«Pedirnos limosna para el Albaicín es chabacano»

La directora del Patronato de la Alhambra posa en el Patio de los Leones, uno de los lugares emblemáticos del monumento. /
La directora del Patronato de la Alhambra posa en el Patio de los Leones, uno de los lugares emblemáticos del monumento.

directora del Patronato de la Alhambra y el Generalife

INÉS GALLASTEGUIGRANADA

El pasado julio se cumplieron diez años de la toma de posesión de María del Mar Villafranca (Granada, 1961) como directora del Patronato de la Alhambra y el Generalife, en sustitución de Mateo Revilla. En esta entrevista, la historiadora del Arte hace balance de su mandato, reflexiona sobre los retos que se avecinan y replica a la «chabacana» petición de «limosna» del alcalde de Granada, José Torres Hurtado, recomendándole que trabaje por un «proyecto de ciudad».

De la Universidad a la política cultural

PERFIL

Mar Villafranca nació en Granada en 1961. Se licenció en Historia del Arte por la Universidad de Granada en 1984 y diez años después obtuvo el doctorado, por el que obtuvo un premio extraordinario en 1995. Desde 1986 es profesora de Artes Plásticas y Diseño de la asignatura de Historia del Arte, ahora en excedencia.

En 2000 fue nombrada directora general de Instituciones del Patrimonio Histórico de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, cargo que ocupó hasta su toma de posesión como directora del Patronato de la Alhambra y el Generalife en julio de 2004.

Es miembro del consejo ejecutivo del Museo Picasso de Málaga.

Ha impartido clases en varias universidades y centros de estudios europeos: Sevilla, Barcelona, Salamanca, Madrid, Valencia, Zaragoza, Tetuán, Basilea, Florencia y Siena, entre otros.

¿Qué balance hace de estos diez años?

Positivo. Primero, refrendado por las cifras y luego, por un modelo de trabajo que creo que hemos asentado; el personal comparte objetivos. Cuando yo llegué había dos jefes de servicio y ahora hay cinco; teníamos un presupuesto de 13 millones de euros y ahora es de 27 millones. Pero lo cualitativo también es importante. La gestión cultural que hoy desarrolla el Patronato de la Alhambra va mucho más allá de lo puramente turístico: se amplía la oferta cultural, se amplían los recorridos... Quizá lo que va más lento es esa idea, muy enraizada en la sociedad granadina, sobre la lejanía de la Alhambra. Por eso hemos ampliado las posibilidades para que los granadinos visiten su principal monumento: hay un programa de entrada gratuita todos los domingos a partir de las dos de la tarde; solo hay que preverlo la semana anterior y recoger las invitaciones en el Corral del Carbón. Cada año suben entre 14.000 y 20.000 granadinos, independientemente de las exposiciones.

¿Cuáles son los hitos más importantes de su mandato?

Ha habido varios. Uno es el Plan Director, una herramienta de gestión moderna que sitúa a la Alhambra en el ámbito internacional como bien inscrito en la Lista de Patrimonio Mundial y establece los compromisos que se adquieren. Es también un plan estratégico porque amplía ese horizonte hacia la consideración de la Alhambra como un paisaje cultural: el valor social del patrimonio está también en su capacidad para poder ser percibido y difundido. Otro puede ser el reto de restaurar el Patio de los Leones: el corazón de la Alhambra se convirtió en un espacio para reflexionar sobre las necesidades de conservación del lugar y el proceso de trabajo fue muy enriquecedor para todos nosotros. Y por último, el Plan de Arqueología. La Arqueología nos va descubriendo lo que no se ve y es importante para romper mitos. No hay un lugar en el mundo que tenga una herramienta tan innovadora como esta. Poco a poco iremos poniendo recursos para ir investigando zonas de la Alhambra que no se habían investigado nunca con metodología científica y nos irá dando ese conocimiento que no está en los libros. Va a haber un antes y un después.

También ha impulsado las relaciones internacionales.

