Las cuatro esquinas del paraíso se cruzan en Granada

La ciudad de Granada, Santa Fe y sus termas, los valles de la Alpujarra y la cala de San Pedro en Cabo de Gata forman un edén para la vida alternativa donde los desheredados de la tierra y jóvenes europeos configuran esta población itinerante que vive en campamentos, chozas, cuevas y camionetas

Uno de los fundadores de la comuna jipi de Beneficio, en la Alpujarra, saluda a la cámara./Javier F. Barrera
Uno de los fundadores de la comuna jipi de Beneficio, en la Alpujarra, saluda a la cámara. / Javier F. Barrera
Javier F. Barrera
JAVIER F. BARRERAGranada

La cafetera chifla para indicar que el café, hirviendo, está listo en la cafetera italiana que reposa sobre la llama de una hornilla atendida con una bombona de gas. Junto al hogar, unos colchones descansan sobre el verde que tapiza este otoño de sol y sombra el camino de la Fuente del Avellano, bajo territorio de la Alhambra, sobre el más que cercano cauce del río Darro que recorre sinuoso el terreno dejando su frescor, su vida, agua que mana.

Un joven llegado de Alemania, camisa desabrochada de cuadros de colores, largo pelo rubio con trenzas, a juego con las rastas también rubias del resto de los congregados, sirve el café. Todos lo sorben al unísono sentados en una especie de larga 'chaise longe' que dormita bajo unas lonas que hacen de toldos. Pareciera que estuvieran en el mítico sofá del Central Perk de la serie Friends de la tele, pero están en una de las cuatro esquinas del paraíso que se ha creado desde hace dos décadas en la provincia de Granada con un ramal que conecta directamente con la vecina provincia de Almería, donde se limita por el Mediterráneo sí;pero también por dentro de la Alpujarra.

De paso, estos guiris con greñas están rompiendo un buen manojo de leyes y normas, entre ellas, la prohibición de acampar o, directamente, la de hacer fuego. «Pero es nuestra decisión vivir aquí y vivir así. No queremos la ciudad y tampoco hacemos daño a nadie», explican sorbo a sorbo, calada a calada.

«Es nuestra decisión vivir aquí y así. No queremosla ciudad y tampoco hacemos daño a nadie»

La primera esquina paradisíaca es este lugar de humo y café. Es el camino que continúa a partir de la Fuente del Avellano, donde hay chozas, tiendas de campaña y cuevas nuevas y cuevas viejas donde se cobija una población transeúnte, inestable, difusa, que puede alcanzar hasta los tres centenares de personas. El cuadrilátero del Edén prosigue por el área metropolitana, donde halla en las termas de Santa Fe un lugar de descanso y encuentro para todos los que han elegido vivir, al menos una parte del tiempo que les ha sido dados, más al paso que al trote y olvidando el galope de la gran ciudad.

Agua entre tierra

De las termas de Santa Fe –un lugar mágico que nace en medio de la feraz Vega granadina del río Genil, un secarral con propiedades cuasitelúricas y agua entre tierra–, hay que desplazarse a la Alpujarra hasta llegar primero al paraje de los Tablones y después al campamento de Beneficio.

En Tablones, antes de llegar a Órgiva, capital de la Alpujarra, como les gusta contar a sus vecinos, se celebró durante una larga década, sin aviso y con rotundo éxito, la Fiesta del Dragón, una bacanal de baile y todo tipo de sustancias que ocasionó más de algún problema. Sin salir de la comarca alpujarreña, en Beneficio, en la carretera que lleva de Órgiva a Cáñar, se encuentra la última comuna jipi de España, entendida como una organización auténtica con sus propios reglamentos y con propiedad comunal de las tierras que trabajan. Esta comuna jipi tiene ya treinta años de vida y también, luces y sombras, suma en su barriga lo mejor y lo peor de las contradicciones humanas, de las elecciones y de los compromisos.

