Motril llora a Ignacio Peláez, cura obrero y fundador de Proyecto Hombre
El sacerdote fue una institución en el movimiento solidario de la ciudad, que le reconoció con el título de Hijo Adoptivo
Su vocación siempre fue ser sacerdote del pueblo y del mundo obrero y hasta el último de sus 91 años de vida estuvo al lado ... de los más necesitados de la sociedad. Motril llora al párroco Ignacio Pérez Pizarro (Laroles, 1934, Motril 2026), una institución en el movimiento social y solidario que se ganó a pulso el título de Hijo Adoptivo de la Ciudad de Motril concedido en 2020.
El sacerdote afincado en Motril desde 1969 fue párroco de La Zubia, de Lanjarón, de La Herradura, del Santuario de la Virgen de la Cabeza y de la Divina Pastora, donde ejerció buena parte de su ministerio y donde se ha oficiado este martes 2 de diciembre su misa funeral. En septiembre de 1999 se hacía cargo de la parroquia de La Garnatilla donde se jubiló para dedicarse plenamente a ayudar a las personas con problemas de adicción y a sus familias a través de Proyecto Hombre.
Durante el acto de reconocimiento como Hijo Adoptivo, la alcaldesa de Motril, Luisa García Chamorro, subrayaba que el movimiento solidario de Motril «no se entiende sin la figura de don Ignacio» que se hizo acreedor del cariño de todos los motrileños en sus distintas ocupaciones. «Personas como Ignacio vienen a engrandecer la sociedad motrileña«, apuntaba entonces.
En el comunicado de condolencia de la Archidiócesis de Granada recuerdan que el sacerdote diocesano, ordenado en 1958, estuvo además vinculado a la Curia Metropolitana con cargos de responsabilidad, a través del Tribunal Eclesiástico Metropolitano, donde fue juez diocesano entre el año 2000 y 2008 y como vicario judicial adjunto del Arzobispado hasta 2018. Asimismo, entre 2015 y 2018 fue asesor de la vicaría judicial del Arzobispado.
«En medio del dolor por su partida, resuena con fuerza en nuestros oídos esta frase de Pedro Casaldáliga: Al final de la vida me preguntarán: ¿has amado? … y yo no diré nada. Mostraré las manos vacías y el corazón lleno de nombres». Así comenzaba el bello obituario escrito por sus compañeros de la HOAC y pronunciado en su misa funeral.
«Estas palabras parecen escritas par él. Porque nuestro amigo no acumuló nada para él. Sus manos fueron siempre manos abiertas: abiertas para bendecir, para trabajar, para hacerse cargo, para sostener y para acompañar, … para animar, para orientar y empujar en cada uno de nosotros la vida que nos habita, haciéndola grande en el amor y en la construcción de un mundo más humanos, con la mirada puesta en todos, pero muy especialmente en los pobres, en los trabajadores precarizados, en los migrantes, en los últimos de nuestro entorno», recordaban.
Sus compañeros de la HOAC han señalado también que su nombre resonará para siempre con fuerza tanto en las parroquias donde desarrolló su labor pastoral durante cincuenta años como en todos los puntos donde fue una figura clave, como la cooperativa de transporte Comotrans, en cuya fundación y desarrollo participó o en la Asociación Motrileña de Ayuda al Toxicómano AMAT. También fue el artífice del nacimiento, a mediados de los Setenta de la HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica) en Motril.
«Hoy despedimos a un pastor que no solo predicó el Evangelio desde el púlpito, sino que lo encarnó en la vida, sabedor de que Dios se revela en el rostro de los más pequeños y que la fe se acredita en el Amor concreto. Su vida fue una repuesta silenciosa pero contundente a la pregunta última: ¿has amado? Y su respuesta es su propia historia: un corazón lleno de nombres», concluyeron. Su deseo es que el ejemplo de Ignacio inspire y sostenga la esperanza, que su memoria empuje a mirar «más allá de nosotros mismos y a comprometernos desde el amor con la justicia social como él hizo».
Descanse en paz don Ignacio Peláez, un corazón lleno de nombres.
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