Los vecinos de Cármenes del Mar viven otro verano en la ruina pese al visto bueno judicial

Estado actual de una de las calles de la urbanización de Cármenes del Mar, en La Herradura, en la que unas 300 familias pasan sus vacaciones con miedo a derrumbes. /
Estado actual de una de las calles de la urbanización de Cármenes del Mar, en La Herradura, en la que unas 300 familias pasan sus vacaciones con miedo a derrumbes.

300 familias están estas vacaciones entre grietas a la espera de que el Gobierno y la Junta inicien un plan de intervención de emergencia aprobado en el Parlamento

DAMIÁN RUIZ FÁJULAla herradura

Adentrarse en las calles de la urbanización Cármenes del Mar, en La Herradura, es hacerlo en el corazón del desastre. Una auténtica zona de guerra, con avisos de desprendimientos por doquier, vallas, derrumbes en casas y muros, grietas y vías que parecen bombardeadas. Desde que se construyera en la ladera de Cerro Gordo, allá por 2001, los reiterados corrimientos de tierra que ha padecido el lugar han convertido lo que era un enclave soñado con vistas inmejorables hacia el mar en una pesadilla que ha ocasionado el derrumbe de algunas de sus 415 casas, el desalojo de 40 viviendas y desperfectos graves en la mayoría de ellas. Y así vuelven a estar otro verano más.

«Aquí existe el turismo del morbo, vienen a ver el estado de las calles», comenta Ricardo López, afectado y portavoz vecinal de los residentes, que en gran medida adquirieron las viviendas entre 2001 y 2005 como segunda residencia y que desde hace años viven en un embrollo legal del que no logran salir. Desde hace cinco meses esperan los informes técnicos tanto de la Junta como del Gobierno central para iniciar un plan de intervención de emergencia aprobado por el Parlamento para mitigar los graves daños estructurales que amenazan con echar abajo las construcciones. En la actualidad, y pese a tener resoluciones judiciales positivas que dan la razón a los vecinos, no se han producido avances por lo que, un año más, unas 300 familias vuelven a pasar sus vacaciones entre grietas y con el miedo en el cuerpo.

López se queja de que la única medida que se ha adoptado últimamente «ha sido la de pintar algunos tramos, vallar otras zonas y poner más señales de peligro, nada más». «Se presentó proposición no de ley que corrobora que este lugar es una ruina, hemos ganado todos los pleitos y eso es todo», resalta mientras enseña la piscina comunitaria, que debería ser un reclamo para el vecindario y que está vacía ante el riesgo de derrumbe. «Algunos vamos a otras urbanizaciones a bañarse, pero lo peor es que estamos 'cagados', sobre todo cuando llueve», apunta Ignacio Martín, otro afectado que alberga una colección variada de grietas en las paredes de su casa, que tiene una orden de desalojo que él incumple «porque no tengo donde ir».

Cristóbal Bartel tiene algo más de suerte. Su hogar, dentro de lo que cabe, no está muy afectado. «Lo que más me perjudica es tener la piscina a 20 metros y no poder usarla, y también, claro, la imagen que ofrecen nuestras calles, que parece que estamos en una cárcel, ni se pueden limpiar las aceras, lo que ocasiona que hayan ratas... todo esto ha derivado en que tengamos que quitar los alquileres porque ni nos llaman pese a las bonitas fotos en Internet», confiesa mientras pasea a su perro. «Y lo peor es que no podemos hacer reformas pequeñas como en la cocina porque puede llegar el Ayuntamiento y decirte que te vayas por riesgo de derrumbamiento», añade.

Por el momento, Juan Luis Martínez, otro vecino del complejo residencial, no se rinde y trata de arreglar los desperfectos que los corrimientos de tierra provocan en su chalé. «Esto es deprimente, mi casa está justo dentro de la falla y ando con reparaciones continuas porque siempre hay movimiento», asegura a la vez que recibe a unos operarios para efectuar pequeñas obras en el exterior. «El año pasado gasté unos 10.000 euros parcheando», dice.

Antonio Valverde sostiene que él también es afortunado dentro de lo que cabe. «Hacemos 'piedra-planning', ya que mi vivienda está construida sobre roca pero existen desplazamientos», explica este lojeño que acude al inmueble para descansar y que le da muchos quebraderos de cabeza. «Nos preocupamos porque somos profesionales que hicimos un esfuerzo para una inversión que ya no tienen ningún valor», recalca. Como él, Claudio Rodríguez asevera que vive «siempre con el susto» de que se le vengan encima dos casas muy afectadas que tiene enfrente de la suya. «Al mínimo ruido... Se ha creado un círculo vicioso que hace perder la ilusión con una casa que era legal con permiso de habitabilidad del Consistorio y Junta».

La familia de Robert Nelson, cubano afincado en Francia y en La Herradura dos semanas de vacaciones, ha sido la última en comprobar el problema. «Notamos que la casa se mueve, la puerta de un día para otro no cierra, es como si hubiese un terremoto», recalca. ¿Y cómo accedió a alojarse en ella? «Contacté con una inmobiliaria por Internet y por las fotos nos pareció bien, aunque no avisaba de esto [expone señalando a las vallas]; lo único que nos interesaba era la piscina y el mar, la urbanización no era prioritaria». El precio, incide, no era tampoco «regalado» y él lo tiene claro: «No volveré».