El Perdón de Motril siente el calor de su barrio en el Martes Santo

El Cristo del Perdón y María Santísima de la Misericordia han vuelto a su casa, a la Iglesia del Carmen. /JAVIER MARTÍN
El Cristo del Perdón y María Santísima de la Misericordia han vuelto a su casa, a la Iglesia del Carmen. / JAVIER MARTÍN

El Cristo del Perdón y María Santísima de la Misericordia volvieron a la renovada iglesia del Carmen de la que salieron por una rampa de 17 metros

Laura Ubago
LAURA UBAGOMotril

Volver a donde se es querido siempre es un triunfo y ayer lo fue para el Cristo del Perdón y María Santísima de la Misericordia, que tras quince años de ausencia, recuperaron su templo, su espacio, su esencia en la iglesia del Carmen, en el corazón del barrio de Las Angustias, que dio un abrazo apasionado a su hermandad en este esperado regreso.

Durante tres lustros esta hermandad ha estado saliendo de la casa del Nazareno y de la Iglesia Mayor de la Encarnación porque la iglesia del Carmen estaba cerrada y, posteriormente, en obras. Ahora ya está adaptada para acoger a esta cofradía para la que se ha construido una nave desde donde ya pueden salir los pasos.

El estreno de esta salida y este encierro tenían al hermano mayor, Sergio Urrutia, preocupado y emocionado a partes iguales. «Es muy gratificante volver a la iglesia del Carmen, sentir el calor del barrio, ver cómo se han volcado adornando los balcones», dijo el hermano mayor que resaltó lo especial de esta obra de maestría de capataces y costaleros que ayer sacaron los pasos por una rampa de 17 metros de largo y una inclinación pronunciada.

En este Martes Santo también se ha leído la sentencia y ha sonado la saeta de Turri y también el miserere de las monjas, a la ida y sonará al regreso al templo, a su casa, donde sienten estas imágenes como suyas.

Este Martes Santo es especial para este cortejo de 350 personas que ponen el corazón y el alma en cada paso. «La dificultad también ha residido en organizar a tanta gente dentro del templo, que es más pequeño, para salir bien», dijo Sergio Urrutia que cuenta que su Virgen es una de las que tiene más compañía de Motril, más mantillas. Este año se han mantenido los hermanos de promesa, esos que van detrás del Cristo, tapados, con cruces y con alguna cosa que pedir o agradecer. «El Cristo del Perdón aporta serenidad y la Virgen... tiene una impronta... que impresiona», decía Sergio Urrutia casi emocionado por la descripción de María Santísima de la Misericordia y su cara de «peleona» por lo que más se puede querer: un hijo.

Este Martes Santo es especial por su salida, por cómo estaba la calle dispuesta a arropar al Perdón y a la Misericordia que habían vuelto a casa después de una ausencia larga, en la que salían del centro, con la misma belleza pero con menos esencia de barrio. Y el barrio se ha volcado, porque son su Virgen y su Cristo, porque los sienten suyos y porque han vuelto a casa para no marcharse más.