«Algunos empezamosen San Miguel, pero había poco sitio y nos vinimos a la Fuente del Avellano»

Son cuatro lugares, cuatro puntos que marcan las cuatro esquinas del paraíso que va de la Fuente del Avellano bajo la atenta mirada de la Alhambra , el Sacromonte y el Albaicín a las termas de Santa Fe, la comuna jipi de Beneficio en la Alpujarra y, cuarto punto para el aprendiz de jipi o para el más contumaz de ellos, la cala de San Pedro, junto al núcleo urbano de Las Negras, en pleno Cabo de Gata almeriense.

Se trata de una cala a la que no se puede llegar en vehículo, así que o vas a pie o vas nadando. Aunque los lugareños, espabilados, tienen montado su propio servicio de taxi acuático que en lanchas con motor fuera borda, desplazan a grupos de no más de diez personas a toda pastilla hasta la Cala de San Pedro, donde desembarcan entre agua salada, rebalaje y arena.

De cueva en cueva

La ciudad de Granada es el epicentro de este paraíso jipi. Tiene ya seis grandes zonas de cuevas ocupadas ilegalmente y sin control. Están repartidas por toda la superficie declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco: Albaicín, Sacromonte y también la Alhambra. Y en prácticamente todos los casos, dentro del perímetro declarado Patrimonio de la Humanidad de Unesco. Además, están todas las cuevas que han surgido en los barrancos de los Naranjos, en el del Abogado y hasta hace poco, en el Barrichuelo.

La Fiesta del Dragón llegóa reunir hace diez años a 20.000 personas, la mayor cita de toda Europa

En la Fuente del Avellano lo reconocen abiertamente:«Algunos empezamos en San Miguel, y señalan hacia el Albaicín, pero había poco sitio. Así que nos vinimos a una cueva de las de aquí, pero ahora preferimos estar simplemente acampados». Es decir, que son trashumantes que van de cueva en cueva.

En algún momento la escurridiza comunidad jipi decidió ir bajando de la Alpujarra hacia la ciudad de Granada. Fue como un goteo que hace una década se convirtió en una realidad. Entonces, también, como combinación del foco alpujarreño y el granadino, apareció la Fiesta del Dragón en Tablones, Órgiva, que hace diez años se convirtió en la mayor concentración jipi de Europa. En un festival alegal con actividades ilegales que concentraba a 20.000 personas, como las leguas submarinas del Nautilus en un decorado tan subyugante o más que el ideado por el propio JulioVerne.

En 2009, la Fiesta del Dragón estaba condenada a muerte por la propio orografía del terreno, los Tablones, una zona de crecidas de río, y pronto encontró otro escenario natural, aunque, aquél año, todavía reunió a cuatro mil personas. Así, la Alpujarra volvió a quedarse con el diamante de Beneficio, la comuna jipi que brilla desde hace décadas y que en su zona de acceso es un campamento en el que los viajeros aprovechan para descansar y hacerse con el terreno.

En la Cala de San Pedro se ofrece medicina natural y masajes curalotodo, comidas y bebidas variadas y hay música en el ambiente

Mientras, llegó 2010 y la Fiesta del Dragón cambiaba Órgiva por las aguas termales de Santa Fe. Dos centenares de vehículos de todo tipo acamparon entonces en el paraje ante la imposibilidad de celebrar el encuentro en la Alpujarra, ya que el río lo había anegado todo. Ha durado poco la llama candente de la Fiesta del Dragón ya que este año, ocho años después, se ha podido constatar el principio del final de la Fiesta del Dragón;apenas una treintena de jipis acamparon en el paraje de Aguas Calientes de Santa Fe, prueba fehaciente de que este evento puede empezar a ser historia después de muchos años de alegría y color entre Órgiva y Santa Fe.

Queda en la cuarta esquina del paraíso llegar a la Cala de San Pedro, el Edén con vistas al mar. No es tan sencillo. Cuando se llega en lancha neumática lo primero que se siente es cierta sensación de libertad mezclada con un pellizco de aislamiento. Pronto se ve que la autogestión va a su aire. En la cala, se ofrece medicina natural y masajes curalotodo, comidas y bebidas variadas y hay música en el ambiente. También la Guardia Civil les denuncia por acampada ilegal. Los últimos veranos la media ha sido de veinte, pero hace cinco años se firmaron 170 denuncias por acampada ilegal. El paraíso también tiene un precio.