La Alhambra siempre ha sido internacional por sus valores y por el conocimiento que se tiene de ella, pero como organización estamos trabajando en los últimos años en una serie de proyectos internacionales de primer nivel. No es que yo vaya a dar una conferencia a China o a San Petersburgo; estamos hablando de proyectos en los que concursamos, que nos conceden porque son mejores que otros y que vamos desarrollando. Hay una cultura de trabajo importante para los propios técnicos. Hemos ampliado muchísimo los convenios. Destacaría, por ejemplo, la Escuela de la Alhambra, de la que ahora estamos poniendo las bases: hemos estudiado otros modelos, desde la Escuela del Louvre hasta el Instituto del Mundo Árabe de París, y queremos ser un centro de referencia de formación de profesionales. Y también están los proyectos europeos, a través de los cuales participamos en redes de profesionales en torno a un proyecto común, compartiendo filosofía de trabajo, objetivos, contenidos. El único problema es que la gestión de los fondos requiere unos procedimientos muy complicados que debiéramos de simplificar, desde mi punto de vista. No son grandes cantidades de dinero, pero los proyectos son muy ricos en lo cualitativo. Estamos en un proyecto junto al Louvre y el Victoria & Albert Museum para crear una red de profesionales que compartamos avances científicos para la datación y catalogación científica de piezas del arte islámico. Hemos trabajado con la Delegación de Cultura de Tánger-Tetuán en el proyecto Redahl y la exposición está ahora en Las Gabias, pero va a ir también a Huétor Tájar y Guadix. Y con el itinerario 'Carlos V, el sueño del emperador' participamos en un proyecto dedicado al Renacimiento que persigue establecer una gran ruta de monumentos en Italia, Polonia, Portugal, España...

El fraude de las entradas, ¿es una mancha en ese balance?

No fue agradable encontrarlo ni pasar por todo ese proceso, pero creo que afortunadamente estamos fuera. Las conductas delictivas siempre existen, porque estamos hablando de conductas delictivas, no de un sistema corrupto. Siempre puede alguien tener tentaciones, pero yo estoy tranquila. Nuestro sistema de venta de entradas está bien llevado y hay un sistema de detección que hoy tecnológicamente es posible.

El PP considera que alguien debería asumir su responsabilidad política por este fraude. ¿Teme que lo utilicen en campaña electoral?

Creo que el PP, como le gusta enredar, enredará y lo mezclará todo. Hay que tirar de hemeroteca para recordar que el PP, cuando podía haber estado como acusación popular, dijo que no iban a ir en contra de trabajadores a los que el juez estaba acusando. ¿Qué pasa, que la corrupción es menor dependiendo de quién la haga? El PP se retrató en ese momento. El alcalde fue mucho más leal; fue informado inmediatamente de lo que pasaba y se aprobaron por unanimidad todas las medidas que llevamos al pleno para que no siguiera ocurriendo esto. No nos olvidemos que la policía autonómica estuvo infiltrada cuatro meses aquí.

¿Qué ha pasado con los trabajadores de la Alhambra vinculados a esta trama?

Algunos se han jubilado. A otros les abrimos unos expedientes que fueron paralizados en el momento en que el juez les acusó. Estos trabajadores se incorporaron, porque hubo un acuerdo de la Consejería de Cultura, pero fueron retirados de los lugares donde presuntamente podían ejercer esa tentación; es decir, trabajan, pero no en las puertas. Y otros ya no trabajan en la Alhambra porque hubo un concurso de traslados y se fueron.

Reducción de los grupos

Acaba de anunciar la reducción de los grupos organizados para mejorar la visita y prevenir el deterioro del monumento. ¿Reducir los grupos significa reducir el número total de visitantes?

