Puestos sin relevo y langosta en el mostrador en el mercado de Motril

Joseíto muestra una langosta gigante en su puesto de pescado del mercado de Motril. /Javier Martín
Joseíto muestra una langosta gigante en su puesto de pescado del mercado de Motril. / Javier Martín

Los mercados de la Costa languidecen a la sombra de las grandes superficies. Los comerciantes de Motril se quejan de un suelo que resbala, de la falta de aparcamientos o del frío y el calor que hace en el edificio

Laura Ubago
LAURA UBAGOMotril

En el mercado municipal de Motril el pescado está vivo. De la lonja llega directo a estos puestos, en los que le empujas ligeramente a una cigala y se encoge haciendo un elegante movimiento para demostrar su frescura. «Están vivas», asegura Ángeles Fernández a una clienta desde la ventana 17-18 de esta plaza del pueblo del producto local. Su marido Antonio le quita la piel al pescado para dar facilidades, mientras ambos esperan a los compradores, un viernes más.

No hay grandes muchedumbres y, en general, reina el desánimo en este edificio que tiene casi todos los puestos de arriba cerrados. Parece ser que sobreviven uno de uñas y otro de pestiños.

Tras la revolución en el mercado de Almuñécar, que van a echar abajo para levantarlo de nuevo con una gran superficie incorporada, visitamos el de Motril y el de Salobreña para comprobar si también están en horas bajas.

«El mercado es un escaparate del pueblo, en él puedes conocer cómo se come... pero eso no lo aprecian los políticos y éste va a terminar desapareciendo», aventura Joseíto, desde su puesto de pescado. Su bisabuelo llevaba pescado de Motril a Granada en una mula pero él le ha aconsejado a su hijo que no siga con el negocio. Sería la quinta generación. «Esto es muy duro. El otro día me dio una ciática de madrugada con la furgoneta cargada de pescado y aquí me tuve que venir», cuenta este pescadero que piensa que no le compensa porque el mercado de Motril no les acompaña en cuanto a calidad.

Joseíto empezó en el mercado motrileño en el 55 cuando se puso en el edificio actual. En el 94 se le hizo una reforma... y hasta ahora.

El suelo del mercado resbala mucho, tanto que cuenta Joseíto que ha asistido a caídas peligrosas con cosas rotas. Ahora ponen carteles de cuidado, pero aún así, cuando llueve, aquello es una pista de patinaje. Las puertas y ventanas están viejas, la pintura antigua y las fuentes tienen macetas alrededor porque le gente no veía un escalón casi inapreciable. En las columnas faltan losetas y el edificio pide una mano de pintura a gritos.

Se supone que todo está dispuesto para que llegue una reforma inminente de puertas, ventanas y el mercado se convierta en gestor de su propia energía con una subvención de 735.000 euros . Además van a cambiar el suelo pero la obra no comienza y empieza a invadirles la incredulidad.

Los puestos del mercado de Motril son familiares y los comerciantes están, en su mayoría, rondando la edad de jubilación y convenciendo a los hijos para que sigan con el negocio. «Antes era una maravilla. La gente se daba tortas por venir. Venían de Adra, de Nerja... y ahora no valoran la calidad... en dos años me marcho», sentencia Joseíto el pescadero que resalta las deficiencias del edificio.

Además hay un proyecto que transformará la plaza de la Tenería –la que está pegada al mercado– y «eliminará aparcamientos», según temen todos los comerciantes.

«Si no se puede dejar el coche aquí al lado... se cargarán el mercado. La gente no tiene tiempo de venir andando y en Motril hay distancias, no es un pueblo pequeño, así que si los clientes no tienen donde dejar el coche, optarán por las grandes superficies», se queja Manuel Martín, de Carnicería Molinero, que trabaja con su mujer y sus hijos en el puerto y que tiene unos pollos tan bonitos que casi sonríen. «Los productos son de mucha calidad pero mira el edificio cómo está... es una pena», apunta este carnicero de toda la vida. «Yo nací aquí», dice con nostalgia mirando lo carilavado que está su espacio en comparación con el común. «Que suban la cuota... lo que quieran, pero que hagan algo», propone.

Sin aparcamientos

Joaquín González, 'Quini', tiene una frutería y no quiere ni imaginarse cómo será el mercado sin aparcamiento fuera. «Vamos tirando, a duras penas, estoy esperando a junio para jubilarme», dice este frutero que entiende que los mercados están pasados de moda y que fuera hay muchos supermercados y muchas tiendas.

Marcial Castro tiene una charcutería y explica que en invierno pasan frío y en verano mucho calor. No hay climatización, solo un techo de cristal que hace efecto invernadero. «Iban a poner bares en la zona de arriba pero parece que no ha cuajado», expresa este comerciante que lleva solo tres años al frente del puesto y que ve cómo la clientela baja.

Joseíto tiene entre sus manos una langosta gigante que ofrece a sus habituales, a sus clientas con las que bromea, a las que les prepara sus pedidos y se los piden con mucha prisa. Hay vida en el mercado pero a los comerciantes que conocieron tiempos mejores, les parece poca. Necesitan un edificio renovado y que se vuelvan a llevar las compras despacito, por el nombre de pila y productos de primera calidad.

Pescado de Motril, fruta y verdura de la tierra y carne fresca que entra por los ojos. Estos productos buscan clientes sin cinta por los que pasarlos. Todo manual y directo. Como hace décadas, como siempre.

Mensaje positivo en Salobreña

El mercado de Salobreña se reformó hace dos años y tiene una cristalera de colores por donde le entra la luz y la vida. Es acogedor y tiene ocho puestos donde se pueden comprar productos frescos de la tierra. Los comerciantes quieren darle vida. También el Ayuntamiento que hace poco organizó degustaciones de platos típicos del pueblo. Los dueños de los negocios no quieren fijarse en las ventanas vacías, sino lanzar un mensaje positivo y animar a la gente a que se pase por allí y les conozca.

«Hemos organizado un concierto y una demostración de baile... nos sirvió para que la gente nos conociera... fueron un éxito», cuenta Conchi Ramos que fue la pionera en proponer este tipo de planes pero que añade que ya se han sumado todos los compañeros y entre todos irán sacando actividades de donde sea, porque son a coste cero, y porque buscan a artistas o gente que de manera altruista quiere ayudarles.

Conchi Ramos llegó hace exactamente ocho años al mercado de Salobreña con su herbolario. Buscó locales fuera pero los alquileres estaban imposibles para su idea de negocio. «La alcaldesa actual era por entonces la concejala de mercados y me facilitó todo un montón», apunta esta comerciante.

«Es un mercado acogedor y limpico. Cuando propusieron la reforma nos pusimos un poco a la defensiva porque se perdía algo de espacio, pero ahora estamos contentísimos porque se han logrado mejoras como tener las cámaras integradas en los puestos», expresa esta comerciante que, con su interés, se ha convertido en una portavoz extraoficial de sus compañeros.

Y hay nuevas citas para incentivar las compras en el mercado. El día 15 hay actuación de una asociación de mujeres y degustación de paella y tortilla de patatas.

El día 27 han programado actividades para los niños, con cuentacuentos y pintacaras.

«Queremos resaltar lo positivo y animamos a todo el mundo que se pase a conocernos», dice esta comerciante que subraya los productos de calidad y la cercanía como los fuertes del mercado frente a las grandes superficies.

Estos ocho comerciantes no se van a rendir, van a intentar darle toda la vida posible a su mercado.

 

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