Mari Pepa Gómez: «Sacábamos el copo en la playa de Motril y mi madre freía el pescado en la choza para la cena»

Mari Pepa Gómez fue durante décadas la voz de Radio Motril y hoy, a los 75 años, aún recuerda la suerte que tenía cada verano, cuando vivía en plena libertad en la playa

Mari Pepa Gómez posa en su querido Motril. /JAVIER MARTÍN
Mari Pepa Gómez posa en su querido Motril. / JAVIER MARTÍN
ÁNGELES PEÑALVERGRANADA

La voz de Motril fue durante muchos años la de la locutora Mari Pepa Gómez, quien cada día -desde las ondas de La Ser- le medía el pulso a la actualidad de la Costa Tropical. La comunicadora -cumplidos ya los 75 años- se retiró hace unos años de la profesión, aunque no para de recibir premios y de ser convocada para distintos eventos donde se recuerda la importancia que tuvo su trabajo para fraguar la identidad de la costa granadina como lugar turístico.

Precisamente este año será la primera mujer que pregona las fiestas de la Virgen de la Cabeza. Desde su cortijo en las alturas de Motril -la finca La Pepa- y encaramada a la atalaya de la edad, evoca sus largas estancias en Madrid y en París y a la vez observa varios kilómetros de la orilla del Mediterráneo. Allí abajo está el paraíso donde pasó tantos veranos de la niñez, en una choza en la playa de Poniente que a ella se le antojaba un oasis en la tierra.

«Nací en el 43 y los veraneos de entonces no tienen nada que ver con los de ahora. Mis cinco hermanos y yo teníamos la suerte de contar con una choza hecha con cañaveras y pasábamos unos veranos entrañables, de pocas distracciones, pero intensos. Nos íbamos donde las barcas y con el copo sacábamos pescadillos que luego nos guisaban las madres. Por la noche había grandes reuniones familiares regadas con sangría», explica esta mujer cuyo padre era vendedor de tejidos en grandes almacenes como La Purísima o El Telar.

De abuelos labradores, a la choza de Playa de Poniente se mudaba toda la familia y los niños contaban con libertad. «Había una bombilla de aquellas colgadas, no teníamos deberes, las sandías se refrescaban en el agua enterradas en la orilla... Era la libertad», evoca Mari Pepa Gómez.

Los 18 de Julio, el Día del Alzamiento Nacional, la playa de Motril se llenaba de granadinos que bajaban a la costa después de haber cobrado la paga extraordinaria. «A los autobuses que venían atestados desde la capital los llamábamos 'botijos... Los contábamos. Decíamos: '¡Hoy han venido 20 botijos!'», narra divertida la motrileña, quien en la pubertad cambió Motril por Torrenueva como destino de veraneo.

Hoy Mari Pepa Gómez baja a la playa sólo ocasionalmente junto a su hija, ya que a su marido, Jean Marie, no le gusta eso del calor y los baños multitudinarios. «Yo, sin embargo, no puedo vivir sin el mar de fondo. De joven, cuando me mudé a Madrid y más tarde a París, no me hallaba bien sin tener el mar como referente geográfico. El mar, el Mediterráneo, me aporta sosiego», se despide la locutora.

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