No lo he anunciado: reducir los grupos de 30 a 20 personas es una de las medidas que se han apuntado dentro del plan de innovación que estamos desarrollando. Los días de máximo aforo, si los grupos son de 30, el aspecto de saturación es mucho mayor y el grado de confortabilidad de la visita se reduce. De todas formas, muchos grupos son menores; ese es el máximo. En febrero iniciamos unas reuniones técnicas con el sector donde vamos a explicar este y otros asuntos. Reducir el número de personas por grupo no significa reducir el número de visitantes.

¿En qué medida se está deteriorando el monumento?

El monumento tiene un desgaste lógico, con grupos de 30 o de 20, porque está hecho con materiales frágiles. Pero estamos obligados a que la organización de la visita minimice esos impactos. Para ello hay medidas que la Alhambra ya tomó en su momento y otras que podrían implantarse. No están definidas. Por ejemplo, hay lugares donde son más caras las entradas a unas horas que a otras y con eso el propio sector se regula. Por ejemplo, los japoneses en los circuitos que hacen por Andalucía pernoctan en Granada y prefieren la visita por la mañana, mientras que a los visitantes individuales no les gusta madrugar. También estamos evaluando la diversificación de la oferta, por ejemplo, con la visita al Generalife, la entrada combinada con la Fundación Rodríguez Acosta o la Dobla de Oro, que aún está por ver.

¿Se trata de garantizar la sostenibilidad del monumento?

En la Alhambra, la sostenibilidad consiste en que la economía sostenga el funcionamiento del monumento. Los principales ingresos del monumento son las entradas de la Alhambra y a años luz están las tiendas, las fotografías, los rodajes... ¿Porque estoy en contra de los 2 euros por entrada que pide el Ayuntamiento para el Albaicín? También tiene que ver con esto: no conozco ninguna base legal para que una administración pueda recaudar para otra; un organismo como la Alhambra, que tiene unas competencias y cobra unos ingresos por un precio público, no puede derivar ese precio público a otro bien. ¿Se imagina a la alcaldesa de Madrid pidiéndole al Prado 2 euros por entrada para cuidar el barrio de los Austrias, porque el origen de la colección son los fondos de los reyes? Eso no existe en ningún sitio. Existe la tasa turística, que es donde el alcalde se ha inspirado, pero en los hoteles: en Roma se paga el hotel y además, una tasa, mayor o menor dependiendo de lo cerca del centro que esté. Pero nunca se grava a un monumento con una tasa. Es una injerencia en la política de precios públicos de la Alhambra, que en estos diez años ha subido una sola vez, 1 euro. Evidentemente, tendremos que subir las entradas, pero será para reinvertirlas en el monumento.

¿Podría bajar el numero de visitantes al subir el precio?

Según mis estudios, no. Pero no se subiría para otros, sino para la Alhambra, que tiene grandes necesidades. Hace cien años Leopoldo Torres Balbás intervino en la Alhambra y hay algunas zonas donde no se ha vuelto a intervenir. Las obras hay que revisarlas, y habrá que ver si con los recursos actuales es suficiente o no.

Además, está pendiente la gran obra del Atrio de la Alhambra, el nuevo acceso proyectado por Álvaro Siza y Juan Domingo Santos...

La Alhambra hizo en su momento el acceso sur y el párking, pero ahora tiene que dar ese salto cualitativo en la prestación de servicios para la acogida de visitantes, porque el público es cada vez más exigente y lo que tenemos ahora mismo es insuficiente: se hace cola a la intemperie, los niños no tienen espacio... Por eso se hizo un concurso internacional de ideas que ganó el proyecto 'Puerta Nueva', que ha estado expuesto en Basilea, ahora está en Berlín, en febrero viene a la Alhambra, después va a Oslo y termina su ruta en el museo Aga Khan de Toronto. Es un marketing a través de la arquitectura de calidad que nos permite hablar de la Alhambra del siglo XXI en todo el mundo.

Enfrentamiento con el alcalde

Ha calificado de «extorsión» la petición del Ayuntamiento...

