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La Costa queda hoy unida por autovía

El tramo Carchuna-Castell ha sido el último en abrirse
El tramo Carchuna-Castell ha sido el último en abrirse / JAVIER MARTÍN
  • Diez años después de su licitación, el tramo Carchuna-Castell de Ferro pone la guinda a unas obras tan largas y caras como polémicas

La historia de la A-7 acumula tantos retrasos como millones empleados, tantos ríos de tinta como atascos de viernes y domingos de verano, tantas promesas incumplidas como accidentes ocasionados por vías de comunicación más propias de otras décadas. Hoy el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, viaja hasta la Costa Tropical para inaugurar el tramo Carchuna-Castell de Ferro, un tramo licitado hace diez años y que representa el fin de una obra tan reclamada como necesaria.

La provincia de Granada se reconcilia hoy con el Ministerio de Fomento después de una relación tormentosa en la que ha habido de todo desde que en 2001 se adjudicara el tramo La Herradura-Taramay. Un año después, en 2002, Francisco Álvarez-Cascos viajó a Almuñécar para enterrar la primera piedra de la A-7 y sacar el hacha con la que han guerreado los dos principales partidos hasta la fecha. 2002 y 2003 fueron años de enterrar piedras y de licitar tramos, el procedimiento normal, hasta que en 2004, con la llegada al Ministerio de Fomento de Magdalena Álvarez, comenzaron a llegar las promesas que anunciaban que toda la A-7 estaría terminada en 2008.

Aunque no fue hasta abril de 2005 cuando se licitaron más tramos de la A-7, se seguía barajando el año 2008 como la fecha final de las obras. Pero no solo hubo promesas. Magdalena Álvarez visitó la Costa Tropical en mayo de 2005 para inaugurar un tramo de 3,6 kilómetros que desde ese día unían Castell de Ferro y Polopos. La Costa de Granada empezaba a vislumbrar un futuro con autovía con 13 años de diferencia respecto a Málaga y Almería, aunque habría que esperar más meses de los deseados para presenciar otro corte de cinta.

Unos meses después, Fomento licitaba el tramo de Carchuna a Castell de Ferro, el mismo que se inaugura hoy, diez años después. Este periódico informaba entonces de los más de 100 millones que costaría hacer los 10 kilómetros entre las dos localidades y ya se empezaba a retrasar la puesta en marcha de toda la A-7 hasta el primer semestre de 2009. Además de la licitación del tramo, Fomento decidió suspender las obras del tramo Adra-Albuñol para auditar la calidad de los materiales, con lo que se tuvo que sumar un nuevo parón a la autovía por los dimes y diretes de los partidos políticos. No fue el único contratiempo que sufrió este tramo, ya que se produjo un deslizamiento de tierra el mismo día en el que estaba prevista su inauguración, en el año 2007, por lo que hubo que esperar dos meses más para circular por ella.

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Por aquel entonces las obras de la A-7 ya no olían a rosas y los granadinos de a pie empezaban a molestarse por los continuos retrasos. Fue en 2009 cuando llegó el toque de atención de los empresarios de Granada, Motril y Almería, que exigieron a Fomento estar más cerca para lograr un mayor desarrollo económico. Y no solo celebraron reuniones. El 27 de agosto de 2010 decenas de empresarios y vecinos de la Costa circularon a diez por hora en la travesía de Torrenueva, lo que se tradujo en un gran atasco, por otra parte habitual en la localidad en aquellos años.

La llegada de Ana Pastor al Ministerio de Fomento pareció aplacar algo los ánimos. No en vano desde 2012 hasta hoy se han abierto cinco tramos y todas las fechas de finalización se han cumplido. Hoy por fin Granada une a Almería con Málaga y la Costa Tropical tiene autovía. Se termina de fraguar un camino duro, preñado de desatinos y mala suerte, de cambios de gobierno y de cientos de promesas. Hoy la A-7 ya es de los ciudadanos.