Catálogo de sonrisas en una de las bahías más entrañables de la Costa

Catálogo de sonrisas en una de las bahías más entrañables de la Costa

Se han cumplido 30 años desde que Núñez Blanca salvó de morir ahogados a dos niños en aquella playa

ANDRÉS CÁRDENAS

Leo en un periódico que una investigadora americana, Elisabeth Miller, del departamento de Antropología de Cincinati, ha demostrado que andar descalzo por la playa fortalece los músculos de los pies. Otro profesor de Biología Evolutiva, un tal Daniel Lieberman, profesor de Harvard, ha desarrollado diversos estudios según los cuales, comparando corredores con amortiguación y descalzos, en estos últimos se reduce el porcentaje de heridas y lesiones porque se activa la musculatura. Este último dice que si se corre en la playa o en la arena, el ejercicio es mucho mayor. Ya hay muchos grupos de corredores en España que lo hacen, lo que está jodiendo a los fabricantes de zapatillas.

Para hacer caso a Miller esta mañana he cogido y me he ido a la playa de Cotobro, que tienen arena fina, a andar descalzo. Quiero hacer ejercicio para que mi hija no me regañe, pues dice que en mis crónicas siempre me pilla bebiendo cerveza. Bueno, en los primeros cien metros la cosa no marcha mal. Es verdad, siento cierta sensación de libertad. Es bonito andar descalzo por la arena porque así se rememora lo que dijo Lao Tzu: «El buen corredor no deja huella». Tras otros cien metros comienzan a dolerme las rodillas, pero pienso que eso puede ser por falta de uso de mis piernas, que llevan sin andar por la arena muchos años. Tras los siguientes cien metros los pies van bien, pero lo que empieza a faltarme es la respiración. Ya pienso que andar por la arena es más duro de lo que creía. A los siguientes cien metros me paro. No puedo más. ¡Uf! Prefiero andar por el Paseo de Cotobro, que es más agradable y no se hunde bajo mis pies.

Recordado a Núñez Blanca

A primeras horas de la mañana el paseo de Cotobro es una sucursal de la Gran Vía de Granada. Encuentras a un montón de personas andando o corriendo.

Tal vez muchas personas no lo sepan pero aquí estoy yo para recordárselo. En aquel paseo se entrenaba el almuñequero Rafael Núñez Blanca, uno de los atletas más prometedores que tenía España en la década de los ochenta. Internacional con nuestro país y especialista en pruebas de fondo, medio fondo y obstáculos, Rafael soñaba con participar en los Juegos Olímpicos de Seúl. No pudo ser porque el atleta murió al intentar rescatar a dos niños que se estaban ahogando en la playa de Cotobro. El 21 de abril hizo 30 años. Aquel fatídico día, mientras Rafael entrenaba por Cotobro, al pasar por la playa se percató de que en el mar había dos niños que intentaban salir sin poder conseguirlo. Era un día gris, frío y de mucho viento. Rafael no se lo pensó dos veces. Se tiró al agua y pudo sacar a los dos niños. Su corazón no resistió al estar muchos minutos luchando contra olas de más de cinco metros. Y allí se ahogó. La Diputación le tiene puesta una placa en su memoria al comenzar la playa.

A quien encuentro yo corriendo es a mi colega y amiga Belén Rico, que está allí de vacaciones y se entrena para sus próximos maratones. Belén se acaba de casar, pero no corre por eso. Dice que por ahora el matrimonio va bien. Cuando me paro para charlar con ella se le nota el esfuerzo de llevar varios kilómetros corriendo.

-¡Uf! Mis padres tienen un apartamento en San Cristóbal pero todos los días salgo a correr por aquí. ¡Uf! Me gusta mucho Cotobro. Si pudiera cambiaría el apartamento a esta zona. ¡Uf! Y ahora, perdóname, que tengo prisa. ¡Uf! Me está esperando mi marido. ¡Uf!

-Entonces no corras, que es peor -le digo a mi amiga antes de ganarme dos besos y una de sus mejores sonrisas.

El hotel de las termas

Casi igual de atareada, pero menos sofocada, encuentro a Elisa, la responsable del hotel Playa Cotobro, de cuatro estrellas, abierto en 2009. Es la directora pero no se le caen los anillos por atender la centralita para apuntar reservas.

-Es que si alguien descansa o se pone enfermo, hay que sustituirlo. Esto es lo que tienen estos negocios, que hay que echarles muchas horas -me dice.

Luego me explica que el hotel está funcionando muy bien, mejor que el año pasado, porque el turismo español se ha animado.

-Este año ha sido el mejor desde que nos hicimos cargo del establecimiento. Oiga, si escribe usted en IDEAL, pónganos bien, que la última vez que salimos nos trató regular -me reprocha en el inicio de una amigable sonrisa.

-No te preocupes, Elisa. Diré la verdad: que sois magníficos.

-No se vaya sin visitar las termas romanas. Están justo aquí detrás -me dice Elisa antes de despedirme de ella.

La responsable del hotel se refiere a unos restos arqueológicos que se descubrieron en el año 2003 y que fueron protegidos durante la construcción del hotel. Las termas romanas han sido limpiadas y acondicionadas recientemente. Entre los restos arqueológicos se encuentra un pozo y edificaciones que podrían corresponder a parte de una villa datados en el primer o segundo siglo de nuestra era, y que la propiedad del hotel, al estar situados en el sótano del mismo, los ha integrado bajo una terraza. Viendo aquellos restos uno puede imaginarse cómo vivía aquella familia romana a la que pertenecían las termas, entre baños calientes y la playa enfrente. Unos privilegiados es lo que eran.

Zoraida es también la responsable del kiosko que hay enfrente de la playa. Si alguien quiere un refresco o agua fresquita puede dirigirse a ella. Tiene de todo lo que puede apetecer en una playa, menos tabaco y alcohol. Zoraida me dice que aquel kiosko lleva 15 años abierto y que ha quitado la sed a mucha gente. La bebida es tan fresca como su sonrisa.

El que quitó hambre a mucha gente durante bastantes años fue el restaurante Jackie Cotobro, un local que fue emblemático en la zona. Jackie se fue hace seis años y hoy están Begoña y Palmira sirviendo a quienes se sientan en su popular terraza.

-Después de Jackie este local se llamó El Trocadero. Yo lo llevo desde hace solo dos años. Le he puesto El Balcón de Cotobro porque me parece que es más creativo y específico -dice Begoña, que aclara que está abierto todo el año y que en invierno sus clientes son mayormente extranjeros.

-Este año la cosa está más floja que el año pasado. ¿Por la crisis? No lo sé. Es que los negocios a veces van bien y otras veces van peor. Eso es así -me dice, está vez con una resignada sonrisa.

A veces pienso que tengo suerte en hablar y conocer a tanta gente distinta cada día. Me encanta que las personas me cuenten sus inquietudes, sus alegrías y también sus penas. A veces me siento como un psicólogo en bañador. En ésta de Cotobro encuentro a mucha gente agradable que hace mucho más fácil mi labor. La última persona con la que hablo antes de dejar la zona se llama Manuel y es técnico de limpieza integral, o sea, basurero. Manuel es igualmente de sonrisa fácil y tiene la zona limpia como una patena. Me cuenta que lo que más recoge es colillas, cáscaras de pipas y botellas de plástico vacías. Le pregunto si no pasa envidia viendo a tanta gente bañarse mientras él limpia y recoge desperdicios.

-Claro, pero no me quejo. De vez en cuando miro a la playa y si veo unas tetas al aire, me alegro la vista -me dice Manuel con una picarona sonrisa.