He dicho que la Alhambra se siente extorsionada. El alcalde ahora dice que tiene un convenio y que se lo ha mandado a la presidenta de la Junta; me gustaría saber qué base legal tiene ese convenio. Se olvida el alcalde de que, aunque la presidenta es nuestra máxima responsable política, la potestad para firmar convenios es de la directora de la Alhambra. En todo caso, esto sucede porque Granada no tiene ningún proyecto de ciudad y se tiene que inventar estos chascarrillos, que cuando no es un ascensor son unas escaleras mecánicas y ahora los 2 euros. Yo creo que el alcalde lo que tiene que hacer es trabajar, conseguir recursos y que parte del presupuesto de la ciudad vaya al barrio del Albaicín. Yo he dicho que no me cerraré nunca en banda para formar parte del organismo que se considere oportuno, pero eso no es lo mismo que pedir un dinero en plan limosna, como si no hubiéramos evolucionado en el tiempo. Es chabacano y no tiene ningún fundamento cultural ni jurídico.

El concejal de Cultura, Juan García Montero, abogaba hace unos días, en una entrevista sobre el 'boom' cultural de Málaga, por que administraciones y ciudadanos de Granada trabajen unidos por ese proyecto de ciudad al que alude...

Por principio, no estoy de acuerdo con el modelo de museo-franquicia: son proyectos efímeros, pan para hoy y hambre para mañana. Entiendo el museo como una institución que emana de la sociedad y siento envidia del proyecto del Museo de Málaga en el edificio de La Aduana: la conquista de ese espacio para la ciudad sí surgió de la ciudadanía, con manifestaciones todos los lunes de principios de mes. Ahí sí sentí envidia de la sociedad malagueña. También de la capacidad del alcalde de Málaga para sumarse a esa petición, independientemente de su color político. Granada necesita un museo de la ciudad y el de Bellas Artes, en el Palacio de Carlos V, no lo es, porque está en un centro turístico y se beneficia del público que viene a la Alhambra; no se puede medir su rentabilidad social. Y el Museo Arqueológico, que posee unas colecciones interesantísimas, tanto la arqueológica como la etnológica, ahora mismo está cerrado porque tiene problemas para la conservación del edificio, pero también porque su concepto museográfico es de principios del siglo XX. Granada necesita ese museo y yo soy defensora de que sea como el de Málaga, con Bellas Artes y el Arqueológico, desde la prehistoria hasta nuestros días. Y ya existen pocos espacios en la ciudad para aprovecharlos.

¿Cuál sería el espacio adecuado?

Cuando yo era directora general de Instituciones del Patrimonio, en mi mesa había dos opciones: San Juan de Dios, una idea que se abortó, y el convento de la Merced. Me remito a esa lista.

Cuando tomó posesión como directora del Patronato, dijo que era «como un sueño». Diez años después, ¿sigue siendo así? ¿Ha habido algún momento de pesadilla?

Bueno, sinceramente, no sé si alguna vez soñé con ser directora de la Alhambra: estaba tan fuera de mis posibilidades... Mi mundo era más el de la investigación, el de los museos. Gestionar la Alhambra no es un trabajo cualquiera; es una auténtica responsabilidad y también una satisfacción. Hace unos días di clase a unos alumnos del Master de Historia del Arte y les comentaba que en mi trayectoria ha habido tres momentos. Primero, cuando leí la tesis doctoral, porque hay un antes y un después en mentalidad, madurez intelectual y capacidad para afrontar retos. Después, cuando Carmen Calvo me dio la oportunidad de estar en la Dirección General de Instituciones del Patrimonio; uno de los retos más importantes fue la creación del Museo Picasso, que fue un auténtico master. Y sin esos dos momentos yo no hubiera podido dirigir la Alhambra. Así que, más que un sueño, ha sido una trayectoria no programada. Y además hay que tener un compromiso público para estar aquí al pie del cañón: yo sinceramente me quejo porque este trabajo no está bien pagado. Está pagado con los valores intangibles, con los que me considero satisfecha, pero económicamente no está equiparado a otros grandes centros culturales ni a la responsabilidad que implica.