De Bangladesh a Motril en avión y patera

La madre de la familia de seis miembros de Bangladesh que fue rescatada de una patera este jueves, a su llegada al puerto de Motril. /REBECA ALCÁNTARA
La madre de la familia de seis miembros de Bangladesh que fue rescatada de una patera este jueves, a su llegada al puerto de Motril. / REBECA ALCÁNTARA

Una familia bangladesí llegó al puerto tras recorrer 12.000 kilómetros por tierra, mar y aire | La mayoría de los inmigrantes rescatados de las pateras proceden de Guinea , Marruecos y hay un repunte de los que huyen de Mali

Mercedes Navarrete
MERCEDES NAVARRETEMOTRIL

Salieron de algún punto de Bangladesh, un país del sur de Asia rodeado casi por completo por la India y terminaron en Motril. Un recorrido de más de 12.000 kilómetros en busca de una vida mejor para sus cuatro hijos de entre siete y 18 años. Esta es a grandes rasgos la historia de un matrimonio bangladesí, que se dedicaba a la venta ambulante de fruta en su país y acabó embarcándose en una patera, junto a sus cuatro hijos, en las costas de Nador (Marruecos), desde donde partieron en la madrugada del pasado jueves hasta alta mar, donde fueron rescatados por Salvamento Marítimo y trasladados hasta el puerto granadino, junto a 74 personas más, 48 de ellas también de Bangladesh y el resto del África Subsahariana.

Gracias a la mediación de Cruz Roja, IDEAL pudo saber que los seis miembros de la familia cogieron un avión en Bangladesh que les llevó hasta Arabia Saudí. De ahí, un segundo avión hasta Casablanca (Marruecos) desde donde recorrieron el trayecto hasta la costa de Nador en autobús. Una auténtica fortuna invertida en doce billetes de avión, seis de autobús y otros últimos seis -los de la patera- que pudieron costarle bastante más caros que el resto, porque en esos se jugaban también la vida.

Los padres perseguían un sueño: que sus hijos puedan estudiar en Francia. Por el momento, están sanos y salvos y en España y ayer salieron de Motril con dirección a un centro en el que estarán bajo la tutela de Cruz Roja. Esta familia forma parte del primer grupo de inmigrantes de Bangladesh llegado a Granada vía patera, cuya atención humanitaria supuso un reto ya que no hablaban ni una sola palabra de ningún idioma europeo.

En el Equipo de Respuesta Inmediata en Emergencias de Cruz Roja (ERIE) hay traductores y profesionales que hablan perfectamente inglés, francés e incluso dialectos de Suráfrica... Pero los 48 supervivientes de esta patera solo hablaban bengalí y en Motril estaban incomunicados. Hasta que una chica de 18 años dio un paso adelante y se dirigió al personal de Cruz Roja en inglés. Es precisamente la hija mayor de la familia de seis miembros que viajaba en la patera y se convirtió en una ayuda fundamental al de improvisada traductora. Fue contándoles al personal de Cruz Roja desde lo que le dolía a cada uno de sus compatriotas hasta el número de zapatos que necesitaban.

«Se va a comer el mundo»

«Es una niña muy resolutiva y tomó una actitud proactiva desde el primer momento para facilitarnos la cobertura humanitaria. Fue ella la que levantó la voz y dijo que hablaba inglés, que lo había estudiado en su país y se puso a ayudar. Se va a comer el mundo», cuenta una de las mediadoras de Cruz Roja.

Junto al grupo de Bangladesh, en las pateras rescatadas el jueves viajaban ciudadanos de Mali, Costa de Marfil, Argelia y Senegal, mientras que ayer viernes fueron trasladados al puerto granadino 34 marroquíes, recatados de otras cuatro pateras. «No nos sorprende que hayan llegado personas de Bangladesh en pateras a la costa sur, lo que sí sorprende es el número de los que han llegado en un solo día. En cualquier caso, siguen siendo una cifra baja con respecto a otras nacionalidades» explica María Jesús Vega, portavoz en España de ACNUR, la agencia de la ONU para los refugiados.

Concretamente, Guinea, Marruecos y Mali son los tres principales países de procedencia de las personas que están huyendo en patera hacia las costas andaluzas. «Desde el año 2104 hay un incremento de una serie de perfiles de refugiados de Siria, Yemen o el África Subsahariana. Ahora estamos percibiendo un incremento importante de llegadas de malienses por la ruta del Mediterráneo occidental por los conflictos bélicos», apunta. ACNUR trabaja en el puerto de Motril, con equipos móviles, para apoyar la identificación de personas vulnerables que por razones de raza, religión, género o conflictos bélicos están en peligro si vuelven a sus países.

«Algunos son refugiados y no lo saben. Trabajamos para identificar víctimas de trata o posible tráfico de menores no acompañados. Hablamos con los grupos para que sepan que tienen derechos, algunas mujeres traen instrucciones de las mafias que les guían las respuestas. Vienen muy perdidos y desorientados y nuestra labor es informarles de que, si temen persecución o su vida corre riesgo en sus países, España tiene procedimientos de asilo al que pueden acceder», añade.

«No todos son refugiados, hay un flujo mixto junto a la inmigración económica, los que huyen del hambre o la pobreza. Vienen todos juntos porque no hay vías legales para entrar en Europa, no se dan visados a la gente para salir con más dignidad de sus países sin arriesgar su vida por tercera o cuarta vez», resume la portavoz de ACNUR en España.

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