carmen Sigler, según ha informado la Diputación.

El proyecto ha surgido de dos iniciativas paralelas en torno a la figura de Ayán, ya que la editorial Ciengramos pretendía crear un retrato colectivo del artista a través de los testimonios de las personas que lo conocieron, y Quesada y Sigler buscaban la oportunidad de llevar su obra de lo privado a lo público e iniciar así su recuperación.

Todo ello las ha llevado a localizar numerosas piezas entre coleccionistas y amistades que ha confluido en una retrospectiva que recoge lo más importante de su trabajo, desde las primeras obras de los años 80 hasta 2010 y en la edición de un libro.

La exposición constituye un retrato colectivo en el que las voces de sus amigos componen un relato biográfico y artístico, encabezado por la contribución de un texto escrito por Mar Villaespesa, quien ha participado tanto por el afecto a Santiago como por el respeto hacia la práctica artística de Ayán.

Santiago Ayán (Granada, 1963-2010) fue un artista con un gran recorrido vital y artístico que plasmaba en su obra sus reflexiones existenciales, su aguda comprensión crítica de la realidad con un lenguaje que derivó del neoexpresionismo hasta una postura conceptual que integraba materiales de diversas culturas.

En sus primeros trabajos, dominaba una figuración marcada por la tensión en la composición y el color, por la revelación de la angustia y la carga erótica.

El valor simbólico del color siguió vivo en piezas de plasticidad muy variada en las que era clave el gesto de la escritura pictórica, vehículo de su pensamiento existencial.

Su trabajo posterior está marcado por la mística de lo íntimo, de lo autobiográfico por medio de una iconografía religiosa, que trataba con mordaz sentido del humor y a través de dibujos de gran poder simbólico asociados a fotografías de su cuerpo en actitudes alusivas a la negación, la postración o la reclusión.

Más adelante, se acercó a la cultura popular por un deseo de vivencia y representación transcultural a partir de materiales recopilados de objetos simbólicos que dio lugar a una producción con un discurso actual y de especial relevancia crítica, en las que ya el desencanto había hecho mella.

El centro de su obra siempre lo ocuparon temas existenciales como la vida, el amor, el dolor, el sexo o la muerte.