historias de inmigrantes

Las otras cuatro caras de las pateras

Trabajan asistiendo a los inmigrantes que llegan a Motril en patera -ya van 4.300 este año- y saben que, pese a estar desbordados, el código de las sonrisas y las palabras amables siempre funciona. Son los que los miran a la cara, a este lado, donde comienzan sus sueños

Laura Ubago
LAURA UBAGOMOTRIL

Todos tienen algo en común: quieren seguir removiéndose ante unos ojos oscuros que huelen a miedo y que sienten el peso del camino que han dejado atrás. Todos quieren que los viajeros de las pateras les sigan provocando un pellizco que les recuerde que su profesión es vocacional. Todos trabajan con inmigrantes en Motril y ninguno se lo toma como un empleo al uso; todos dan lo que tienen y lo que son para acogerlos.

Juan Carlos es el patrón de la embarcación de Salvamento Marítimo que los rescata cuando están a la deriva. Aurora es mediadora del dispositivo de Cruz Roja que recibe a las pateras. Jose -no es su nombre real porque no le permiten hacer declaraciones- es agente de Policía y se encarga de custodiarlos cuando llegan. Y Miguel Ángel y Gregorio son concejales de Motril que les han abierto las puertas para dormir bajo techo. Todos forman parte de una cadena que debe funcionar para que los inmigrantes se bajen de la patera, pisen la ciudad que han elegido como destino y peleen una nueva vida. Unos se van a Bilbao, otros 'vuelan' a París... entran por Motril en busca de tierra firme.

Este año ya han llegado 4.349 inmigrantes a Motril. Puede que mientras que lee esto ya hayan llegado más. En plena crisis humanitaria, lo que antes era algo esporádico, ahora es una constante. Suena la alarma del móvil en forma de patera. Toca levantarse de la cama e ir a atenderlos. Con pocas vacaciones, casi sin días de descanso, con altas temperaturas y con la presión de quien trabaja con personas que vienen huyendo de algo peor. Pero ahí están porque su profesión es acoger a las pateras pero su trabajo es brindarles una bienvenida agradable. A veces, con una mirada basta. Otras, con una palabra. Todos hablan un lenguaje universal.

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