Unos magos vestidos como Reyes

Los Reyes Magos volvieron a llenar de ilusión las calles de Motril. /JAVIER MARTÍN
Los Reyes Magos volvieron a llenar de ilusión las calles de Motril. / JAVIER MARTÍN

Melchor, Gaspar y Baltasar abarrotaron de ilusión las calles de los municipios de la Costa Tropical, en una noche cargada de magia para niños y mayores

Rebeca Alcántara
REBECA ALCÁNTARAMotril

Lo mejor de los Reyes es que son Magos. Por eso pueden llegar a cualquier lugar y estar en todas partes y llenar de ilusión todas las madrugadas de los 5 de enero de los niños, pero también de los que se van haciendo viejos. Alrededor de las seis de la tarde Melchor, Gaspar y Baltasar desembarcaban, como manda la tradición, en el puerto de Motril. Empezaba una tarde repleta de magia. Decenas de personas aguardaban en la dársena motrileña a que sus Majestades de Oriente pisaran tierra cargados con miles de kilos de caramelos y dispuestos a lograr que las sonrisas fueran las protagonistas. Las cartas ya estaban mandadas, los deseos pedidos, las esperanzas puestas en los aciertos y las ganas inundando toda la ciudad. Y es que no hay regalos más especiales que los que llegan desde un lugar en el que la mayoría no han estado, pero al que todos querrían llegar.

El primero en pisar tierra fue Melchor, seguido de Gaspar y Baltasar. Los tres reyes coincidieron en destacar lo especial que es cada año llegar por mar a la ciudad y afirmaron que a pesar del cansancio provocado por el largo viaje que habían hecho hasta atracar en tierras motrileñas, las sonrisas con las que los habían recibido habían hecho que esos kilómetros merecieran la pena.

«Los niños motrileños han sido buenos», afirmó Melchor, convencido de que los pequeños recibirían en casa, si no todos, al menos sí muchos de los regalos que habían pedido. Con él coincidieron también Gaspar y Baltasar, este último, aprovechó además para transmitir algunos buenos deseos para la ciudad de cara a este año que acaba de empezar. Que los pequeños comercios resurjan y que haya más empleo fueron algunas de sus peticiones. Destacó, además, el que es uno de los reyes más aclamados por los pequeños, que en esta ocasión habían tenido suerte con el tiempo. Y es que mientras que en muchos puntos de España las temperaturas fueron ayer gélidas, en Motril los termómetros fueron mucho más benévolos para recibir a sus Majestades de Oriente.

Tras repartir allí mismo algunos kilos de caramelos, los Reyes emprendieron su marcha hacia la ciudad, donde aún les esperaban más de dos horas de recorrido.

Este año veinte carrozas formaron el cortejo real de la Cabalgata de Motril. Más de 340 niños acompañaban a los Reyes para lanzar los más de 13.000 kilos de caramelos.

JAVIER MARTÍN

El recorrido, en esta ocasión, fue algo distinto a otras ediciones por las obras de la calle Ancha, por la que sus Majestades no pudieron pasar. Seguro que volverán el año que viene. Para que a pesar de este cambio, todos los que querían participar tuvieran su oportunidad, se decidió alargar algo el trayecto. Niños y adultos se agolpaban por cada una de las vías por las que la comitiva real se iba abriendo paso a ritmo de música y sin que faltara color e ilusión.

No faltó de nada. Ni siquiera dinosaurios, que previo aviso de peligro, salieron para provocar algún susto y muchas risas.

Una de las paradas más esperadas, como cada año, se produjo a los pies del Cerro, donde un Belén viviente esperaba la llegada de los Reyes Magos para que representaran la entrega de los regalos al Niño Jesús.

Pero los Reyes no sólo pasaron por Motril, también estuvieron en el resto de municipios de la Costa. En Almuñécar y Salobreña, los pequeños también vivieron con ilusión la llegada de estos magos que hacen posible lo más inverosímil. Y es que ellos tienen esa capacidad, la de estar en todos sitios, llegar a todas las casas, acertar con casi todos los regalos y sacar las sonrisas más sinceras.

Cuando dejaron de recorrer las calles, a Melchor, Gaspar y Baltasar aún les quedaba por delante lo más complicado, repartir todos los regalos que habían traído desde Oriente, tras leer las millones de cartas. Para los más pequeños, era el momento de volver a casa, ponerse el pijama e irse a dormir, porque todo el mundo sabe que los niños, en la noche de Reyes, tienen que acostarse temprano y levantarse al alba.

Motril se inundó anoche, como todos los rincones del país y de la Costa Tropical, de una magia que es prácticamente imposible explicar con palabras.

Cuando se cierran los ojos entre el 5 y el 6 de enero de cualquier año, en cualquier lugar, los nervios no dejan dormir. Por la mañana se acaba el hechizo y llega la felicidad. Que todas las noches sean noches de Reyes.